Del Grameen Bank a los Bancomunales. Revolución y evolución de los microcréditos.

Autor: Marc Soler Castelló

El entorno financiero y los mercados

10-2006

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"El fundamento de la palabra "crédito" es "confianza", aunque el sistema bancario tradicional construyó su institucionalidad en el curso de los años sobre la base de la desconfianza mutua."
Muhammad Yunnus

"Siempre que tengas dudas...aplica la primera prueba. Recuerda la cara del hombre más pobre y más débil a quien hayas visto y pregúntate a ti mismo si el paso que estás considerando va a ser de alguna utilidad a esta persona. ¿Le va a hacer ganar algo? ¿Le va a restaurar el control de su propia vida y destino? El verdadero desarrollo pone en primer plano a quienes la sociedad pone en último plano".

Mahatma Gandhiji

Del Grameen Bank a los Bancomunales.

Revolución y Evolución de los Microcréditos.

Master en Desarrollo Internacional SETEM Marc Soler Castelló Diciembre 2004 Barcelona A Muhammad Yunnus, Maria Marta Padilla y Salomón Raydán, por su brillante contribución a la provisión de servicios financieros a las personas más necesitadas para que puedan abrirse camino por sí mismas y salir de la pobreza con dignidad.

En la primera parte del trabajo se hace una introducción global a los microcréditos, explicando su razón de ser y el avance experimentado en los últimos años desde la perspectiva de la Cumbre Internacional del Microcrédito.

Se analizan asimismo todos los elementos que deben Considerarse a la hora de diseñar y ejecutar un programa de microcrédito: la clasificación de beneficiarios, los limitadores y condicionantes del éxito de los programas, los tipos de interés y, en definitiva, las características distintivas del microcrédito con respecto al crédito tradicional. También se hace un breve repaso histórico de lo que han sido los programas de microcrédito desde los años 60 hasta la actualidad. Más adelante se hace una distinción entre las disitintas instituciones que proporcionan microcrédito ­desde el sector informal hasta las instituciones financieras, pasando por las ONGs-, para luego centrarse en un aspecto clave en el trabajo: el análisis de la metodología empleada en los distintos programas: el préstamo individual, los grupos solidarios y los bancos comunales.

A partir de entonces, el estudio se centra en analizar la organización y los servicios financieros de 3 modelos exitosos que, como rasgo común, se caracterizan por su buen funcionamiento y su positivo impacto en las comunidades donde operan. El primer modelo es el que antes apareció desde un punto de vista cronológico: el Grameen Bank. Un merecido reconocimiento a la institución pionera en microcréditos basados en una metodología grupal. Este modelo ha servido de base a otros posteriormente y supuso una revolución en el panorama microcrediticio, ya que hasta entonces los pobres estaban excluídos por definición del acceso a un derecho fundamental como es el crédito.

En la tercera parte se analizan 2 modelos que suponen una interesante evolución de la metodología microcrediticia: FINCA Internacional y FINCA Costa Rica. A través de la metodología de Bancos Comunales creada por John Hatch, los clientes participan de la gestión de su propio banco, lo cual constituye una gran novedad.

El modelo costarricense, además, experimenta nuevas posibilidades, adaptándolas a las necesidades de la población, y consigue resultados sorprendentes. El más notable, el desarrrollo de Empresas de Crédito Comunal con capital accionario a través del novedosos concepto de microinversión.

El último modelo que se analiza, el de los Grupos de Autogestión Financiera, parte en un incio del modelo de FINCA Costa Rica, para posteriormente irse transformando en un modelo cada vez más sencillo que apuesta por utilizar tan sólo los fondos propios de la comunidad para formar el fondo de crédito. Se demuestra así que con los recursos de la propia comunidad se pueden financiar un gran número de actividades bien sentidas por la población más marginada de la sociedad. Los resultados obtenidos con los Bancos Comunales de capital accionario ("Bancomunales") son más que esperanzadores, sobretodo debido a que requiere muy poca financiación para su buen funcionamiento y porque las personas se involucran de forma máxima en su propio desarrollo. Y ésta es una de las principales conclusiones finales.

PRIMERA PARTE: VISIÓN GENERAL DEL MICROCRÉDITO

1. Introducción

Como todo el mundo, los pobres necesitan tener acceso a servicios financieros constantemente. El crédito, concretamente, es un derecho fundamental que el sistema financiero tradicional ha excluido, por definición, a los más necesitados. No por ello los pobres dejan de pedir prestado cuando tienen una necesidad vital -sufragar necesidades básicas de consumo en momentos de ausencia de liquidez- o microempresarial ­emprender una nueva actividad o mejorar la existente-, sino que el coste de hacerlo es muy elevado, suficiente como para impedirles salir del círculo de la pobreza. La culpa no es de los prestamistas o usureros que les cargan unos intereses altísimos, es un problema estructural e institucional y, aunque los avances realizados en los últimos años son satisfactorios, todavía son insuficientes.

Más que los microcréditos ­concepto relativamente nuevo- lo que saca de la pobreza es el viejo concepto del ahorro. De la misma manera que en la Europa del siglo XIX la revolución industrial fue financiada con los excedentes de la agricultura -hasta que no hubo ahorro no hubo inversión-, lo mismo sucede con las microfinanzas -concepto más amplio que, además del crédito, incluye la provisión de otros servicios financieros como el ahorro, seguros o transferencias a hogares con bajos ingresos-.

En contra de lo que se creía durante muchos años, se ha venido demostrando que los pobres tienen capacidad de ahorro para devolver un préstamo. El problema es de acceso, ya que disponen de pocos medios a su alcance para movilizar sus pequeños excedentes temporales. Las estructuras financieras de los países no han tenido en consideración este hecho durante mucho tiempo.

Se han limitado a negar un derecho fundamental como es el crédito, argumentando que los pobres no tienen capacidad de pago ni bienes con los que responder en caso de impago de sus préstamos.

Pero cuando se les ha dado una oportunidad, un gran número de ellos no la han desaprovechado y han demostrado que son muy buenos pagadores. Su voluntad de salir de la injusta situación de pobreza en que se hallan y su amor propio explican las elevadas tasas de retorno de los créditos, muy superiores a los registrados por la banca tradicional. Ésta, en consecuencia, ha visto un negocio rentable en los microcréditos y se ha introducido en el negocio de conceder créditos a los pobres, creando Instituciones Microfinancieras (IMFs) a tal efecto. Obviamente, este tipo de instituciones busca una perspectiva comercial en absoluto incompatible con el deseable impacto social ­que persigue el otro tipo de IMFs: el formado por ONG crediticias y generalistas-.

De hecho, un buen programa de microcrédito ha de ser rentable en aras a lograr su sostenibilidad y permanencia en el tiempo. Parece claro que el objetivo de un programa de microfinanzas sea el de proveer servicios financieros permanentemente, y no tan sólo hacerlo durante un periodo de tiempo limitado, dado que las necesidades de las personas son permanentes. En definitiva, en el sector microcrediticio conviven dos tipos de prioridades: la social -a través de la rentabilidad- y la de la rentabilidad -a través de lo social.

Aunque el crédito por sí solo no es suficiente para impulsar el desarrollo económico y social, sí que es un facilitador o un no- obstaculizador que permite que los pobres adquieran su activo inicial y utilicen su capital humano y productivo de manera más rentable. Además, permite sufragar necesidades básicas de consumo en momentos de ausencia de liquidez. No es, en cambio, la panacea que hará desaparecer la pobreza en el mundo por sí sola, simplemente permite a sus beneficiarios estar en una situación de mayor oportunidad, que es la de tener acceso al crédito en un entorno de cierta actividad económica. El reembolso del microcrédito supone una forma de capitalización basada en pequeños pagos frecuentes que ha demostrado ser efectiva y que puede contribuir a mejorar las condiciones de vida de los prestatarios a través de un incremento en su capacidad de generación de ingresos. Además, las metodologías grupales ­en contraposición al tradicional crédito individual- provocan efectos colaterales muy positivos, derivados del asociacionismo y de la construcción de capital social.

1.1. Los tres mitos

En la mayoría de los casos, el sector financiero oficial no tiene en cuenta la tendencia de las personas muy pobres a ayudarse a sí mismas trabajando por cuenta propia. Dado que comúnmente no se reconoce que las personas más pobres tienen capacidad crediticia o ahorradora, y puesto que con los métodos bancarios habituales otorgar un préstamo de 10.000 dólares o de 100.000 dólares cuesta prácticamente lo mismo que otorgar uno de 100 dólares, los pobres no se consideraban un mercado rentable para el crédito.

De hecho, es cierto que el microcrédito es más caro en términos relativos y por ello el sector financiero oficial ha construido 3 mitos acerca de los pobres, que han sido rebatidos, y por lo tanto han demostrado ser excusas infundadas para no prestarles servicios aludiendo un elevado riesgo y un escaso coste-beneficio.

En consecuencia, las personas muy pobres se ven obligadas a recurrir a los prestamistas tradicionales, que pueden llegar a cobrar intereses de hasta el 10% al día (tasa anual del 3.650%). Al tener que pagar esos intereses exorbitantes, los pobres siguen siendo pobres y pasan esta carga, y a menudo la deuda, a las generaciones futuras. Los 3 mitos han sido refutados en la práctica por las numerosas instituciones que brindan microcrédito desde los años 70 -siendo el Grameen Bank el primero que quebró este perverso sistema, como se verá más adelante- y han sido recopilados por la Campaña de la Cumbre del Microcrédito1. Son los siguientes:

1. Las instituciones no pueden llegar a los más pobres porque resulta muy costoso identificarlos y motivarlos.
2. Si una institución logra llegar a los más pobres, no puede alcanzar la autosuficiencia financiera.
3. Una institución que de una u otra manera logra llegar a los más pobres y alcanza la autosuficiencia financiera, sólo va a añadir a la gente muy pobre la carga de la deuda.

La acepción del término "mito" es "saberes convencionales fuertemente sostenidos". Pero no importa cuán fuertemente se sostenga una idea, si no refleja la realidad, es un mito.

1.2. Avance de los microcréditos

Los microcréditos son un instrumento efectivo y cada vez más utilizado en los programas para el alivio de la pobreza. Tanto es así que en febrero de 1997 se celebró la Cumbre del Microcrédito en Washington, auspiciada por Naciones Unidas, donde representantes de 137 países lanzaron una campaña con el objetivo de alcanzar en el 2005, con esta forma de préstamo, a los 100 millones de familias más pobres del mundo2. La Campaña de la Cumbre del Microcrédito ha mantenido el compromiso de cumplir con los cuatro temas centrales de la Cumbre de 1997:

1. Servir a los más pobres,
2. Servir y empoderar a la mujer,
3. Formar instituciones financieramente autosuficientes, y
4. Asegurar un impacto positivo y medible en las vidas de los clientes y sus familias.

A finales de 1997, el número de clientes contabilizados era de 13,4 millones, de los cuales 7,6 millones se contaban entre los más pobres, aquellos que viven con menos de 1US$ al día3. A finales de 2002, el número contabilizado ascendía a 67,6 millones de pobres, de los cuales 41,6 millones eran “de los más pobres”. Todo indica, pues, que el objetivo para el 2005 es alcanzable. Desgraciadamente, la necesidad de colocar fondos sin importar el cómo hacerlo puede ser un factor distorsionador en las comunidades donde se quiera aplicar un programa de microcrédito, como se verá durante el presente trabajo.

Por lo que se refiere a la oferta de microcréditos, el número de programas dedicados a esta actividad ha crecido paralelamente a la demanda satisfecha. Según la cumbre de microcrédito, de 618 instituciones reportadas en 1997 se ha pasado a 2.572 en 2002 (Ver Tabla 1). Se ha de recalcar que el número total de instituciones dedicadas a las microfinanzas es muy superior, las cifras aquí reportadas representan a las instituciones que cumplen los requisitos formales que pide el Plan de Acción de la Campaña4. En esta metodología, uno de los datos que se piden es la herramienta de medición de pobreza utilizada para determinar el número de clientes más pobres. De ahí que no todas las instituciones y organizaciones se puedan inscribir a la Campaña, ya que no todas, ni mucho menos, pueden medir el nivel de pobreza de sus clientes antes de recibir su primer préstamo, para determinar posteriormente el porcentaje de clientes más pobres que han cruzado la línea de la pobreza. Es decir, pocas IMFs pueden medir el impacto real de sus programas, ya que ello es costoso.

El numero total de clientes servidos – según este recuento – ha ido creciendo significativamente, pasando de 13,4 M en 1997 a 67,6 M en 2002, lo que supone un incremento del 404,5% en 6 años (67,4% de incremento promedio para este periodo). Por lo que se refiere al número de clientes “más pobres” servidos, el incremento experimentado en 6 años alcanza el 447,2%, lo que supone un 74,5% de incremento promedio, cifra relativamente superior a la alcanzada por el número total de clientes pobres. También puede apreciarse que el número de clientes más pobres servidos representa más de la mitad de los clientes servidos, excepto en 2001, cuando el número de clientes totales se incrementó en 24 M y el de clientes más pobres tan sólo lo hizo en 7 M.

En la tabla 2 se puede ver el tamaño de estas instituciones en cuanto a número de clientes. La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) estima que existen en todo el mundo 7000 instituciones que brindan microcréditos5. La misma institución hace otra estimación que nos hace ver que, si bien la cifra de 100 Millones para el 2005 es muy prometedora, todavía queda mucho camino por recorrer: el número de usuarios potenciales de este tipo de servicios financieros se calcula en alrededor de 500 millones. El Grupo Consultor de Asistencia a los más Pobres (CGAP) va más allá y estima en 1000 M la cifra de clientes potenciales que no tienen acceso a estos servicios6.

Los organismos internacionales de desarrollo han utilizado fórmulas frecuentemente poco acertadas para combatir eficazmente la pobreza. El principal defecto ha sido el paternalismo con el que se han enfocado los multimillonarios programas. Otro efecto colateral ha sido la dependencia generada con estos programas o la falta de empoderamiento de la población beneficiaria, aspecto este crucial para el desarrollo de comunidades y personas. Como sucede frecuentemente en la muchas veces viciada Cooperación Internacional, la mirada ha estado puesta más en los organismos cofinanciadores (y en sus percepciones a menudo erróneas sobre la realidad de las comunidades pobres) que en los propios beneficiarios.

Afortunadamente han surgido nuevas iniciativas en el ámbito local por parte de emprendedores sociales y ONG, algunas de ellas sorprendentemente ingeniosas, poco costosas, autosostenibles y eficaces. El presente estudio pretende analizar la evolución general de las distintas metodologías empleadas en los microcréditos y centrarse en aquellas que son más interesante a la hora de mejorar las condiciones de vida de las personas y de empoderarlas. Los nuevos modelos han conseguido ser eficaces desde lo local, desde la realidad cotidiana de los países del Sur y han utilizado el asociacionismo y la generación de capital social como verdadero motor de desarrollo. A estas personas innovadoras debemos nuestro reconocimiento y gratitud. Muchos pobres ya lo han hecho.

1.3. Microfinanzas en diferentes regiones del mundo

Para hacerse una idea global del funcionamiento de distintas IMFs en diferentes regiones del mundo se puede observar en la tabla 3 distintos indicadores recopilados en el año 2001. Aún tratándose de una pequeña muestra de IMFs analizadas, puede servir para hacer algunas constataciones que no sorprenden, teniendo en cuenta las características de las regiones analizadas. Asia es el continente más poblado del planeta y el número de clientes promedio de cada una de las 22 IMFs analizadas en esta región es muy superior a la de otras regiones: 301.190 clientes, frente a 12.408 en Latinoamérica y 11.378 en África. Este último continente refleja ser el más pobre de todos con unos créditos promedio de 166 US$, frente a 299 US$ en Asia y 695 US$ en Latinoamérica; además, el ratio de crédito promedio entre el PIB de cada región confirman la pobreza del continente africano, que alcanza el 51,7% con tan sólo 166 US$ de crédito promedio. Por lo que se refiere a la feminización de la pobreza y los microcréditos, en los 3 continentes las mujeres representan más de la mitad de la clientela servida: 76% en África, 75% en Asia y 61% en Latinoamérica.

Con datos de 20047 de la misma fuente (Gráfico 1), la autosuficiencia financiera de una muestra mayor de IMFs analizadas pone de relieve que Asia es el continente con mayor porcentaje de IMFs autosostenibles, lo cual tampoco debe extrañar dado que los primeros programas microcrediticios se desarrollaron allá, y por lo tanto son los que mayor madurez han adquirido. Latinoamérica le sigue a continuación con un porcentaje elevado de autosuficiencia, quedando África en último lugar y donde más hay que hacer para conseguir la sostenibilidad de las IMFs que allí operan.

2. Elementos a considerar en un programa de microcrédito

2.1. Clasificación de beneficiarios

Al referirnos a los pobres como usuarios de los servicios financieros, hay que distinguir entre varias categorías dentro de lo que se denomina el sector informal de la economía, compuesto por trabajadores familiares sin remuneración, trabajadores domésticos, trabajadores por cuenta propia y asalariados vinculados a actividades económicas de pequeña escala. Los clientes de servicios financieros suelen ser moderadamente pobres o microempresarios. Existen grandes instituciones que también sirven a los extremadamente pobres, como el Grameen Bank y otras iniciativas en Bangladesh y en países extremadamente pobres. Sin embargo, el éxito de estos programas puede ser más que dudoso en otros contextos culturales.

Existen varios métodos para clasificar la pobreza, siendo el más conocido y generalizado el que utiliza Naciones Unidas en función del ingreso per cápita diario de las familias. Se obtienen así tres niveles de pobreza:

- Extrema Pobreza = Inferior a US$1.00 al día
- Pobreza Media = Entre US$1.00 y US$1.99 al día
- Sobre Línea de Pobreza = Mayor a US$2.00 al día

Ciñiéndose al ámbito microcrediticio y microempresarial que nos ocupa, me parece interesante la clasificación que hace Fundación CODESPA, obteniendo 4 niveles de pobreza8:

- Indigentes: No formaba parte del ámbito microcrediticio aunque han surgido algunas excepciones interesantes, que de todas maneras requieren un componente mixto de asistencia social. En Bangladesh destacan 2 iniciativas: el programa para indigentes del Grameen Bank9 y el programa IGVGD (Income Generation for Vulnerable Group Development) del Bangladesh Rural Advancement Committee's (BRAC), que se desarrolló entre la ONG microfinanciera BRAC y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)10.

- Extremadamente pobres: Los que malviven en condiciones ínfimas, aunque pueden disponer de techo y el vivir con otros miembros familiares les permite sobrevivir. Obtienen algún pequeño ingreso esporádico, por lo que sí son clientes potenciales de algunos –no muchos- programas de microcrédito, como por ejemplo el Banco Mundial de la mujer (World Women´s Banking) y el propio Grameen Bank. Estas 2 primeras categorías corresponderían a un ingreso per cápita diario inferior a US$1.00.

- Moderadamente pobres: Personas con capacidad de generar ingresos, aunque éstos no son estables ni regulares en el tiempo. Un claro ejemplo lo constituyen los habitantes de zonas rurales, que viven y trabajan de actividades agropecuarias. Si bien la pobreza en estas zonas suele ser muy extrema, también es cierto que existe una limitada capacidad de generación de ingresos, suficiente para poder obtener microcréditos. Por ello, éstos y el siguiente grupo constituyen los principales clientes del microcrédito. Este grupo obtiene un ingreso per cápita promedio de entre US$1.00 y US$1.99.

- Microempresarios: Personas que se dedican a actividades comerciales muy simples, trabajan por cuenta propia y en solitario, o bien con la ayuda de otros miembros de la familia. Son aquellas personas que poseen un pequeño negocio dentro del sector informal: un puesto de venta ambulante, un sencillo taller de reparación, un pequeño taller de confección instalado en su propia vivienda, por citar algunos ejemplos. Aquellos que consolidan y hacen crecer su negocio podrán acceder al sistema financiero formal, aunque la mayoría no llegarán a disponer de garantías reales suficientes para ello. El ingreso per cápita diario de este grupo supera los 2.00 US$.

2.2. Aplicación del microcrédito

Para cada una de estas categorías se han desarrollado distintas metodologías y estructuras operativas para satisfacer las necesidades financieras de estos grupos de clientes de forma sostenible. Las necesidades que motivan a las personas a solicitar microcrédito son de dos tipos:

- De aplicación en la microempresa: Para su funcionamiento -como compra de materias primas- y como inversión –para la compra de activos fijos-. La primera necesidad suele representar un monto pequeño y ser financiada a corto plazo, mientras que un activo fijo requiere de una cuantía mayor y un más largo plazo para reembolsar.

- De aplicación en la economía doméstica o para el consumo: mejoramiento de la vivienda, obligaciones familiares o imprevistos.

En la actualidad muchas organizaciones e instituciones ofrecen microcrédito, pero muy pocas lo conceden para el consumo. La mayoría de programas utilizan recursos externos suministrados por organismos cofinanciadores, los cuales condicionan su utilización a financiar actividades exclusivamente generadoras de ingresos. La realidad es que cuando los fondos son externos la tasa de reembolso es muy baja, ya que no existe sentido de propiedad del dinero prestado: pertenece a un acaudalado programa del Norte y la motivación por devolverlo es escasa. Cuando se condiciona la concesión del crédito a una nueva actividad ideada desde el Norte el resultado suele ser peor. En ambos casos, cuando existe una actividad a financiar o cuando se propone una nueva actividad, la utilización real de los recursos por parte de la población beneficiaria se hace en función de sus necesidades inmediatas, entrando aquí la bien lógica picaresca de los clientes, que argumentan utilizar los recursos para el fin estipulado en la formulación del proyecto, pero en la práctica destinan los fondos a sufragar necesidades básicas, probablemente de consumo.

De hecho, la causa del fracaso de los grandes programas de cooperación con componente microcrédito es no tener en cuenta este tipo de aspectos cotidianos. Aún así, los multimillonarios programas les siguen concediendo créditos “productivos”, lo cual parece lógico desde un punto de vista teórico, de marco lógico. En cambio, desde el punto de vista del cliente necesitado de un bien de consumo tan importante como puede ser un medicamento, alimentos, o una mejora de la vivienda, sus posibilidades de financiación –aparte de la mencionada y necesaria picaresca- no pasan ni por recurrir a la banca formal –dada su ausencia de garantías reales- ni a la mayoría de programas de microcrédito -ya que el consumo no está estipulado en la formulación del proyecto-, con lo cual tendrá que endeudarse de forma excesiva con prestamistas y por lo tanto se empobrecerá más todavía.

Por todo ello, valoro muy especialmente aquellos modelos que sí contemplan el crédito al consumo, destacando los modelos que manejan fondos de la propia comunidad (como son los Bancos Comunales de capital accionario) donde no hay limitación alguna a su utilización, además de modelos muy maduros, como puede ser el Grameen Bank con su múltiple tipología de créditos. Todos ellos objeto de análisis en el presente estudio.

2.3. Limitadores de éxito en los programas de microcrédito

Además de cumplir esta premisa básica –la existencia de un mínimo nivel de actividad económica-, se han detectado, en 30 años de variadas experiencias en el sector de las microfinanzas, determinadas circunstancias que pueden frenar el éxito de un programa de MF. Son las siguientes11:

- Poblaciones dispersas, que dificultan la accesibilidad a los clientes de un modo regular;
- Dependencia de una única actividad económica para toda la cartera de clientes-prestatarios (por ejemplo una única cosecha);
- Utilización del trueque en lugar de transacciones en efectivo;
- Probabilidad de crisis futura (hiperinflación, violencia civil);
- Inseguridad jurídica o un marco legal que cree barreras para la actividad microempresarial o microfinanciera;
- Falta de cohesión social, que disminuya las posibilidades de utilizar metodologías de crédito sin garantías reales.

El caso de la hiperinflación, típico de países latinoamericanos, es una variable exógena que no puede controlarse, pero sí ser protegida. Con la introducción relativamente reciente del concepto de microinversión financiera en acciones y participaciones de los Bancos Comunales, se protege a los pobres de la inflación al obtener un rendimiento elevado del dinero que aportan para posteriormente ser prestado –lo cual no sucede con los depósitos de ahorro, de muy escaso rendimiento-. Una interesante idea con la que desaparece uno de los tradicionales limitadores de éxito en los programas de microcrédito.

2.4. Características distintivas del microcrédito con respecto al crédito convencional

Las distintas instituciones dedicadas a las microfinanzas comparten unos rasgos distintivos con respecto a las instituciones financieras convencionales (bancos comerciales y empresas financieras): en ambas existe una estructura de propiedad, una tipología de clientes, un crédito ofertado y una metodología. Estas características distintivas pueden generar un perfil de riesgo muy particular para las instituciones dedicadas a los microcréditos, distinto al de las instituciones financieras tradicionales. Aún habiendo diferencias sustanciales en la tipología de IMFs, cabe mencionar aquí 4 características comunes a todas ellas12:

- La estructura de propiedad de las instituciones especializadas en microcrédito es diferente de la de instituciones financieras convencionales; éstas tienen accionistas institucionales individuales con mentalidad comercial, con “grandes bolsillos” que les permiten ofrecer capital adicional en un momento de crisis y que presionan a la institución para que rinda todo lo posible. Por el contrario, las propietarias mayoritarias de las instituciones especializadas en microcrédito son las ONG a partir de las cuales fueron creadas. Generalmente no se puede contar con las ONG para obtener respaldo financiero en los momentos de crisis.

- Los clientes de las IMFs son diferentes de los de las instituciones financieras convencionales. Por lo general son empresarios de bajos ingresos que tienen negocios familiares rudimentarios y documentación formal limitada. Por lo tanto, se les considera normalmente prestatarios de alto riesgo.

- El crédito que ofrecen las IMFs es diferente del que ofrecen las instituciones financieras convencionales. Los préstamos son más pequeños, sus plazos más cortos y los tipos de interés más altos. Como resultado, la cartera de préstamos de las IMFs muestra un particular perfil de riesgo: está más fraccionada, lo que disminuye el riesgo, pero la rotación es más alta, lo cual lo incrementa. La cartera también suele estar más concentrada geográficamente, sino el seguimiento de los clientes sería muy costoso (en los microcréditos, la IMF va al cliente y no al revés, como sucede en la banca tradicional).

- La metodología de préstamo del microcrédito difiere de los procedimientos de las instituciones financieras convencionales. El análisis de la reputación y el flujo de caja es más importante que las garantías y la documentación formal. En muchos casos las cuotas se pagan semanal o quincenalmente, no mensualmente. Esta metodología se fundamenta en la naturaleza de los clientes de las instituciones de microcrédito y es apropiada para ellos, pero también implica elevados costes administrativos. Los costes de operación (en relación con los activos) son mucho más elevados que en la banca tradicional. Este hecho debe remarcarse puesto que los altos costes de transacción son una diferencia fundamental con respecto a la banca tradicional.

Así pues, las instituciones de microcrédito son entidades con elevados costes administrativos, cubiertas por altos tipos de interés generados por una cartera conformada por un gran número de prestamos a corto plazo, sin garantías y concentrados geográficamente.

2.5. Condicionantes del éxito en programas de microcrédito:

Es importante señalar las 5 condiciones que deben reunir las instituciones microfinancieras para lograr sus objetivos:

1. Permanencia, para prestar servicios financieros a largo plazo;
2. Escala, a fin de alcanzar un número suficiente de clientes;
3. Focalización, con el objeto de llegar a la población pobre;
4. Sustentabilidad financiera, para no depender de donanciones externas y poder sobrevivir en el tiempo.
5. Inmediatez en la entrega.

Se han mencionado anteriormente las maldades de los grandes programas de microcrédito con fondos externos rotatorios, que se ciñen al cumplimiento de un proyecto de duración limitada en el tiempo. No cumplen, por lo tanto, la permanencia y, en consecuencia, tampoco la escala. La sustentabilidad financiera es otro de los aspectos que no se tiene tan en cuenta cuando los programas se nutren de fondos externos y éstos son abundantes.

La inmediatez en la entrega es uno de los puntos en que pueden y suelen fallar los modelos y programas que se nutren de fondos externos. Un retraso en la concesión de fondos por motivos burocráticos es el pan de cada día en la Cooperación Internacional y en los gobiernos. En cambio, los que utilizan fondos de la propia comunidad están disponibles desde el primer momento. Este es un aspecto crucial, dado que cuando surge una necesidad y no se dispone de fondos para cubrirla, es importante que se obtenga el financiamiento de inmediato, de lo contrario de poco servirá obtener un préstamo cuando la oportunidad haya pasado: la adquisición de semillas para una siembra, una oportunidad de negocio o la adquisición urgente de un bien de consumo como puede ser la adquisición de medicamentos o la reparación de una vivienda.

2.6. La importancia de la tasa de interés

Uno de los elementos a considerar en un programa de microcrédito es el tipo de interés. Al dirigirse a los pobres, uno podría considerar que la tasa debería ser baja. Y se equivocaría: el interés es el único ingreso regular y seguro que dispone una IMF para cubrir los altos costes de prestar su dinero, ser autosostenible y garantizar su permanencia en el tiempo. De no ser así, al terminarse el programa, los pobres seguirían pidiendo prestado a prestamistas informales, que les cargarían una tasa mucho más elevada. Por lo tanto, una tasa alta no es ningún obstáculo, ya que en términos relativos no lo es para los clientes. Los programas que disponen de una gran cantidad de fondos provenientes de donantes privados o gubernamentales también deben intentar ser sostenibles, dado que los fondos externos son, por naturaleza, inseguros, y cuando dejen de fluir, sería deseable que se continuara prestando un servicio financiero a las comunidades, que lo necesitan constantemente. No por ello las tasas deben ser abusivas. Lo que se debe buscar es que las tasas sean justas, que compensen los costes sin duda, pero que haya un esfuerzo porque esos costes sean el resultado de programas eficientes13.

Existen 3 tipos de costes que debe cubrir una IMF para conceder microcréditos14. Los dos primeros, el coste de obtener el dinero que se va a prestar y el coste de los préstamos impagados, son proporcionales a la cantidad prestada. Por ejemplo, si el coste sufragado por la IMF para obtener financiación es del 10% (un préstamo de una entidad financiera o de una agencia de desarrollo) y experimenta un 1% de impagos de la cantidad prestada, entonces estos dos costes serán de 11$ para un préstamo de 100$, y de 55$ para un préstamo de 500$. Por lo tanto, un interés del 11% cubrirá los costes de ambas cantidades prestadas.

El tercer tipo de coste es el coste de transacción y no es proporcional a la cantidad prestada. El coste de transacción de un préstamo de 500$ no es muy distinto de uno de 100$. Ambos préstamos requieren de la misma cantidad de tiempo para formalizar el préstamo con el cliente, hacer el desembolso, recibir los reembolsos y hacer el seguimiento del préstamo. Supongamos que el coste de transacción es de 25$ por préstamo y que el plazo es de un año. Para cubrir los costes de un préstamo de 500$, la IMF tendría que recibir intereses de 50$ + 5$ + 25$ = 80$, que representan un interés anual del 16%. Para un préstamo de 100$, la IMF ha de cobrar unos intereses de 10$ + 1$ + 25$= 36$, que representa un interés anual del 36%. A primera vista esta tasa puede parecer abusiva, especialmente si los clientes son pobres. Pero en realidad esta tasa refleja el hecho de que cuando el tamaño de los créditos es muy pequeño, sus costes de transacción son proporcionalmente mayores. La sostenibilidad debe ser perseguida con unas tasas de interés adecuadas y, sobretodo, minimizando los costes al máximo. Los que mejor cumplen este requisito son los modelos financieros locales, que se analizarán más adelante.

3. Breve evolución histórica

Hasta llegar a las distintas tendencias que convergen en la actualidad en el ámbito microcrediticio, se ha recorrido un largo camino que se inició en los años 50. Aunque hay que aclarar que muchas culturas han adoptado desde tiempos inmemoriales distintos mecanismos informales de crédito; lo que aquí se refiere son metodologías formales institucionalizadas.

Los proyectos de desarrollo empezaron a introducir programas de crédito subvencionados a determinadas comunidades objetivo. Estos programas fracasaron en su mayoría. Los bancos rurales de desarrollo que facilitaban esta financiación sufrieron una masiva erosión de su capital debido precisamente a los tipos de interés subvencionados y a la escasa disciplina de pago entre los beneficiarios. Además, los fondos no siempre llegaron a los más pobres, sino a los más favorecidos de entre la comunidad rural.

En los años 70 se iniciaron programas experimentales primero en Bangladesh y luego en Brasil. La creación del Grameen Bank en Bangladesh supuso la introducción de una nueva, revolucionaria y efectiva metodología, verdadero origen de los microcréditos. Estos programas concedían pequeños créditos a grupos de mujeres muy pobres para invertir en pequeños negocios. Este tipo de crédito a la microempresa se basaba en Grupos Solidarios (GS) en los que cada persona del grupo garantizaba el pago de todos los miembros, sustituyendo así la tradicional garantía real por la confianza en el grupo y en las personas.

En los años 80 y 90 los programas de microcrédito mejoraron sustancialmente su metodología y cambiaron las concepciones que se tenían a la hora de financiar a los pobres. En primer lugar, enseñaron que la gente pobre, especialmente las mujeres, tenían unas excelentes tasas de retorno de los créditos, muy superiores a las del sector financiero tradicional en los países desarrollados. En segundo lugar, mostraron que los pobres podían y querían pagar tasas de interés elevadas, que permitían cubrir los elevados costes de las instituciones microfinancieras que les prestaban crédito. Estas 2 importantes características –elevadas tasas de retorno e intereses capaces de cubrir los costes- han permitido conseguir la autosostenibilidad de las instituciones a largo plazo, además de alcanzar a un gran número de clientes. Lo cual, a su vez, ha permitido desarrollar una verdadera industria que se impone ambiciosos objetivos, como los 100 M de familias clientes en el 2005, año internacional del MC para Naciones Unidas.

En la tabla 4 se puede apreciar la evolución de las microfinanzas en las últimas décadas, desde los primeros créditos agrícolas hasta la forma más evolucionada que han alcanzado algunas instituciones microfinancieras, las reguladas por las superintendencias bancarias. Éstas forman parte del sistema financiero formal, y por lo tanto, pueden captar ahorro de terceros, entre otras características. Cabe decir que las IMFs que han optado por graduarse son sólo una parte del gran número de IMFs que proporcionan servicios microcrediticios. Si bien su grado de intermediación financiera es mayor que las IMFs no reguladas, estas últimas desempeñan un papel importante a la hora de alcanzar determinados estratos sociales y de intervenir en comunidades más desfavorecidas, más propias de ONG que de instituciones financieras formales.

4. Tipología de instituciones que proporcionan microcrédito

4.1. El sector informal

En primer lugar, como se ha mencionado ya, el sector informal incluye a los prestamistas informales que no llevan ningún tipo de registro de los préstamos, trabajan en la calle, prestan dinero a muy corto plazo y cobran unos intereses muy por encima de los de mercado. Son conocidos vulgarmente como usureros y forman parte del paisaje cotidiano de los países del Sur. Hasta que surgieron las primeras iniciativas en microcrédito que pretendían ayudar a los más pobres, suponían la única alternativa para acceder a financiación y continúan siéndolo donde la industria microfinanciera todavía no ha logrado penetrar15. Esta situación de poder hace que los que disponen del capital apliquen unos intereses elevadísimos, como puede ser un 20% mensual o un 10% diario. En este caso, los que proporcionan esta financiación no ayudan a salir del círculo de la pobreza, más bien al contrario, perpetúan dicha situación. Esto fue observado por el profesor Yunnus en la aldea de Jobra, en Bangladesh, verdadero laboratorio del microcrédito.16

En 1974, una ciudadana de esta aldea –Sufia Begum, primera prestataria formal de un microcrédito- trabajaba todo el día para fabricar taburetes de bambú. La materia prima le costaba cinco takas (equivalente a 22 céntimos de dólar), que tenía que pedir prestados dado que no disponía ni tan siquiera de esta pequeña cantidad. Los intermediarios o usureros le prestaban esta cantidad con la condición de tener que venderles el fruto de su trabajo –el producto transformado, osea, los taburetes– al final de la jornada para reembolsar el préstamo. El precio de venta era de cinco takas y cincuenta paisas (céntimos de taka), con lo cual el beneficio de la artesana era tan sólo de 50 paisas (equivalentes a dos céntimos de dólar) por todo un día de trabajo. El problema de falta de capital inicial le atrapaba en el círculo vicioso de pedir prestado a un intermediario para venderle enseguida el producto de su trabajo. El intermediario se las arreglaría siempre para pagarle a Sufia un precio que no le permitía reembolsar los materiales y satisfacer sus necesidades elementales, obligándole siempre a pedir prestado. Esta práctica, de tan habitual que es en los países en vías de desarrollo, se considera normal, aunque no deja de ser una relación de semiesclavitud. Su solución vino con el crédito, que le posibilitó revender sin compromisos sus productos en el mercado, obteniendo un margen bastante mejor entre el coste de los materiales y el precio de venta en el mercado, muy superior del que obtenía con el usurero. Gente como Sufia no era pobre por pereza o por falta de habilidades. Eran pobres porque las estructuras financieras no tenían la vocación de ayudarlos a mejorar su suerte. Era un problema estructural y no un problema de personas.

Así pues, el mercado de crédito estaba acaparado por los prestamistas locales, que arrastraban a sus clientes cada día más lejos en el camino de la pobreza. En la actualidad siguen existiendo los usureros, pero afortunadamente coexisten diversas tipologías de instituciones microfinancieras que proporcionan crédito y otros servicios a los clientes pobres. En este sentido, es justo reconocer el mérito de M. Yunnus al crear la primera institución microcrediticia (el Grameen Bank) y la primera metodología basada en el crédito grupal, que ha sido el punto de partida de muchas otros modelos y programas.

El sector informal también incluye a las asociaciones locales que son pequeños grupos de ahorro y crédito en los que los miembros contribuyen con una pequeña cantidad que depositan para crear un fondo que se va prestando rotatoriamente a sus miembros en función del capital disponible. Este tipo de entidades recibe el nombre de ROSCAs (“Rotating Savings and Credit Associations”, Asociaciones de crédito y de ahorro) y son populares en muchos países, por ejemplo en República Dominicana (con el nombre de “San”) o en Venezuela (“Susu”). Este sistema está muy generalizado en el sector informal de la economía y puede resultar útil cuando no hay otras opciones de financiación, pero es imperfecto por varios motivos: en primer lugar, el orden en que se conceden los créditos es aleatorio ya que se suele hacer por sorteo; el primer beneficiario ve satisfecha su necesidad de crédito al momento, pero el último puede esperar varios meses en hacerlo. Hemos visto que la inmediatez en la disponibilidad de crédito es una de las características básicas que ha de cumplir cualquier modelo y los ROSCAs no lo cumplen. En segundo lugar, es un modelo ineficiente, ya que al recuperar la aportación inicial – lo cual puede suceder al cabo de varios meses, incluso años- la cuantía retornada es la misma que se aportó, lo que significa que el dinero ha estado “durmiendo” y no se ha obtenido ningún rendimiento del mismo, hecho particularmente grave en países con elevada inflación. Y en tercer y último lugar, el modelo puede ser muy injusto, dado que si uno de los miembros no reembolsa el préstamo, desaparece el fondo comunitario, con lo que, además de perder la cuantía aportada, muchos de sus miembros no habrán tenido la oportunidad de haber utilizado el fondo. Por lo tanto, aunque los ROSCAS pueden representar la única opción de financiamiento de algunas personas, desde el ámbito que nos ocupa, la ausencia de una metodología adecuada y de mecanismos de control deslegitimizan este sencillo método.

Estos mecanismos informales de crédito son considerados valiosos por parte de la población con escasos recursos, ya que representan en muchos casos la única posibilidad real de conseguir un crédito, aunque no se pueden considerar unos mecanismos adecuados en tanto en cuanto no son eficientes ni baratos. Además, el sector financiero informal no puede, obviamente, atender necesidades como pueden ser la colocación de depósitos, algunos tipos de crédito y las transferencias de dinero. Estos servicios más desarrollados tan sólo lo pueden ofrecer las IMFs especializadas y reguladas. Y aquí pasamos a analizar las distintas tipologías de IMFs.

4.2. Tipología de IMFs

Las IMFs pueden clasificarse según su nivel de intermediación financiera, que se refiere a la capacidad jurídica, operativa y financiera para ofrecer una amplia gama de instrumentos financieros, tanto activos (créditos e inversiones) como pasivos (cuentas corrientes, de ahorro, etc...). A mayor cantidad de servicios disponibles para la clientela, mayor es la capacidad de intermediación financiera de la institución, y por lo tanto de generación de ingresos.

Existen dos maneras de crear una IMF en función de si se ha promovido desde una ONG o desde un banco. En le primer caso estaremos hablando de un “up-grading” de una ONG que se especializa en lo financiero y en el segundo de un “down-grading” de una institución financiera formal que entra en el mercado de los microcréditos. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) distingue 4 grupos de IMFs17 que recogen las dos situaciones descritas:

Instituciones financieras convencionales: Son sociedades por acciones como Bancos y Financieras Cooperativas y Mutuales, que han decidido penetrar el mercado de la microempresa sin abandonar sus nichos tradicionales de intervención. Estas instituciones se caracterizan por abordar diferentes segmentos de mercado y por no estar concentrados en la cartera de microcrédito. El interés por el emergente mercado de la microempresa es una situación relativamente nueva y experimental, razón por la cual la cartera ligada a dicho segmento representa un porcentaje bajo del total de los activos.

Instituciones financieras especializadas: Son aquellas instituciones financieras reguladas, generalmente sociedades anónimas, que fueron creadas con el objetivo especifico de atender a la micro y pequeña empresa. Sus activos se concentran en el segmento de mercado de la microempresa y están facultadas para captar ahorro de terceros. Operan como organizaciones sin ánimo de lucro, aunque cada vez son más las que se “transforman” en instituciones financieras autorizadas y supervisadas. En este proceso, habitualmente se crea una institución financiera nueva y la fundación o asociación sin fines de lucro original adquiere una participación mayoritaria en ella, dejando de prestar servicios financieros por sí misma.

ONG crediticias: Se trata de aquellas instituciones que, manteniendo su base jurídica de asociación sin fines de lucro o de fundación, se dedican, única o principalmente, al financiamiento de la microempresa. Eventualmente realizan actividades de capacitación y asesoría técnica de microempresarios, las cuales forman parte de la estrategia de educación crediticia del cliente y de recuperación de los créditos.

ONG generalistas: Al igual que las ONG crediticias, estas instituciones son asociaciones sin ánimo de lucro o fundaciones, con la diferencia que, además del otorgamiento de préstamos, proveen una amplia gama de servicios de desarrollo empresarial y de apoyo social. Por lo tanto no están específicamente enfocadas en la actividad financiera.

4.3. Principales características

Si en un apartado anterior se analizaban las características distintivas del microcrédito con respecto al crédito convencional (la estructura de propiedad, la clientela, el tipo de crédito que ofrecen y la metodología) ahora se analizarán las principales características comunes a todos los tipos de IMF. Son las siguientes18:

La estrategia institucional indica los principales motivos que llevan a las IMFs a intervenir en el campo de la microempresa. Estas estrategias persiguen por lo general, dos tipos de objetivos: el logro de importantes índices de rentabilidad o el deseo de lograr un impacto en el nivel de vida del cliente. Una combinación de ambas lógicas, de finanzas y de solidaridad, es también practicada por muchas instituciones. Identificar la tendencia de la IMF en cuanto a su misión y estrategia, es un tema de suma importancia, puesto que define, por lo general, los mecanismos de dirección y de funcionamiento de la institución. En todo caso, el surgimiento de la competencia en la oferta de servicios de microfinanzas, tiende a que las IMFs, al margen de la lógica de intervención, busquen obtener excelentes índices de productividad y de calidad de cartera para mejorar las tasas de interés activas y diversificar su oferta de servicios financieros.

La forma jurídica es el estatus legal adoptado por las IMFs para ejercer la actividad crediticia. Cabe señalar que las instituciones financieras convencionales y las especializadas son generalmente reguladas por las entidades de control de organismos financieros de cada país (IMF reguladas), en tanto que las ONG crediticias y generalistas no lo son. La forma jurídica que adopta la IMF tiene importantes repercusiones en sus características operativas y financieras. Las instancias de gobierno son más convencionales en las instituciones reguladas, en tanto que las ONG disponen de una libertad más amplia para diseñar sus centros de decisión. En lo financiero, las IMFs reguladas cuentan con las posibilidades legales para practicar diferentes instrumentos de crédito y de captación de recursos, mientras que las ONG tienen limitantes de regulación para diversificar sus instrumentos activos (créditos e inversiones) y pasivos (depósitos de ahorro).

El tercer elemento indica el tipo de cliente al que se dirigen prioritariamente las IMFs. Como se ha comentado anteriormente, son las ONG quienes, en muchos casos, estarían destinando su oferta crediticia a los sectores de más bajos ingresos, o a las microempresas de menor tamaño. En cambio, son las instituciones financieras reguladas las que presentan una mayor tendencia de atención a empresas con un mayor grado de evolución, dadas las garantías que proveen y su historial crediticio. No es que haya una correlación perfecta entre el tipo de institución y el tipo de cliente, lo que sucede es que existen limitantes de orden jurídico, financiero y operativo, para que instituciones financieras reguladas puedan llegar a clientes de muy bajos ingresos. Por ejemplo, en el ámbito jurídico, el marco regulatorio no acepta, por lo general, la garantía solidaria, al no ser una cobertura tangible de un riesgo financiero.

Los instrumentos crediticios son los productos de financiamiento que normalmente ofrecen las IMFs a la microempresa, los cuales se configuran en función del riesgo del cliente y del tipo de garantía. Los créditos grupales (Bancos Comunales y Grupos Solidarios) son utilizados para atender a los clientes de más bajos ingresos, mientras que los créditos individuales son orientados hacia las microempresas que disponen de garantías prendarias y de referencias de buen comportamiento crediticio.

Los instrumentos de captación de recursos son determinados por el estatus jurídico de la IMF y por el volumen y calidad de sus activos.

En la tabla 5 a continuación se puede observar resumidamente las principales características operativas que se acaban de mencionar y en el Apéndice 1 se pueden ver las Fortalezas y Debilidades de cada tipo de IMF.

5. Metodología empleada en los distintos programas

Las principales metodologías que utilizan las instituciones de microfinanciación son los individuales o grupales. Los microcréditos se asocian frecuentemente a la ingeniosa metodología grupal inventada por el Grameen Bank de M. Yunnus en 1976, cuando sustituye la de la banca tradicional por una nueva que simplemente le da la vuelta en casi todo. Los Bancos Comunales son organizaciones locales autogestionadas que prestan servicios financieros, además de ser una metodología crediticia. El microcrédito individual apareció de la mano de la organización ACCIÓN Internacional y está ligado a actividades microempresariales, destacando, además del crédito, la asesoría de negocios. Actualmente hay muchas instituciones de microfinanciación que trabajan a la vez con las dos metodologías. Es decir, tienen su cartera de crédito separada en 2 bloques, cada uno de los cuales funciona distintamente. Veamos por separado las 3 metodologías.

5.1. Préstamos individuales

En este caso, el crédito es solicitado por una única persona, que responde ante la institución de la devolución del capital y de los intereses del préstamo. Normalmente, en este tipo de créditos suele tratarse de cantidades mayores que en el caso de los Grupos Solidarios o los Bancos Comunales, lo cual refleja que se focalizan principalmente en una clientela moderadamente pobre. En esta metodología no hay tanta diferencia entre la banca tradicional y las microfinanzas, de hecho es habitual que la IMF pida garantías reales a los prestatarios. El destino del crédito puede ser tanto para capital de trabajo como para la adquisición de activos fijos; en este último caso, los plazos pueden llegar hasta los 24 meses.

Se presupone en los clientes una disciplina de pago propia de los microempresarios, que no dejan de ser la “casta alta” de la pobreza. En cambio, los reembolsos mucho más frecuentes que se efectúan en el Grupo Solidario hacen que los más pobres aprendan disciplina en el pago, lo cual tiene que valorarse como un efectivo ejercicio de autoformación sin coste adicional. No es del todo correcto decir que los préstamos individuales saquen de la pobreza, ya que la mayoría de estos prestatarios ya están fuera de ella.

El inicio de esta metodología de créditos nace en América Latina gracias a la iniciativa de la Fundación Carvajal de Cali y la colaboración de ACCIÓN Internacional. Una de las principales características de este programa en Colombia era la preeminencia de la capacitación sobre el crédito. El crédito se considera como algo complementario a un adecuado programa de capacitación y asesoría de negocio, que constituye la pieza fundamental que permitirá un mejoramiento de la microempresa. Esta acertada filosofía sigue formando parte de la Fundación Carvajal de Cali y de muchas otras ONG de la región asesoradas por ésta. (ACTUAR, FUSAI, FUNDECAP, FUNDADES, etc.).

5.2. Grupos Solidarios

Esta metodología consiste en que el préstamo es solicitado y tramitado por un grupo de personas, que responden solidariamente del crédito. Es decir, si algún miembro del grupo no consigue devolver su parte, el resto tiene que devolverlo por él. Normalmente los grupos suelen estar constituidos por miembros de una misma comunidad, con un notable grado de conocimiento entre ellos, donde cada grupo es responsable de la selección de sus miembros. La metodología de los Grupos Solidarios fue creada por el Grameen Bank en Bangladesh en 1976 y se expandió por Asia –por la evidencia de su efectividad en uno de los países más pobres y el más densamente poblado del mundo- y también por América Latina –de la mano de ACCIÓN Internacional, que replicó y adaptó el modelo Grameen-.

La metodología de los Grupos Solidarios tiene tres finalidades fundamentales:

1. Conseguir atender a la demanda de crédito por parte de personas de escasos recursos,
2. Lograr la autosuficiencia financiera de las instituciones que desarrollan los programas y
3. Ser capaces de atender a un número grande de personas.

Sus principales ventajas son que facilita que la tasa de morosidad sea baja y que abarata los costes de gestión de los créditos, además de otras indirectas, ya que promueve la mentalidad asociativa, que es muy positiva para posteriores acciones, como la realización de actividades en común. El asociacionismo permite obtener resultados muy positivos en otros ámbitos, como puede ser el logro de una mayor presión política ante las autoridades o la compra común de materias primas a un menor precio. En el caso del Grameen Bank en Bangladesh se produjo una auténtica revolución social, dado que las mujeres –que representan el 98% de los clientes- obtuvieron un alto grado de empoderamiento del que carecían absolutamente al ser tratadas como ciudadanas de tercera clase. El éxito de esta metodología en la lucha contra la pobreza –sobretodo en Bangladesh- implica también una dimensión social y favorece la emancipación política de los pobres19. En otros países las tensiones en los grupos han sido más fuertes y han impedido el éxito de otros programas.

El otorgamiento de los créditos funciona de la siguiente forma: el grupo decide qué cantidad necesita tomar prestado cada uno de sus miembros; a continuación la institución aprueba la cantidad total solicitada por el grupo y hace el préstamo al grupo, cuyos miembros responden solidariamente del mismo. Lógicamente, si alguno de los miembros del grupo tiene dificultades para devolver el préstamo, los demás le presionan para que lo devuelva. Si en la banca tradicional se piden garantías reales (prendarias) como señal de desconfianza ante una solicitud de crédito, aquí la garantía es la presión grupal. Hasta que el grupo no devuelve todo el crédito no se le conceden más créditos, de ahí la presión del grupo. Una vez devuelto el préstamo, el grupo está en condiciones de solicitar otro. Los trámites suelen ser muy sencillos y el modo de operación de la institución suele estar muy descentralizado, con el fin de asegurar la agilidad y rapidez en la gestión de los créditos. Las cantidades prestadas en este tipo de créditos suelen ser pequeñas y los períodos de devolución, cortos. Un inconveniente de esta metodología es que puede generar tensiones en los grupos, ya que si un miembro no paga, los cuatro restantes se verán perjudicados y presionarán al moroso, en ocasiones de forma más o menos violenta. De ahí que el propio GB haya flexibilizado esta metodología, como se verá más adelante.

5.3. Bancos Comunales

La metodología de Bancos Comunales está formada por asociaciones de crédito y ahorro gestionadas por la propia comunidad. La autogestión es una importante característica que le diferencia de los Grupos Solidarios, que son gestionados por los órganos rectores de una organización como puede ser el Grameen Bank. Las principales razones por las que se crea un banco comunal son:

1. Mejorar el acceso de sus miembros a los servicios financieros,
2. Fomentar el ahorro entre sus miembros
3. Formar un grupo de auto ayuda en la comunidad

La mayor parte de las instituciones que han impulsado la puesta en marcha de Bancos Comunales se ha basado en el modelo diseñado por John Hatch, fundador de FINCA Internacional, y que está recogido en su libro “The village bank manual”(1989). Este tipo de programas fue diseñado inicialmente para llevarse a cabo en zonas rurales y principalmente con mujeres, que son los principales clientes de los microcréditos20. No obstante, la metodología de los Bancos Comunales ha sido adaptada por diversas organizaciones, buscando la mejor adecuación a las circunstancias de cada lugar, de ahí que hayan surgido variantes a la metodología inicial.

Se ha mencionado anteriormente que una de las razones para crear un Banco Comunal es la creación de un grupo de auto ayuda. Los Grupos de Auto Ayuda son el principal modelo de microfinanzas utilizado en India, cuya metodología y organización se asemejan mucho a la de los Bancos Comunales. En la actualidad tienen más de seis millones de clientes, de los cuales el 90% son mujeres. Se estima que el número de GAA en el país surasiático asciende a 400.000. Este interesante modelo combina las fortalezas de las ROSCAs junto con el apoyo de las instituciones financieras formales.

Los GAA son parecidos a los ROSCAs en tanto en cuanto se basan en el ahorro de sus miembros. En cambio, son distintos en varios aspectos: sólo pueden ser miembros los pobres, son mucho menores (de 10 a 20 miembros) y reciben préstamos de bancos para suplementar sus recursos. Este link con otras instituciones es fundamental. En India, el éxito de este modelo se debe al apoyo que han obtenido los GAA por parte del programa del Banco Nacional Agrícola y de Desarrollo Rural (NABARD)21. Finalmente, cabe mencionar que los GAA se han empezado a federar entre ellos, en aras a alcanzar la viabilidad financiera y la autosostenibilidad. Los resultados obtenidos demuestran que las federaciones de GAA crean economías de escala, reducen los costes de transacción, permiten la provisión de servicios de alto valor añadido e incrementan el empoderamiento de los pobres. El crecimiento del programa NABARD ha sido espectacular en los últimos 7 años, como refleja la Tabla 6 adjunta22.

La metodología de Bancos Comunales aporta nueva luz al microcrédito y por ello se analizará el primer programa que la utilizó en Costa Rica –de la mano de FINCA CR- y un modelo muy similar en Venezuela.

6. Tendencias actuales de los programas de microfinanzas

Estas metodologías dan pie a las distintas tendencias que se pueden encontrar en la actualidad en el sector microfinanciero. En primer lugar, el modelo de sistema bancario es el que utiliza el crédito individual. El sistema ONG utiliza las 3 metodologías a la vez, mientras que el sistema financiero local se basa en la metodología de Bankomunales, que se verá más adelante. El servicio que proporcionan los 3 sistemas es muy distinto, en el primer caso se trata de proveer exclusivamente un servicio financiero, en el sistema ONG el servicio es integral, y en las estructuras financieras locales el servicio básico es organizacional. En la Tabla 7 se analizan las características básicas de los 3 sistemas:

II PARTE: LA REVOLUCIÓN DEL GRAMEEN BANK

1. Introducción: rasgos distintivos frente a la Banca Convencional

Parece justo analizar la organización pionera en microcréditos, no tan sólo por ser la primera, sino por su notable impacto en uno de los países más pobres del mundo23. El Grameen Bank (GB en adelante) ha recorrido un largo camino desde que comenzó su viaje en la aldea de Jobra en 1976. En ese año, el fundador del Grameen, el economista Muhammad Yunnus, implementó un proyecto de investigación para promover servicios bancarios dirigidos a los pobres de las zonas rurales de Bangladesh.

Entre los objetivos de la iniciativa se encontraban los de generar oportunidades de autoempleo en una población con altos índices de desocupación y terminar con la acción de los usureros. Yunnus había comenzado prestando dinero de su propio bolsillo a algunas mujeres de Jobra, una pequeña aldea cercana a la Universidad de Chittagong, donde integraba el Departamento de Economía, para ver el impacto que ello ocasionaría en personas que nunca habían tenido acceso al crédito. Luego amplió los créditos con fondos que obtuvo ofreciéndose como garante. Aquellos primeros préstamos se devolvieron en su totalidad. El proyecto se desarrolló con éxito en Jobra entre 1976 y 1979 y, a partir de ese momento, con el apoyo del Banco Central de Bangladesh y otros bancos nacionales, se extendió a varios distritos. El número de clientes creció de menos de 15.000 en 1980 a casi 100.000 hacia mediados de 1984. A partir de ahí el crecimiento de las magnitudes fundamentales fue espectacular: en 3 años se triplicó el número de clientes (340.000) y 15 años más tarde se alcanzó la cifra de 3 millones. En la tabla 8 se puede apreciar este espectacular crecimiento en las dos últimas décadas, que se explica por el éxito de un modelo efectivo que recibió cuantiosas ayudas para su expansión hasta que logró ser autosostenible gracias al elevado número de clientes.

En 1983 el Banco Grameen se convirtió en una institución financiera independiente, de hecho es propiedad de los pobres de Bangladesh, que poseen el 93% de las acciones, aunque no participan de la gestión del banco. Hoy, con más de 3,12 millones de prestatarios (el 95% de los cuales son mujeres), es el banco rural más grande de su país. Sus 1.195 sucursales brindan servicios en 43.681 aldeas, más de la mitad de las que existen en Bangladesh. La devolución de los préstamos, cuyo valor promedio es de US$ 160, supera el 99%. El Grameen representa un tratamiento masivo para la superación de la pobreza en uno de los países menos desarrollado y el más densamente habitado del mundo. Las cifras hablan por sí mismas: el 46,5% de las familias de prestatarias del Grameen han superado la línea de la pobreza y una tercera parte está casi lista para superarla24. En los últimos años la experiencia del Banco Grameen ha sido replicada en 66 países.

El banco se inició como un reto a la banca tradicional que rechazaba a los pobres clasificándolos como “sujetos de no-crédito”. En consecuencia rechazó la metodología básica de la banca convencional y creó su propia metodología, que a la postre ha derivado siendo la opuesta a la primera. Cuando se pregunta al profesor Yunnus cómo ha podido conseguir estos resultados tan espectaculares, su respuesta es simple y concisa: “muy lentamente”25.

En la actualidad el GB se ha convertido en un banco comercial privado, una IMF regulada e independiente que presta una enorme variedad de servicios financieros y no financieros a los pobres. Tanto es así que se podría considerar un verdadero holding microfinanciero con verdadera vocación social, con la peculiaridad de ser diferente en casi todo a un banco convencional, excepto el tipo de operaciones que realiza, que son como las de cualquier banco: capta depósitos a tasas comerciales, coloca créditos no subsidiados, se financia con recursos propios y depósitos, hace inversiones y emite y coloca títulos en el mercado nacional e internacional. En cambio, la metodología del grupo solidario y del reembolso ha servido de plataforma para desarrollar otros modelos ingeniosos en contextos culturales distintos. En la siguiente tabla se pueden apreciar las características distintivas del GB como IMF en oposición al funcionamiento de la banca tradicional.

Tabla 10: Las 16 decisiones del Grameen

1)Debemos seguir los 4 principios del GB en todos los aspectos de nuestras vidas:
Disciplina, Unidad, Coraje y duro Trabajo.
2) Debemos traer prosperidad a nuestras familias.
3)No debemos vivir en casas dilapidadas, debemos repararlas lo antes posible
4) Debemos plantar vegetales todo el año. Debemos comer muchos de ellos y
vender el excedente.
5) Durante la época de siembra, debemos plantar la máxima variedad de productos
posible.
6)Debemos tener familias pequeñas, minimizar nuestros gastos y cuidar nuestra
salud.
7) Debemos educar a nuestros hijos y asegurar que puedan ganar para pagar su
educación.
8) Debemos tener limpios a nuestros hijos y al medioambiente.
9) Debemos construir y utilizar letrinas.
10) Debemos beber agua potabilizada y sino está disponible, debemos hervirla.
11) No debemos recibir ninguna dote en la boda de nuestros hijos, ni dar ninguna
dote en la boda de nuestras hijas. No debemos practicar el matrimonio de
adolescentes.
12) No debemos causar ninguna injusticia a nadie, ni dejar que nadie la cause.
13) Debemos hacer grandes inversiones de forma colectiva par el bien de la
comunidad.
14) Debemos siempre estar preparados para ayudar a los demás. Si alguien está en
dificultades, debemos ayudarle entre todos.
15) Si sabemos que se ha roto la disciplina en algún centro, debemos ir allí y
restablecerla.
16) Debemos introducir el ejercicio físico en todos los centros. Debemos tomar
parte en todas las actividades sociales colectivamente.
Fuente: Grameen Bank

2. Metodología

2.1. Cómo hacerse miembro

Grameen aplica una metodología propia que comienza por concentrar las actividades exclusivamente en los más pobres, a través de criterios claros de selección de sus clientes: para ser miembro la propiedad familiar no debe superar los 0,5 acres de superficie y se prioriza a las mujeres. En Bangladesh, éstas son consideradas personas de tercera categoría, pero participando en microcréditos, la mujer se convierte muchas veces en fuente de ingreso familiar, lo que eleva su status y la convierte en líder. De ahí que el Grameen haya provocado una revolución social en su país, de la misma manera que ha sucedido en otros países a través de diversos programas de microcrédito.

Como ya se ha comentado anteriormente, la principal característica de la metodología del Grameen Bank es el grupo solidario. De ahí que revista especial importancia la formación de los grupos, ya que el hacerlo bien es esencial para el éxito de la empresa. A todo el que pide un préstamo se le encarga que constituya un grupo de personas ajenas a su familia, pero con las mismas aspiraciones y el mismo nivel económico y social. La ventaja del grupo es que les da a sus miembros una seguridad, ya que individualmente los pobres se sienten expuestos a todo tipo de peligros. El profesor Yunnus observó que el individuo solo suele ser más imprevisible e inseguro, en cambio en un grupo se beneficia del apoyo y la emulación de todos: el ver que los demás pueden retornar los préstamos es una de las motivaciones más fuertes que tienen, y en muchos casos lo que les anima finalmente a solicitar préstamos al Grameen. También su conducta se vuelve más regular y es, en definitiva, más fiable en materia de préstamos. En el interior del grupo y entre los grupos, además, se instaura un espíritu de competencia sana que incita a cada uno a hacerlo lo mejor posible.

Por otro lado, es mucho más fácil controlar a un grupo que pide un préstamo que hacerlo individualmente. Además, encargar al grupo la tarea del control inicial disminuye el trabajo de los empleados del banco, se reducen los costes y el grupo gana autonomía. Las solicitudes individuales de préstamo deben ser aprobadas por el grupo, que desde ese momento asume cierta responsabilidad: en caso de dificultad, los miembros del grupo se ayudan entre sí. Sin embargo, los créditos se otorgan a los propios individuos: aunque las responsabilidades son compartidas al interior del grupo, cada miembro que pide un préstamo es técnicamente responsable de su propia situación. Cuando alguno tiene dificultades para reembolsar, los miembros del grupo se las arreglan para cumplir los compromisos con el banco. Y es que, como se concebió inicialmente la metodología del Grupos solidario del Sistema Clásico Grameen (SCG), si un miembro no cumple su compromiso, ninguno de los otros puede obtener crédito. Ello hace, por otro lado, que se puedan generar tensiones en el seno del grupo, por ello se ha flexibilizado esta metodología tras más de dos décadas de funcionamiento.

Un aspecto importante para constituir un grupo es que éste se constituya por sí solo, en vez de hacerlo con la ayuda del Grameen. De esta manera, la solidaridad es más fuerte. La otra cara de la moneda es que no es fácil formar un grupo para la persona que desea pedir un préstamo, ya que debe encontrar una segunda persona (ajena a su familia), explicarle cómo funciona el banco y convencerla de que se adhiera al proyecto. Y así hasta 5, siendo uno de ellos el responsable del grupo y otro el secretario. Cuando el banco acaba de instalarse en una aldea, esta tarea no resulta nada fácil. Por lo general, la primera persona está obligada a contactar a muchos, que inicialmente pueden no verlo muy claro.

Una vez formado el grupo, sus miembros –aspirantes a recibir un préstamo- deben seguir un curso de formación que le permite comprender cómo funciona el banco. A continuación, los 5 miembros del grupo son sometidos, separadamente, a un test. Dado que la mayoría no saben leer ni escribir, no hay examen escrito. Lo que tienen que hacer es probar que saben de qué están hablando. Si un cliente potencial no responde satisfactoriamente, el empleado del banco pide al grupo que empiece todo otra vez. Este proceso de selección proporciona la seguridad de que sólo los más desesperados y los más tenaces formarán parte del Grameen. Introduciendo una cierta dificultad se pretende que los miembros tengan que superar dificultades y frustraciones, de modo que sólo los más decididos terminan siendo clientes del Grameen. Esta no supone una forma de discriminación entre pobres: los primeros de una aldea en enrolarse suelen tener más coraje y ambición, luego, cuando han demostrado sus capacidades gracias al microcrédito, es más fácil que los vecinos les emulen.

2.2. Sistema de reembolso

Los préstamos se conceden a sus miembros siguiendo unas reglas y un orden prefijado de antemano. Después de otorgar un préstamo a uno de sus miembros, se extiende el crédito a dos miembros más. Si los tres prestatarios reembolsan regularmente durante las 6 semanas siguientes, los otros 2 miembros acceden al crédito, siendo el responsable del grupo el último en ser beneficiado.

El sistema de reembolso del Grameen se ha mostrado un sistema efectivo atendiendo a la elevadísima tasa de retorno de las prestatarias (superior al 98%), mérito que se acrecienta si se tiene en cuenta el número de clientes a los que se sirve en la actualidad (3,12 Millones). La principal causa de atraso en los pagos son los problemas de salud (44% de los incumplimientos) y por ello que el Grameen estableció un programa de salud que ha conseguido ser autosostenible. El programa actúa como un seguro médico y proporciona servicios de salud y planificación familiar a los miembros y a los no miembros del Grameen, que pagan montos mayores. Obviamente, este tipo de iniciativas tan sólo la pueden emprender IMFs con un gran número de clientes, que es lo que necesita el negocio del seguro para ser sostenible.

El Grameen aspiró siempre a la mayor sencillez de funcionamiento, desarrollando un sistema de reembolso que con el tiempo se ha ido mejorando. La variación más significativa se produjo en Abril de 2002, con la transformación que dio lugar al Grameen Bank II y su Sistema Generalizado Grameen (SGG). El sistema de Reembolso Clásico Grameen (SCG) consistía en un conjunto de reglas fijas, sencillas de comprender para todo el mundo. Eran las siguientes:

a) La devolución del préstamo se hace a lo largo de un año, sin opción de un plazo distinto. El motivo de esta decisión fue facilitar la contabilidad y hacer los cálculos de los préstamos tomando como base los 365 días del año, de lo cual se obtiene una cantidad muy ínfima por día, psicológicamente fácil de satisfacer para las prestatarias. De esta manera, un préstamo de 365 Takkas podía ser reembolsado pagando un takka por día durante un año.

b) Las cuotas a devolver consisten en entregas semanales de un monto fijo. Esta característica es de suma importancia y supone un cambio radical con respecto a la manera en que se devolvían los préstamos hasta entonces en los bancos tradicionales y en las cooperativas de crédito. Éstos pedían siempre el reembolso de una vez. Muhammad Yunnus observó que esto era un error, ya que la obligación de efectuar un solo pago al final del crédito no estimula a nadie a separarse de una suma importante de dinero. En consecuencia, mucha gente optaba en este sistema por no pagar. En el Grameen se decidió hacer lo contrario: establecer un gran número de cuotas regulares, de manera que los pagos serían tan ínfimos que quien pidió dinero ni siquiera se daría cuenta del pago. Era una manera de superar el bloqueo psicológico que representa el hecho de desprenderse de tanto dinero. Además, con el sistema de pagos cotidianos el control es más fácil y se sabe inmediatamente quién cumple y quien se retrasa. Otra ventaja importante de este sistema es que desarrolla cierta disciplina en gente que jamás había pedido un préstamo y les demuestra que pueden hacerlo. No existe ningún programa de microcrédito que no haya adoptado esta metodología.

Combinando la primera y segunda regla (un año de duración y cuotas semanales) se deduce que cada cuota semanal representa un 2% del total del préstamo, durante 50 semanas, hasta completar el 100% del préstamo más sus intereses.

c) La tasa de interés se fija en un 20% fijo y se aplica al principal del préstamo como interés simple. Es un interés no subvencionado que equivale al de mercado.
d) No se establece ningún compromiso jurídico entre el banco y sus clientes, ya que el vínculo reposa en la confianza. De hecho, el fundamento de la palabra “crédito” es “confianza”, aunque el sistema bancario tradicional construyó su institucionalidad en el curso de los años sobre la base de la desconfianza mutua.
e) Existe un componente de ahorro obligatorio, concretamente el 5% de los préstamos se destina a un Fondo Grupal. Esta cantidad se descuenta al concederse el préstamo y supone un volumen de fondos muy importante, que permite al banco servir importantes servicios financieros (como seguros) y tecnológicos (telefonía móvil, energía solar, promoción de la energía mecánica para apoyar la mano de obra) en aras a formar capital humano.

Durante 25 años, el Grameen funcionó con este conjunto bien definido de reglas estandarizadas, del que no estaba permitido hacer modificaciones. Una vez que una prestataria se salía de los límites, le resultaba muy difícil volver atrás, pues las reglas que le hubieran permitido volver no podían ser cumplidas con facilidad. Por ello, en Abril de 2002 entró en marcha un nuevo sistema más flexible, que incorporaba las lecciones aprendidas y las aspiraciones acumuladas en el cuarto de siglo de operaciones del Grameen. El proceso de diseño de esta nueva metodología –denominada Sistema Generalizado Grameen- comenzó formalmente en abril del 2000 y en todas las etapas de diseño del producto participaron activamente los 12.000 miembros del personal. Se ha de señalar que las propietarias mayoritarias del banco (los 3,12 M de clientes) no participaron en la redefinición ni lo hacen en la gestión del banco, como sucede en organizaciones locales más sencillas y pequeñas como son los Bancos Comunales.

El sistema clásico es aún una metodología válida que ha demostrado su capacidad para acceder al microcrédito en múltiples países, en cualquier tipo de economía y cultura. Ha cumplido una tarea nada desdeñable: convertir el microcrédito en un negocio serio. Para ello se ha utilizado una metodología tipo “talla única”, lo cual otorgaba al SCG la simplicidad necesaria para la implementación de una idea que era totalmente desconocida para el mundo. En la actualidad el microcrédito ha madurado y, según Yunnus, el mundo está preparado para asimilar una metodología que puede proveer crédito hecho a la medida para los pobres27.

Por ello, el SGG otorga préstamos a cualquier plazo y rompe con la regla fija de un año de duración. Las cuotas siguen siendo periódicas y frecuentes, pero no han de ser necesariamente fijas, sino que su cuantía puede adaptarse al calendario de disponibilidad del cliente: por ejemplo, una prestataria puede pagar más cada semana durante la temporada alta de su negocio y pagar menos durante la temporada baja. De todas maneras, el SGG puede ser, en su forma más reducida, tan simple como el SCG, que fue diseñado para ser operado en forma mecánica (1 año, 50 cuotas fijas). El SGG permite al personal ser creativo, de manera que pueda diseñar su producto crediticio para que se ajuste de la mejor manera a su cliente, en términos de duración, plazo, calendario de pagos, etc. El tipo de interés, por su parte, sigue siendo del 20% para actividades generadoras de ingreso, un 8% para créditos de vivienda y un 5% para créditos de educación superior.

2.3. El préstamo flexible

Sin duda la característica más relevante en el sistema de reembolso del SGG es la flexibilidad. Con la introducción del concepto de préstamo flexible se remueven los cimientos metodológicos del grupo solidario creado por el Grameen. La idea es reafirmar la creencia de que la gente pobre siempre paga sus deudas, aunque en algunas ocasiones puede tomarle más tiempo del que se estipuló originalmente. En el sistema anterior, el grupo respondía solidariamente por el que no podía pagar sus cuotas durante un tiempo, pero en caso de impago prolongado, el moroso tenía que abandonar el sistema. En el fondo se seguía un método de penalización un tanto injusto –más propio de la banca tradicional-, que con el nuevo sistema se ha corregido. Yunnus y su personal reflexionaron sobre esto y llegaron a la conclusión de que no había razón para que una institución de microcrédito, dedicada a proveer servicios financieros a los pobres, se sintiera presionada porque un prestatario se retrasara en el reembolso. No es lógica la tensión entre el banco y los prestatarios, o entre los miembros del grupo, para tratar de evitar que alguien se convierta en moroso, lo cual puede suceder, dado que muchas cosas negativas pueden pasarle a una persona durante el lapso de tiempo del préstamo. Después de todo, las circunstancias están fuera de control de la gente pobre. Si el prestario paga un interés adicional por el tiempo extra, no hay razón para penalizarle, en un sistema maduro como es el Grameen. Se gestiona, en definitiva, la morosidad de forma nopunitiva y como parte de la realidad del negocio, ofreciendo a los prestatarios morosos serlo de forma voluntaria (no cambiarse al flexipréstamo) o involuntaria (no poder pagar el flexi-préstamo). En cualquier caso, queda siempre la puerta abierta al crédito, siempre que se liquiden las deudas pendientes. Éstas se dan de baja como parte de la prudencia financiera, pero el monto no es olvidado ni perdonado para acceder a nuevo crédito.

Así pues, el SGG ofrece un arreglo muy conveniente para los retrasos en los reembolsos: el préstamo básico tiene una opción de salida, una ruta alternativa a cualquier prestatario que lo necesite, sin hacerle sentir culpable por haber fallado en el cumplimiento de sus obligaciones en el préstamo básico. Esta ruta alternativa se hace a través del préstamo flexible, que es un préstamo renegociado entre el banco, el grupo y el prestatario, con un calendario de pagos diferente, que le permite continuar dentro del sistema, pero a una velocidad menor, consistente con su situación. No se trata de un préstamo independiente, sino de un desvío temporal del préstamo básico en que se reducirá el importe de las cuotas de acuerdo a sus posibilidades de pago, extendiendo el plazo del préstamo.

Desde el punto de vista financiero, el SGG utiliza mecanismos de control rigurosos, definiendo la morosidad de forma estricta. Si una prestataria deja de pagar sus cuotas por diez semanas consecutivas o si deja de pagar el monto total adeudado por un lapso de seis meses y no se cambia al préstamo flexible, se la considera morosa. Al convertirse en morosa, se debe hacer una provisión correspondiente al 100 por ciento del saldo no pagado de capital e intereses. Exactamente un año después, ese monto debe ser dado de baja. Las deudas serán dadas de baja mensualmente, en lugar de hacerlo al cierre anual, como sucedía son el sistema clásico. Se aplicará la misma política para el caso de prestatarias que tengan préstamos flexibles. Se hará una provisión correspondiente al cincuenta por ciento del saldo total de préstamos flexibles y su interés acumulado al cierre anual, que será del 100% al cierre del segundo año.

El prestatario tendrá que realizar esfuerzos permanentes para retornar al préstamo básico, porque con el flexi-préstamo podrá trabajar solamente desde una perspectiva no-expansionista, que significa que podrá solicitar solamente el mismo monto o montos inferiores en cada ciclo. Un fuerte desincentivo para que la prestataria opte por el desvío de un flexipréstamo es que el abandono de la “autopista” del préstamo básico le significará perder el tope de sus préstamo, logrado por ella a través de los años. Tanto en el préstamo básico como en el flexible, puede acceder a un nuevo préstamo cada vez que complete un segmento de seis meses de su calendario de pagos.

Al proveer esta ruta de salida para las prestatarias, el SGG ha introducido un cambio dramático en la situación. Ahora tanto el banco como las prestatarias morosas están más libres de tensión por no poder pagar ante ellas mismas y ante el grupo. Nadie tiene que ver al otro con sospecha, cosa que sucedía cuando había retrasos, sino que la solidaridad grupal es utilizada para acciones conjuntas con perspectiva futura, para construir cosas para el futuro, en lugar de orientarse a la desagradable tarea de ejercer una presión nada amistosa sobre una amiga. Por lo tanto, el gran éxito del SGG es que ofrece un microcrédito más libre de tensiones.

3. Organización

La organización del Grameen depende de la oficina central, ubicada en la capital de Bangladesh, Dakka. Desde allí se controla el funcionamiento de las sucursales (en 2003 existían 1.195), que se agrupan en zonas geográficas. Por debajo de las sucursales se encuentran los centros (74.703 en 2003), que aglutinan 8 Grupos Solidarios de 5 miembros cada uno. El objeto de los centros es desarrollar las conductas de grupo y mejorar las técnicas de ayuda mutua; se reúnen semanalmente en presencia de un empleado del banco. Si un grupo tiene problemas con un miembro que no puede reembolsar, el centro puede ayudar a encontrar una solución. El centro elige un director y un director adjunto, por un año de duración no renovable. El personal del Grameen está compuesto por 12.000 trabajadores bancarios especialmente seleccionados. La gestión del banco, por lo tanto, la ejerce el personal especializado, no los propios clientes. Este personal visita las aldeas que se hallan en su zona de influencia para difundir los objetivos del banco e identificar posibles candidatos.

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Marc Soler Castelló

Economista egresado de la Universidad de Barcelona y es máster en Desarrollo Internacional por la Universidad Politécnica de Catalunya/Setem. Actualmente es consultor en microfinanzas internacionales. Asesor Financiero, Comercialización y Exportación de la Microempresa Proyecto Cultural el Sitio-INCUBA

marcsolcasarrobayahoo.es

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