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Por tanto, la Comunicación Organizacional se ha convertido en una
herramienta de gestión y de sostenibilidad de un discurso compartido que
refuerza la capacidad de influencia de la dirección en sus diferentes
niveles, mejorando el grado de comprensión y de compromiso con las
estrategias, ayudando a consolidar decisivamente en la Organización el
logro de sus objetivos. La Comunicación Organizacional está compuesta
por un sinnúmero de elementos, tanto internos como externos, que
desarrollándolos, constituyen la plataforma vital donde descansa la
imagen.
Trelles (2002), después de analizar los aportes de los estudiosos de la
Comunicación Organizacional (Villafañe 2000, Lucas Marín 1997, Fernández
Collado 1997, Gaudencio Torcuato 1988, Daniel Katz, Robert Kahn 1979,
entre otros) coincide en plantear que la utilidad de la Comunicación
Organizacional está dada por las funciones que realiza en la
organización, y se adscribe al criterio de Fernández Collado cuando
expone que existen tres tipos de funciones un poco más generales y más
cercanas a la esencia de este disciplina:
· La función descriptiva, que investiga y expone el estado de los
procesos comunicativos, o la concepción de las situaciones en los
diferentes ámbitos de la Organización.
· La función evaluadora, que explica las razones por las cuales los
diferentes ámbitos actúan de la manera en que lo hacen, es decir, es la
ponderación de los elementos que influyen en los procesos
comunicacionales que se están produciendo.
· La función de desarrollo, que analiza como reforzar aquello que ha
sido evaluado como acertado y mejorar lo que fue considerado erróneo,
proponiendo además la forma de realizarlo.
De la misma manera diferentes escuelas y enfoques han predominado en
esta disciplina en lo concerniente a la organización de los procesos
comunicativos. Entre ellos se cuentan: el enfoque mecánico, el
psicológico, el sistémico y el simbólico interpretativo.
En el enfoque mecánico, dado un suceso se podría predecir su
consecuencia por lo que se puede considerar la comunicación como un
encadenamiento de causas y efectos donde se da gran importancia a la
transmisión de un mensaje de un emisor a un receptor, los cuales se
encuentran separados y sin contacto inmediato.
Al mismo tiempo se sobrevalora al emisor, la retroalimentación se
torna escasa, y existe un alto riesgo de distorsión de los mensajes.
Al despersonalizarse la comunicación en este tipo de enfoque se crean
barreras entre los miembros de la organización. Codina (2000), a partir
de la experiencia obtenida de los cursos y talleres impartidos,
consultorías y eventos de carácter nacional así como de investigaciones
realizadas en otros países, nos refiere sus criterios y plantea que el
enfoque mecánico con un flujo de comunicación vertical descendente no es
suficiente para garantizar una dirección efectiva. Comienza a analizar
un nuevo campo de trabajo con el objetivo de diseñar un programa de
desarrollo de habilidades interpersonales que el directivo tiene que
aplicar en todas las esferas en que desarrolla su actuación.
Para ello enumera diez habilidades principales que deben poseer los
cuadros cubanos, la segunda de ellas se refiere a las comunicaciones
interpersonales. En su decir “…en cualquier actividad seleccionada y
bajo el enfoque que se analice (funcional, roles, u otros), el trabajo
del directivo transcurre en un proceso constante de recepción y
transmisión de información, lo que supone una relación permanente de
comunicación”.
Más adelante refiere: “En su comunicación “hacia fuera” de la
organización, el directivo establece un puente entre su entidad y el
entorno, establece relaciones, facilita procesos, recibe
retroalimentación sobre la percepción que existe del trabajo de su
entidad, identifica oportunidades que puede aprovechar, y amenazas para
las que deberá prepararse. En fin, recibe un conjunto de informaciones
que le permiten establecer estrategias, modificar decisiones,
identificar nuevos cursos de acción. En su comunicación “hacia dentro”,
actualiza a sus integrantes sobre nuevas situaciones y enfoques, imparte
instrucciones, identifica preocupaciones de la gente, motiva y ejerce
influencia, controla la interpretación y ejecución de sus decisiones,
educa al personal en los valores y a la cultura que dan coherencia al
colectivo, entre otras cosas”.
En el enfoque psicológico se prioriza al receptor como filtro
conceptual, es decir, como el conjunto de actitudes, conocimientos y
percepciones que tiene el receptor y cómo procesan la información
recibida por lo que tiende a disminuir las funciones de comunicación. Al
analizar este enfoque Trelles (2002) plantea que este abordaje presenta
mayores puntos de contacto con nuestra realidad y nuestras concepciones
humanistas, pero adolece de insuficiente profundización en el enfoque
integrador del colectivo como un todo, cuyo producto último es resultado
del trabajo común, experiencia desarrollada exitosamente en las últimas
cuatro décadas en Cuba que de hecho constituye una importante fortaleza
de nuestros recursos humanos.
La autora anteriormente citada al analizar el enfoque sistémico plantea
que la comunicación asume un rol protagónico, su enfoque es sinérgico y
generalmente la dirección de esta área está estrechamente vinculada a la
máxima dirección de la entidad: se logra un equilibrado uso tanto de
canales formales como informales; balance en la producción de mensajes
es de todo tipo, tanto vinculados a tareas como a aspectos humanos,
flujos de comunicación descendente, ascendente, horizontal y
transversal, donde todos los eslabones están interrelacionados entre sí,
y se garantiza la retroalimentación… Y agrega, La organización funciona
como un subsistema, parte de un conjunto mayor que constituye la
sociedad en general y con los que se encuentra relacionada
dialécticamente ( …) este modo de concebir la organización y la
comunicación dentro de ella, se acerca más a nuestra realidad, pero
resulta incompleto, pues no se tiene en cuenta con la fuerza necesaria
la dimensión cultural presente en todo proceso comunicativo. Resulta muy
lógico su análisis si se tiene en cuenta que la comunicación facilita el
proceso de construcción social de la identidad.
En el enfoque simbólico interpretativo la comunicación fluye en todos
los sentidos en función de la cultura organizacional. Al referirse a
este enfoque Trelles (2002) expresa que La comunicación se asume de esta
manera en organizaciones con un fuerte énfasis en los aspectos
culturales, en las que por lo general se aplican formas de dirección
relacionadas con la administración de símbolos o management simbólico.
Más adelante agrega: … esta manera de entender la comunicación pudiera
constituir un vector decisivo en el desarrollo del perfeccionamiento
empresarial por su influencia en la comprensión de la comunicación como
proceso de implicación a partir de la construcción de significados
compartidos y del logro de un nivel cualitativamente superior en la
participación y la interacción de los trabajadores en empresas de
producción o servicios. Al dirigirse la comunicación en todos los
sentidos ésta ayuda a que los empleados se puedan hacer una
interpretación de la situación de la organización y de su relación con
ella.
En Latinoamérica, según Valle (2003) priman distintos enfoques, el
mecanicista, el psicológico y el tecnócrata cuyo eje central es la
comunicación como estrategia, que se basa en determinar un sistema de
objetivos y criterios de acción destinados a orientar la actividad de la
empresa basándose en aspectos como la reingeniería y la calidad total.
2.1.3 Comunicación organizacional: elementos que la componen.
Los procesos comunicativos en una organización no pueden independizarse,
no pueden dividirse para su estudio si se considera que éstos fluyen
constantemente tanto en la propia organización como de ésta hacia el
exterior y viceversa. De ahí que resulte importante adentrarse en el
análisis de algunos elementos constitutivos del proceso de comunicación
organizacional de acuerdo a los intereses que persigue este trabajo por
lo que los conceptos a tratar serán los públicos internos, externos y
mixtos; comunicación interna y externa; formas y canales de la
comunicación y flujos de los mensajes.
2.1.3.1 Públicos
El concepto de público según Trelles (2002) presenta sensibles
variaciones de un autor a otro.
En su acepción más general, se refiere al conjunto de personas con
intereses comunes a quienes van dirigidos los mensajes que genera la
organización, donde al decir de la Kotelchuk (2004) están estrechamente
relacionadas entre sí por intereses y afinidades que le son comunes y
que comparten un sentimiento de solidaridad hacia el grupo de trabajo y
la institución en general. Los autores mencionados coinciden con lo
expuesto por Muriel y Rota (1980) y Trelles (2003) cuando refieren que
son conjuntos de individuos unidos entre sí temporal o permanentemente
en función de un interés común (…) se trata de todos aquellos individuos
vinculados en mayor o menor grado a la institución, a la que afectan o
por la que son afectados, en función del logro de los objetivos de
ambos. Estos públicos, atendiendo a la implicación de los que lo
conforman pueden ser definidos como internos, externos y mixtos.
Con relación al público interno, Escobar (2003) refiere que es el grupo
de personas que conforman una institución y que están directamente
vinculada a ella. Se puede argumentar entonces que es el grupo de
personas que conforman la organización y que están directamente
vinculadas a ella, implicados con su misión, visión y conscientes de que
el logro de los objetivos y supervivencia organizacional depende de sus
personas.
Benítez (2003) refiere que en función del nivel jerárquico y de
autoridad y responsabilidad que cada componente individual ocupa en la
estructura organizativa del sistema, estos públicos internos a la vez se
subdividen en directivos o jefes de nivel medio y superior y empleados
de manera general o subordinados.
Para Muriel y Rota (1980) el público externo son todos aquellos
individuos o sistemas sociales que forman parte del medio ambiente
externo del sistema institución y que lo afectan y/o son afectados por
él, en mayor o menor grado, en función del logro de los objetivos de
ambos (institución y públicos). Por su parte Escobar (2003) señala que
el público externo está determinado por las personas que tienen alguna
relación con la institución, sea ésta geográfica, de productos o
servicios. Del análisis de ambas definiciones se obtiene que el público
externo está integrado por todas aquellas personas que tienen relación
con la organización y que permite el desenvolvimiento de ambos.
Trelles (2002) plantea que el público mixto es aquel que sin ser parte
integrante totalmente de la empresa, desempeña un papel tan importante
en el desenvolvimiento de la institución que pudiera diferenciarse del
resto de los públicos externos (...). Tal sería el caso de los
familiares de los trabajadores, en casos en que exista un estrecho
vínculo entre ellos y la entidad (…). O el caso de entidades que dedican
especial atención a los familiares de los trabajadores… Se pudiera
agregar a esta definición, en el caso que nos ocupa, como centro
docente, que tal sería el caso de los estudiantes que permanecen en la
institución por largos períodos de tiempo a los que se le dedican
especial atención. Kotelchuk (2004) señala que este tipo de público
ocupa una posición intermedia respecto de las posiciones extremas entre
el público interno y el público externo por lo que se inserta a los
estudiantes del Sistema Piramidal Modular como público mixto.
El trabajo mancomunado de todos los públicos de la organización
facilitará a la misma lograr los objetivos propuestos.
2.1.3.2 Ámbitos de la comunicación organizacional
2.1.3.2.1 Comunicación interna
En torno a la comunicación interna Trelles (2001) cita a Kreps y refiere
que la comunicación interna es el patrón de mensajes compartidos por los
miembros de la organización; es la interacción humana que ocurre dentro
de las organizaciones y entre los miembros de las mismas. Esta está
determinada por la interrelación de los procesos comunicativos de las
personas que integran la organización por medio de la cual las personas
acopian la información necesaria, tanto para su propio desempeño como
para el organizacional. Se infiere entonces que es todo el proceso de la
comunicación que se produce dentro de la institución y entre sus
actores, dígase trabajadores, directivos de todos los niveles o los
diferentes dispositivos existentes o creados por la institución para su
funcionamiento.
En la comunicación interna los procesos comunicativos transitan por vías
formales, es decir, aquellos eslabones vinculados con la organización
formal de la organización expresada en el organigrama de la empresa, se
le llama comunicación formal, y si en cambio, la interrelación entre los
públicos internos se produce en virtud de lazos de afinidad, simpatía,
familiaridad, de manera independiente de los lugares que los
protagonistas de la comunicación ocupan en el organigrama, estaríamos en
presencia de lo que se denomina, comunicación informal, Benítez (2003).
Goldhaber (2000) señala que la comunicación puede establecerse de manera
directa, entre dos personas, es decir, la que se desarrolla entre el
emisor y el receptor o receptores en forma personal, con o sin ayuda de
herramientas. Cuando la comunicación se realiza entre más de dos
personas se le denomina comunicación grupal. La comunicación no es
personal cuando se utilizan medios para realizarla y se le denomina
comunicación mediática.
Según García (2000) se denomina comunicación Indirecta a aquella donde
la comunicación está basada en una herramienta o instrumento ya que el
emisor y el receptor están a distancia. La comunicación indirecta puede
ser personal o colectiva. La primera se desarrolla con la ayuda de una
herramienta o instrumento (teléfono, comunicación impresa, correo
electrónico, chat, a través de Internet, intranet, etc.), la segunda
cuando el emisor se comunica con un grupo de receptores ayudado por una
herramienta o instrumento (mass media). A este tipo de comunicación se
le conoce también como comunicación social o de masas.
Trelles (2000) al referirse a la comunicación formal expresa que es la
que sigue las líneas del organigrama que nos da una visión clara de los
cauces de traslado de información planeados para la organización (…) se
manifiesta continuamente de muchas maneras, de forma muy concreta en los
rumores, que continuamente funcionan en la organización en un flujo
incontrolado. Se deduce de lo antes expuesto que en la comunicación
formal los mensajes transitan siguiendo los canales oficiales
establecidos por la organización.
2.1.3.2.2 Redes y flujos de comunicación organizacional
Redes de comunicación se le denomina al flujo de mensajes que los
diferentes individuos que componen una organización emiten.
En las organizaciones los mensajes fluyen a través de dos tipos de redes de comunicación: las redes informales y las formales. Las primeras son las libres expresiones y manifestaciones de los trabajadores, no controlados por la dirección (Torcuato 1986) citado por Benítez (2003).
Este tipo de mensajes, generalmente, carecen de estructura y siguen
caminos diferentes por lo que pueden dar margen a la creación de otras
redes. En las redes formales los mensajes transitan por los canales
establecidos oficialmente, es decir, la que está explicita en el
organigrama de la organización.
En cuanto a los flujos, si los mensajes provenientes de alta dirección y
se dirigen a los subordinados estamos en presencia de un flujo
descendente de comunicación. Katz y Kahn, citados por Trelles (2002),
identifican cinco tipos de comunicación descendente: de instrucciones
laborales, vinculadas a orientaciones en torno a procedimientos y
normas; explicación razonada de las tareas que apuntan a la
interrelación y razón de ser de grupos diferentes dentro de la
organización y busca objetivos integradores; procedimientos y prácticas
relacionados con políticas y normas, regulaciones, etc., de la
organización; retroalimentación, de elogio a los resultados de trabajos
de empleados; por último, motivación en función de objetivos, que
explican la misión y razón de ser de la organización y cómo se integran
las diferentes áreas de la organización en el logro de objetivos comunes
.
Cuando los mensajes transitan de la base a la superestructura, es
decir, de los empleados a los superiores, estamos en presencia de una
comunicación ascendente. Este tipo de flujo de comunicación tiene gran
importancia ya que permite conocer el nivel de recepción de mensajes de
instrucción de tareas u otros que los empleados envían a la estructura
de mando de la organización.
Si el intercambio de mensajes se da entre colegas de un mismo rango,
estamos en presencia de un flujo de comunicación horizontal y entre sus
propósitos está el establecimiento rápido de coordinaciones para la
realización de tareas en las que confluyen más de un área o departamento
Trelles (2002).
Al flujo comunicativo en todos los sentidos y desde todos los niveles se
le denomina comunicación transversal. Este tipo de flujo permite la
participación de todos los miembros de la organización, teniendo en
cuenta la opinión de todos para la toma de decisiones.
Goldhaber (2000) expresa que los mensajes se derivan de la información y dentro de cualquier sistema hay más información que la que perciben sus miembros (…) por lo que los mensajes están compuestos por símbolos, tienen un significado que debe ser compartido por quien lo envía (emisor) y quien lo recibe (receptor). El autor citado a principios de párrafo los clasifica como:
Mensajes de tarea: son los que están relacionados a los propósitos
organizacionales y tienen la misión de informar a los empleados sobre el
qué, cómo y cuándo hacer su trabajo en consecuencia con los objetivos
estratégicos organizacionales.
Mensajes de mantenimiento: son los destinados a normar, reglamentar,
controlar e incentivar el cumplimiento de los anteriores.
Mensajes humanos: son los encargados de transmitir al personal el
reconocimiento y estimulación, tanto de desde el punto de vista laboral
como sentimental por lo que la relación interpersonal se incrementa
positivamente.
2.1.3.2.3 Comunicación externa
La comunicación externa según Trelles (2002) es aquella que la
organización establece con los públicos externos, es decir, se trata de
la interrelación de los elementos constituyentes del entorno interno,
con los que existen en el entorno externo, de manera particular, o de
manera general, como la representación de un todo. Bartoli, citado por
la autora antes mencionada, señala que la comunicación externa abarca
varias dimensiones: la externa operativa de los miembros de la empresa
con los distintos asociados o interlocutores; la externa estratégica que
radica en la constitución de una red de búsqueda de información
estratégica para la empresa, y lo que denomina información externa de
notoriedad, en la que ubica a la publicidad, comunicación promocional,
etc. Se puede señalar que la operativa es aquella comunicación necesaria
para la supervivencia de la organización que se establece entre el
entorno interno y externo.
La comunicación externa estratégica presenta dos aristas, por una parte
trata de identificar y establecer vínculos con entidades consideradas
claves para que la organización pueda desempeñar su rol y por otra trata
de gerenciar los recursos de información estratégica externa con el fin
de conocer y analizar la competencia.
La información externa de notoriedad es a la que comúnmente se le
denomina comunicación externa y puede aparecer de diferentes formas,
entre las que están la promoción, la publicidad, el patrocinio, las
puertas abiertas, entre otras.
Trelles (2001) citando a Bartoli señala que entre las formas de
comunicación externa más importantes se encuentra la comunicación
directa de los empleados en su cotidianidad, para lo cual debe “saber”,
lo que implica un buen nivel de comunicación interna; debe estar
convencido, lo que implica coherencia entre el discurso y las acciones
concretas y la motivación o deseo de comunicar sobre su empresa, lo cual
supone determinado sentimiento de pertenencia. Lo expuesto por Bartoli y
reconocido por Trelles induce a reconocer la importancia de la
integración de la comunicación interna y externa así como la de los
públicos internos y externos en pos de un enfoque sinérgico que
contribuya al éxito organizacional.
Tanto en la comunicación interna como la externa se establecen
interrelaciones de dependencia. En la medida en que el público interno
se sienta informado se motivará a desarrollar el deseo de comunicar
sobre su empresa sus logros, sus metas, sus valores y por ende reforzará
la imagen que el público externo tenga de la organización. Este público
externo definido por Muriel y Rota (1980) son aquellos individuos o
sistemas sociales que forman parte del medio ambiente externo del
sistema institución y que lo afectan y/o son afectados por él, en mayor
o menor grado, en función del logro de los objetivos de ambos
(institución y públicos).
2.2.1 Las TICs para la comunicación organizacional.
En párrafos anteriores se hizo referencia a la importancia de la
comunicación en el interior y hacia el exterior de la organización. Es
por ello que reviste gran importancia analizar uno de los paradigmas
actuales de los sistemas de difusión de información en entornos
corporativos: la aplicación de la gestión tecnológica.
La gestión tecnológica es entendida como la actividad organizacional
mediante la cual se definen e implantan las Tecnologías de la
Información y las Comunicaciones (TICs) para lograr los objetivos y
metas de la empresa en términos de calidad, efectividad y
competitividad.
Garillete (2001) señala que las empresas y organizaciones de todo tipo
han emprendido un uso intensivo de la tecnología internet en sus
negocios y operaciones. Por lo que la revolución en la comunicación por
vías electrónicas es un hecho. La industria de ordenadores ha mostrado
un progreso espectacular en muy corto tiempo y el viejo modelo de tener
un solo ordenador para satisfacer todas las necesidades de cálculo de
una organización ha sido reemplazado con rapidez por otro que se
considera un número grande de ordenadores separados, pero
interconectados, que efectúan el mismo trabajo que, al decir del
Garillete constituye un recurso dinamizador de la organización.
La Intranet corporativa es el resultado de la utilización, aplicación e
implantación de tecnologías de Internet que accede y enlaza los sitios
web dentro de una organización y tiene como objetivo mejorar la
comunicación empresarial. Se ha convertido en un desarrollo tecnológico
vital, como medio natural de diseminación de una red interna y externa
de conocimientos para la empresa del Siglo XXI.
De hecho constituye un canal comunicacional bidireccional porque
permite a los trabajadores acceder a toda la información relevante de la
entidad, agilizar la comunicación interna y externa, trabajar en grupo,
acceder en tiempo real a información crítica para la toma de decisiones,
compartir e intercambiar conocimientos y establecer contactos dentro y
fuera de la organización para lograr sus objetivos en términos de
calidad, efectividad y competitividad.
¿Qué ventajas le reporta la intranet corporativa a la comunicación
organizacional?. Aumento de la competitividad y la productividad;
tecnológicas, por la velocidad de la transmisión de la información;
integración de una plataforma sin importar el sistema operativo de los
usuarios; sociocultural con un desarrollo de la organización
inteligente; aumento de la comunicación entre los departamentos;
desaparecen los intermediarios; gran capacidad para compartir los
recursos de la empresa; económica por la reducción de los costos;
gestión tecnológica, será la decisión de la empresa a implantar
tecnología que ayude a lograr sus objetivos y metas con calidad,
efectividad y competitividad. Las redes permiten compartir recursos,
información, aplicaciones y facilitar la comunicación. Las herramientas
más utilizadas en la red son: web, correo electrónico nacional e
internacional entre otros, que permiten la educación a distancia, el
trabajo en equipo, posibilitando acortar las distancias, ahorro de
tiempo y toma de decisiones.
2.3 Definiendo la imagen corporativa.
El término imagen resulta polisémico. En enciclopedias y diccionarios (Encarta 2004, Diccionario Enciclopédico Océano, 2001) encontramos expresiones como son: imagen personal, imagen gráfica, imagen visual, imagen materia, imagen accidental, imagen real, imagen pública, imagen virtual, imagen mental, imagen de empresa, imagen de marca, imagen corporativa, imagen global, imagen depositada, imagen difundida, imagen del espejo, imagen corriente, imagen deseada, imagen corporativa e imagen múltiple, entre otras.
Su origen viene del griego eikon, ícono, figura, representación icónica. Esta definición, únicamente está asociada a lo visual. Se refiere a imágenes sensoriales que son las que llegan a través de la fotografía, logotipos, prensa, brochurs, y otros.
Este lenguaje visual constituye un arma importante para la comunicación de la empresa con sus públicos y, por ende, para la imagen empresarial. Pero estas imágenes externas no constituyen por sí solas la imagen empresarial o corporativa sino que la inducen. Cabe cuestionarse entonces, ¿por qué solamente la inducen? Se analizan entonces varias definiciones de imagen empresarial para argumentar el por qué solamente el lenguaje visual no determina por sí solo la imagen empresarial o corporativa.
Costa (2001) define la imagen de empresa como: la representación en el imaginario colectivo de un conjunto de atributos y valores que funcionan como un estereotipo y determinan la conducta y opiniones de esta colectividad.
Es vista como una representación mental, concepto o idea que tiene un
público acerca de la empresa, marca, producto o servicio. Esta propuesta
tiene como referencia la teoría psicológica de la percepción de la
Gestalt donde se postula que las imágenes son percibidas en su
totalidad, como forma o configuración.
Los psicólogos gestaltistas descubrieron que la percepción es influida
por el contexto y la configuración de los elementos percibidos; se
acentúa el papel del “conjunto” ya que fuera de este pierden todo su
significado.
Esta definición dada por Costa (2001) también está marcada por el modelo
de comunicación de Shannon donde el rol activo lo juega el emisor y el
receptor es el “blanco” sobre el cual recae toda la información emitida
por el primero.
La imagen corporativa, Ind (1992), (…) no es más que la que un
determinado público percibe sobre una organización a través de la
acumulación de todos los mensajes que haya recibido. Es la que tiene un
determinado público sobre la empresa. Estará determinada por todo lo que
haga dicha empresa. El problema que hay que afrontar es que públicos
diferentes interpretarán los mensajes de forma diferente. En esta
definición se enfatiza en aspectos relacionados con el “hacer
empresarial” y con interpretaciones de los mensajes que comunica la
empresa hacia el exterior, es decir, todos los matices culturales
organizacionales.
Villafañe (1993), citado por Trelles (2001), plantea que, la imagen de
una empresa representa un fenómeno intangible, muy poco estable, y
generalmente construido a partir de un proceso de acumulación de input
que, en sí mismo, no será determinante a la hora de adoptar una decisión
de compras o de guiar una elección, pero que, en conjunto, puede llegar
a ser decisivo. Evidentemente Villafañe reconoce la importancia de la
acumulación de mensajes por parte del público para la formación de la
imagen, pero se entiende que descuida la importancia de la misma para
guiar la elección de la empresa por parte del público y acentúa el
carácter dinámico de la misma.
Por su parte Calviño (1999), refiere que El concepto de imagen está
indisolublemente ligado al concepto constructivo central de la ciencia
psicológica: la subjetividad (…) es un cuadro en la cabeza (…) análogo a
la escena real y resultante de la (…) actitud general hacia ese algo. El
profesor apoya todo su análisis en que la imagen es producto de las
representaciones mentales donde confluyen el objeto analizado, las
características psicológicas individuales y las influencias ambientales
cercanas.
En el libro Strategor los autores definen la imagen de la empresa como
el conjunto de representaciones que un individuo se hace de su empresa.
Este colectivo de autores, también, basa su argumentación en la teoría
psicológica de las representaciones sociales. Corriente esta que
reconoce que las representaciones sociales son generadas por los sujetos
sociales mediante la elaboración y producción del contenido social en la
realidad social en la que vive la persona , teniendo en cuenta la
relación que mantiene con ese objeto o fenómeno. Representaciones que al
decir de Fisher (1990) son un proceso de elaboración perceptiva y mental
de la realidad que transforma los objetos sociales (personas, contextos,
situaciones) en categorías simbólicas (valores, creencias, ideologías) y
les confiere un estatuto cognitivo que permite captar los aspectos de la
vida ordinaria mediante un reenmarque de nuestras propias conductas en
el interior de las interacciones sociales
Caruso (2004) expresa que cuando se habla de imagen corporativa de una
empresa no debemos referirnos a la figura material que representa esa
compañía (un símbolo, un logotipo) o a su recuerdo visual, sino a la
imagen mental global que se genera en lo públicos. Y en la construcción
de dicha imagen entrarían en juego otros elementos, además de los
puramente icónicos, tales como el contexto general y específico, las
experiencias previas con la organización y toda la información sobre la
empresa. La figura material evoca, remite a la identidad cultural o
personalidad de la empresa, pero no construye su imagen. Es decir, es un
instrumento en poder de la organización para intentar influir en la
imagen de la empresa, pero no la imagen corporativa. Se concuerda con la
autora cuando hace un análisis integrador de la imagen concibiéndola
como un todo donde entran aspectos generales y específicos, los input
empresariales así como la experiencia.
Al analizar las definiciones antes citadas se puede dar respuesta a la
interrogante formulada al inicio del epígrafe, es decir, al por qué
solamente el lenguaje visual no determina por sí solo la imagen
empresarial o corporativa. Los argumentos se centran en que: la imagen
corporativa se encuentra en la memoria latente y en el imaginario
colectivo, en la imagen mental; los públicos diferentes interpretarán
los mensajes de forma diferente; depende del “hacer empresarial”; se
genera a partir de un proceso de acumulación de input; depende de la
subjetividad, de la disposición del sujeto hacia ese objeto o fenómeno;
constituye un conjunto de representaciones, y por último, recibe
influencia del contexto general y específico.
Costa (2001) plantea que tener una imagen implica la existencia de un
proceso donde existen dos rasgos principales: la duración del proceso,
que está en función de la frecuencia de los impactos recibidos y la
intensidad psicológica de la imagen. Resultante de ambas, aparece como
una nueva dimensión la persistencia de la imagen en la memoria social.
Imagen que podemos pensar que es clara y de por vida, pero una imagen
casi nunca es nítida ni estable, pues constantemente se está
reimpregnando. Así, las imágenes mentales tienden hacia dos formas
principales de evolución: el desgaste y la obsolescencia.
En el primer caso, la imagen mental puede debilitarse progresivamente
por la función del olvido, lo que ocurre cuando se produce un déficit de
estímulos, una incoherencia entre los estímulos recibidos o una escasa
fuerza de implicación psicológica.
Caruso (2004) refiere que con la obsolescencia, la imagen retenida es
excitada y con ella reforzada consecuentemente en el espacio-tiempo y
toma entonces dos caminos alternativos: se consolida en su espacio
mental y hace resistencia con ligeras modificaciones (con lo cual se
convierte en un estímulo predominante sobre la conducta) o la imagen
permanece, pero es fluctuante y evoluciona de modo más paulatino, más o
menos coherente.
La imagen de la empresa es la construcción mental generada en el
individuo a partir de la recepción, análisis y utilización de los input
procedentes del actuar empresarial y de lo que comunica la empresa,
donde influyen las características psicológicas individuales, las
influencias de los grupos de referencia, el estilo de vida del mismo y
que genera una predisposición negativa o positiva hacia la empresa.
Las imágenes mentales atraviesan por dos etapas de formación:
determinación interna y determinación externa. La primera, hace
referencia al proceso mental donde a partir de la información
proveniente del exterior se generan imágenes o representaciones.
En la determinación externa se toman en cuenta las influencias
ambientales exteriores, así como el marco referencial experiencial
individual, es decir, toda aquella información interna y externa que
influirá en que mantenga o modifique las imágenes o representaciones
formadas en el estadío primario. Aquí el individuo comienza a procesar
dos informaciones: la que tiene almacenada como resultante de su
experiencia y la otra es la proveniente del exterior referida al objeto
de análisis y como resultado final obtendrá una imagen mental.
A partir del análisis antes expuesto se obtiene que la disposición del
ser humano como ente organizacional juega un rol importante en la
conformación de la imagen de ahí que se haga necesario enfatizar en la
imagen como actitud. La misma según Costa (2001) tiene los siguientes
componentes y características.
Señala como componentes: cognitivo, emocional y conductual. Con
relación al primero de ellos este autor plantea que es la parte
reflexiva, se refiere a cómo se percibe una organización, integrado a
partir de los pensamientos, creencias e ideas que tenemos sobre ella. El
componente emocional lo concibe como los sentimientos que provoca una
organización al ser percibida. Pueden ser emociones de simpatía,
rechazo, etc. Es el componente irracional, y el conductual referido a la
predisposición a actuar de una manera determinada ante una organización.
Es el componente conativo.
Como características de la imagen como actitud señala: la
direccionalidad, la intensidad y la motivación. La primera refiere que
las personas pueden tener una imagen favorable o desfavorable de la
empresa en dependencia del sentimiento positivo o negativo hacia la
misma. La intensidad, o sea, la dirección de la imagen corporativa puede
ser más o menos positiva o más o menos negativa en los individuos. Por
último la motivación que en la opinión del autor está constituida por el
interés/ intereses fundamentales que llevan a que los sujetos tengan una
dirección y una intensidad determinada de la imagen de la organización.
Costa (2001) señala que la imagen tiene tres dimensiones: autoimagen o
imagen interna, imagen intencional e imagen pública.
Autoimagen es la imagen interna de la organización, que se construye
a partir de la percepción que tiene el público interno de la
institución. La imagen intencional es la que la empresa quiere proyectar
de sí misma a sus públicos. Es la manifestación de su personalidad
corporativa. La empresa puede influir en la misma a partir del análisis
de dos variables: identidad visual de la empresa y comunicación de la
empresa.
La imagen pública es aquella que los diversos públicos se forman de
la organización. La misma se compone del análisis del entorno y de los
medios de comunicación.
2.3.1 La imagen como elemento estratégico empresarial
Caruso (2004) analiza lo planteado por Joan Costa en torno a la
imagen y señala la importancia estratégica de la imagen corporativa en
el éxito de una organización, si se tiene en cuenta que es una temática
que va en creciente ascenso entre los empresarios de éxito. De ahí que
se señalen dos elementos a tener en cuenta: la actuación planificada y
coordinada para lograr que los públicos de la empresa tengan una imagen
corporativa que se corresponda con los intereses y deseos de la entidad
y que facilite y posibilite el logro de sus objetivos y, por otra parte,
el diseño e implementación de un plan estratégico de imagen corporativa.
Más adelante la autora antes citada expone que lo primero que deberá
hacer la organización, es un análisis interno donde analice y clarifique
qué es, qué hace y cómo lo hace. Este análisis interno tiene dos
propósitos, el primero, identificar y colectivizar, los elementos
culturales que contribuyen a definir la identidad corporativa de la
organización: cuál es la situación actual de la identidad, identificar
los aspectos que definen las características particulares de la entidad
y establecer cuáles son las creencias y valores fundamentales de la
organización. El segundo propósito se refiere a buscar los mecanismos de
cómo comunicar esa identidad a los diferentes públicos, por medio del
análisis de su comunicación corporativa.
A través del primero, es decir, la identificación, se definirá la
sustancia real: la identidad corporativa. Luego, para que ésta se
transforme en imagen, deberá precisarse en hechos y mensajes que serán
contenidos en el plan de comunicación por lo que deben cuidarse las
fuentes primarias de comunicación que intervienen en la formación de la
imagen: lo que comunica con su actuar diario la organización en sí
misma; los medios de comunicación tanto internos como externos; y los
sujetos externos que pueden o no haber tenido una relación directa con
la empresa.
Se coincide con el análisis de Caruso (2004) cuando expresa que
existen cinco factores que dan lugar al imagen: la historia de la
empresa si se conoce; lo que la organización ha comunicado
intencionalmente; lo que la organización ha comunicado sin intención; lo
que otras empresas con igual objeto social o no han dicho o escrito
sobre la empresa, y lo que dicen de la empresa aquellas personas con
algún grado de influencia.
2.3.2 Identidad, cultura, imagen y comunicación. Su interrelación en
la organización.
En el último decenio del siglo XX y en los cuatro años que lleva el
actual siglo muchas organizaciones han reconocido la importancia de
imbricar a la comunicación dentro de sus planes corporativos, es por
ello que muchos ya han denominado plazas que están dedicadas a armonizar
la comunicación con sus públicos, aunque reconocen que es un trabajo
propio de todo el equipo de trabajo de la organización.
La comunicación y la imagen son temas a los cuales hemos dedicado
ya parte de nuestro análisis en el trabajo que nos ocupa. La primera es
reconocida como eje central de todo el desarrollo organizacional, por
medio de ella los públicos tanto internos como externos son capaces de
identificar los matices organizacionales: identidad, cultura y, por
ende, éstos contribuyen a la conformación de la imagen única que
pretenden nuestras organizaciones.
Someramente se hace referencia a los términos identidad y cultura
organizacional.
La identidad organizacional según (Cardoso, 2004) no es más que el
conjunto de rasgos que la caracterizan o distinguen, y la diferencian de
otras de similar o distinta categoría.
Por su parte Santana (2002) la define como las características o
atributos que diferencian a una organización de otra, independientemente
de cómo sean percibidas en sus contextos interno y externo a partir de
los mensajes recibidos por sus públicos.
Del análisis de lo enunciado por los autores podemos concluir que
cuando se habla de identidad se refiere a lo distintivo, lo sui generis,
lo que distingue a la organización de las demás.
Por su parte el término cultura organizacional se define, según
Schein (1995), a un modelo de presunciones básicas –inventadas,
descubiertas o desarrolladas por un grupo dado al ir aprendiendo a
enfrentarse con sus problemas de adaptación externa e integración
interna- que hayan ejercido la suficiente influencia como para ser
considerados válidos y en consecuencia, ser enseñados a los nuevos
miembros como el modo correcto de percibir, pensar y sentir esos
problemas.
El término está asociado a todos los mecanismos de actuación que
tiene implementada la empresa y que le han resultado efectivos en el
desempeño empresarial. Lo que nosotros hemos denominado en algún momento
de nuestro análisis teórico como el “hacer empresarial”.
Desde nuestro punto de vista todos los rasgos identitarios de la
empresa van a formar parte de su cultura organizacional, lo que se
tendrá en cuenta por los públicos de la empresa para la configuración de
la imagen empresarial.
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MSc. María Luisa García Cecilia
Master en Ciencias de la Comunicación, 2005. Licenciada en Información Científica, Universidad de La Habana, 1978. Profesora auxiliar adjunta de la Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana. Especialista en servicios, procesamiento y análisis de información del Centro de Información y Documentación Turísticas de la de la Escuela de Altos Estudios de Hotelería y Turismo. Años de experiencia en la especialidad 35 años. Cuba, Ciudad de La Habana
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