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¿ALGUIEN QUIERE APRENDER?

Autor: Gustavo Alonso

Gestión del conocimiento

11-2006

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Introducción

Muchos de nosotros nos hemos entusiasmado demasiado, al menos por un
momento, cuando viendo "The Matrix" (la primera de la saga) nos
sorprendimos y esperanzamos al mismo tiempo con la escena "El
entrenamiento": aquella en la cual Neo recibía clases de Jujitsu, Kung-Fu y
hasta "boxeo borracho", mientras su cuerpo descansaba en un sillón... Por
un momento nos imaginamos la posibilidad de adquirir conocimientos o
nuevas habilidades con tan solo "instalarnos" un programa, sin la necesidad
del esfuerzo, dedicación y "pérdida de tiempo" que demanda cualquier
proceso de aprendizaje.

Y otro caso es el que podemos observar en cualquier aula de cualquier
universidad, donde en cada examen permanece siempre latente la
posibilidad de sorprender a algún alumno mirando la hoja del compañero/a,
cuando no valiéndose de algún "ayuda memoria" (machete, bah). Y eso que
estamos hablando de la formación profesional, ¿no? Aquella que uno eligió
porque le gusta, por vocación o por cualquier otro motivo... Suponíamos que
esta etapa de formación podía ser afrontada con mayor responsabilidad.

La paradoja parece instalada: todos queremos "saber", pero,
aparentemente, resulta mucho más cómodo cuando no se necesita
"aprender" para lograrlo, ¿entonces?

Veamos...


La relación alumno-aprendizaje

Vaya uno a saber porqué, desde niños comenzamos a vivir las experiencias
del jardín de infantes, escuela primaria y secundaria (estas dos últimas,
ahora: EGB y Polimodal), como algo que no se puede evitar y que, para
peor, nos resta tiempo de juegos y esparcimiento.

Entonces, procedemos a categorizar y todo lo que tenga que ver con
aprender algo pasa a recibir una connotación no del todo positiva y a
experimentarse como una especie de "carga".

Y también el tema de los roles experimentados debe asumir un papel
importante a la hora de explicar la forma en que hoy nos relacionamos con
quienes nos imparten enseñanza de algún tipo: la posición de autoridad
desde la cual nos miraban nuestros primeros maestros, iba a marcar en
nosotros la forma en la que debíamos relacionarnos con nuestros futuros
"instructores" de allí en más.

Pero no todo pasa exclusivamente por una relación de autoridad; otro punto
que también merece algún análisis puede ser el de esa pasividad con la cual
acostumbrábamos recibir los conocimientos que se nos impartían, entonces,
desde ese punto de vista, tampoco podíamos involucrarnos demasiado en el
proceso, sino más bien que debíamos sentarnos a "escuchar y aprender"...

Con todo esto y algunas otras cosas de las cuales no hemos hecho
referencia, ya podemos comenzar a entender porqué aquello que tiene que
ver con aprender algo no suele verse como una experiencia demasiado
apasionante.


Interés y motivación

Por todo lo anterior, resulta necesario trabajar duramente en captar el
interés de nuestros alumnos, motivarlos e involucrarlos en el proceso. Ya
aprendimos que considerar a los alumnos como "sacos vacíos" deseosos de
ser "llenados" de conocimiento, no parece ser el mejor modelo ni el enfoque
más apropiado.

Y para despertar el interés por algún curso, por ejemplo, nada mejor que un
buen título. El título es fundamental porque es la primera impresión; y
como rezaba algún comercial de desodorantes de los años noventa: "la
primera impresión es la que cuenta". El título debe ser breve e impactante.
El título debe traducir el beneficio que recibirá todo aquél que tome el curso
o el seminario o lo que fuere. Y cuando no se puede transmitir todo eso solo
con el título, una buena descripción puede ayudar a nuestros fines, pero
siempre haciendo hincapié en los beneficios, pensando empáticamente en
qué es lo que nuestros potenciales alumnos pueden necesitar o qué es lo
que a ellos los motivaría para "perder el tiempo" tomando ese curso.

Pero tampoco el título lo es todo: así como el "amor a primera vista" no
garantiza el éxito, sino que hay que esforzarse día a día para construir la
relación, una relación docente-alumno también debe construirse día a día o
clase a clase, aún cuando se trate de relaciones que no comparten el mismo
tiempo o espacio físico.

Y para la construcción de esa relación, uno de los aspectos más importantes
radica en ser claros y precisos en la comunicación y en lo que se quiere
transmitir en cada clase. No hace falta decir "en difícil" lo que puede
transmitirse de otra forma. Un lenguaje simple y directo es por lo menos
igual de académico que cualquier otro más complejo. La complejidad no
hace al interés del alumno, sino las ideas que pretenden transmitirse. Es
muy difícil mantener "enganchado" a un alumno, cuando este dedica la
mayor parte del tiempo a entender el lenguaje del docente, y eso sí es
pérdida de tiempo en la mayoría de los casos. La atención del alumno debe
centrarse alrededor de los contenidos, en el mensaje. Un mensaje
complicado es un mensaje perdido. Y cuando una clase no se entiende,
debemos revisar muy bien cuál es la cuota de responsabilidad de cada una
de la partes involucradas. De la misma manera, es sabido que no se puede
mantener la atención por mucho tiempo si no se incluyen "descansos" en
los cuáles los alumnos puedan relajarse, al menos por unos minutos, para
luego sí retomar la clase con la atención renovada.

Otro aspecto que no se puede descuidar es la participación del alumno.
Dejar al alumno relegado en el rol de escucha o lector puede resultar la
mejor forma de hacer ineficaz un proceso de enseñanza. Debemos invitar a
nuestros alumnos a asumir la responsabilidad de su capacitación, debemos
invitarlos a asumir desafíos, a tomar decisiones, y todo esto podemos
lograrlo estructurando una enseñanza abierta y participativa, donde el
alumno tenga un rol protagónico y activo.

Para que todos quieran aprender

Como vimos hasta aquí, no resulta fácil la tarea. Más aún considerando que
no estamos planteando, ni más ni menos que un cambio de paradigma en el
proceso de enseñanza. Un cambio de paradigma desde el cual se logre que
los alumnos quieran aprender, no solo para llegar a algún "lugar" distinto en
lo que respecta a sus conocimientos vigentes, sino porque también disfrutan
del "viaje". Y este es el desafío.

Debemos dejar de considerar al alumno como un simple "receptor" (o
mucho peor: "recipiente"), para ayudarlo a ocupar el lugar que no solo se
merece, sino que debe ocupar para hacer del aprendizaje una experiencia
motivadora, placentera y enriquecedora. Una experiencia que lo tenga como
protagonista y que lo haga participar, pensar, aplicar, que lo ayude a
entender, que lo invite a repetirla una y otra vez, con la siempre presente
motivación de adquirir conocimientos que favorezcan la generación de
nuevos "saberes", pero "saberes" que tengan que ver con la historia de
cada alumno, "saberes" personalizados y contextualizados a la circunstancia
de cada uno de ellos. De nada vale convertirse en un experto "repetidor" o
en un "vocero" de conocimientos ajenos: eso no es aprendizaje.

El verdadero aprendizaje tiene lugar cuando es acompañado de un sentido
crítico; cuando la formación de un criterio propio, prevalece a cualquier
intención facilista de adoptar el concepto que sea, de quien sea y sin
condicionamientos. El verdadero aprendizaje comienza cuando antes de
aceptar, antes de "saber" (entre comillas), nos preocupamos por entender
(sin comillas).

Es, entonces, responsabilidad de quienes contribuimos a la formación de
alumnos, fomentar un nuevo aprendizaje o, mejor dicho, un verdadero
aprendizaje. Un aprendizaje que invite a la reflexión, que provoque pensar,
que promueva el análisis y que, fundamentalmente, resulte útil.


* Gustavo Alonso, es Fundador y Director General de TIME TO MARKET
(www.timetomkt.com.ar), firma de consultoría y soluciones de marketing integrado.
Es Licenciado en Administración, especializado en Marketing, graduado en la Universidad de
Buenos Aires. Dicta clases de "Comercialización" en la misma casa de estudios.
También ha participado y desarrollado cursos para diversos proyectos de e-learning.

 

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Gustavo Alonso

 

Fundador y Director General de TIME TO MARKET (www.timetomkt.com.ar), firma de consultoría y soluciones de marketing integrado. Es Licenciado en Administración, especializado en Marketing, graduado en la Universidad de Buenos Aires y dicta clases de “Comercialización” en la misma casa de estudios.

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