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En mayo de 2002, se presentó ante el Comité Rectoral un pliego de condiciones con una propuesta para la “Reestructuración Administrativa de las Vicerrectorías, Direcciones y Oficinas de la Administración Central de la Universidad”, con la intención de dar cumplimiento al compromiso establecido en el Sector Estratégico IV (Planeación y Modernización Administrativa) del Plan de Desarrollo 1995-2006.
En ese entonces se plantearon opciones de reforma a la estructura
organizacional
orientadas básicamente a desarrollar, de manera efectiva, el Título IV
del Estatuto General de la Universidad en lo relativo a la conformación
de las Divisiones, concebidas para que las facultades se organizaran
mediante esta figura académico - administrativa.
Los miembros del Comité Rectoral manifestaron su opinión con respecto a reestructuraciones en las Vicerrectorías y Direcciones, o mejor, a la Administración Central, pues se creía equivocadamente, que la reforma administrativa de la Universidad era la reforma a la Administración Central. En algunos casos, como en el de la Vicerrectoría de Investigación con Columbus, ya habían estado sometidas a un análisis de la estructura.
Luego de varias discusiones, se planteó la necesidad de una reestructuración basada en la revisión a los procesos de la Universidad, para adaptarla a las nuevas condiciones que se le presentaban y permitirle alcanzar sus objetivos misionales de una manera eficaz. Se creó entonces una comisión conformada por la Vicerrectoría Administrativa (Líder) y la Oficina de Planeación con el acompañamiento de la Oficina de Control Interno, para presentar una propuesta que cumpliera con el objetivo anotado.
En el primer semestre de 2004, producto de una primera aproximación al proyecto actual, se publicó en la Revista Contaduría Universidad de Antioquia número 44, el documento “Elementos para la formulación de un sistema universitario de gestión integral -SUGI-“cuyos autores fueron Álvaro Pérez R, Carlos Figueroa A, Flavio Restrepo C. y Luis Ovidio Ramirez A.
En el segundo semestre de 2006, como resultado de las reuniones de la
comisión del
proyecto, ampliada con algunos decanos, el profesor Mauricio Alviar
Ramirez, elaboró un documento borrador denominado “Repensando la
Estructura Académico - Administrativa de la Universidad de Antioquia”.
En la reunión de análisis y discusión al documento, la comisión del SUGI,
acordó realizar observaciones al mismo, con el ánimo de enriquecerlo y
ampliar el debate en torno a un tema de tanta importancia para la vida
universitaria y para el desarrollo futuro de la Institución.
En su momento fueron enviadas por el autor, las observaciones al
escrito anotado, las
cuales se han tomado como base para el presente documento, que tiene
como objetivo principal, dejar consignado su pensamiento en un tema de
tanta importancia para la Universidad, ya que su retiro de la
Institución no permitirá su participación en el debate posterior.
¿Modernización administrativa o reforma de la Universidad?
“(…) basta con estar familiarizado con la literatura pedagógica de estos
tiempos;
nada hay que esperar de quien no se estremezca de la extraordinaria
pobreza de
nuestro espíritu y de la verdadera danza de circo que reina en este
campo.
Aquí nuestra filosofía debe empezar no con asombro, sino con espanto.”1
Encontrarse con la administración pública es lo peor que le puede
suceder al ciudadano: se
le maltrata, se le prolongan los tiempos de atención, se le somete a un
calvario en el que su
dignidad queda aniquilada y su paciencia agotada. Esta parece ser la
constante en todas las
entidades públicas, incluidas las universidades.
La administración de la Universidad pública colombiana en general y
particularmente, la
administración central de estas instituciones, tienen una mala imagen,
no sólo ante las
unidades académicas (percepción de docentes y estudiantes) sino ante los
grupos de interés
externos. Esto obedece, en parte, a la carencia de unos adecuados
canales de
comunicación entre los distintos estamentos universitarios y entre estos
y la sociedad. La
administración, salvo contadas excepciones, no lleva a cabo una
periódica rendición de
cuentas a la comunidad universitaria y a la sociedad. Para estas se
convierte en un
verdadero misterio lo que hace aquélla (y cómo lo hace).
Para confirmar lo anterior, afirma Edgardo Castro que: “(…) la función
de la filosofía como
pensamiento crítico sería la de analizar y enjuiciar, desde el punto de
vista de la verdad y de
los fines, los procedimientos, los productos y las pretensiones de la
racionalidad técnica. El
contenido de una filosofía de la Universidad estaría dado, entonces, por
aquello que la
racionalidad técnica, en este caso aplicada a la institución
universitaria (a su organización, a
las relaciones entre sus partes, a sus objetivos), deja de lado o porque
le resulta inaccesible
o porque, simplemente, no le interesa.” 2
1 El Porvenir de nuestros establecimientos de enseñanza. F. NIETZCHE.
2 Filosofías de la Reforma de la Universidad, Castro, Edgardo. Ediciones
COLIHUE, 2001.
Un segundo factor de mala imagen de la administración central de la
Universidad puede
encontrarse en el empoderamiento que tienen en sus cargos los servidores
de carrera
administrativa o “residentes” (término que más adelante será analizado),
los cuales utilizan
de manera permanente su posición o el respaldo de los gremios para
realizar
demostraciones de poder. Pareciera que quien sea más descortés y
agresivo con sus
compañeros es quien logra respeto y reconocimiento: lo característico de
un país violento
como es el nuestro.
Otra causa de tal situación, es la incomodidad generada por la demora en
los trámites y la
gestión de los procesos, o la desidia con que muchas veces son atendidos
los servidores, lo
que genera un rechazo para recurrir a la administración central, pues en
su opinión “es una
burocracia inoperante y displicente”. Los casos de desatención más
significativos se
presentan en las áreas pertenecientes a la Vicerrectoría administrativa,
aunque en términos
generales, la situación es constante en los demás departamentos o
secciones de la
administración central. Esta imagen debe cambiarse con un verdadero
concepto de servicio,
pues a pesar de que algunos procesos y dependencias están certificados
bajo normas ISO,
el impacto de este proceso en la calidad de los servicios y en la
satisfacción de los
servidores universitarios ha sido casi ninguno.
Cabe destacar la importancia que tiene para la Universidad, el contar
con una adecuada
estructura organizacional que le permita el logro oportuno, eficiente,
eficaz y excelente de
sus objetivos misionales. Es evidente, la necesidad de adaptar, de
manera continua y
permanente, la estructura académico - administrativa buscando que sus
objetivos generen
un mayor valor a los procesos académicos, pues la administración (al ser
un proceso de
apoyo) debe estar al servicio de los procesos misionales.
Adicionalmente, la administración debe diseñarse de manera que también
se oriente a
facilitar el normal desarrollo de las actividades de los servidores
administrativos (mal
llamados “No-Docentes”), mediante su inclusión acertada en los procesos.
Existe un marcado conflicto entre las áreas administrativa y académica,
que tiene su máxima
expresión en el Consejo Académico, lugar donde confluyen ambas
instancias.
Constantemente, la parte académica critica despiadadamente al Comité
Rectoral pero a la
vez reclama su derecho a participar en la administración central. Esta
crítica parece tener su
origen, entre otros, en el hecho que los decanos son los representantes
del Rector en las
facultades, pero no son nombrados por él, lo que genera una situación de
ingobernabilidad
en la Universidad.
Entender la estructura como un elemento de la gestión universitaria es
fundamental para no
caer en la trampa de que “lo malo es la estructura” y con el sólo hecho
de modificarla se
acaban los problemas. Existen otros elementos en el proceso de la
gestión universitaria que
deben ser considerados en su conjunto.
En la introducción del estudio “Filosofías de la Universidad y Conflicto
de Racionalidades”,
sus compiladores anotan:
“La expresión conflicto de racionalidades no es azarosa. Si la
Universidad moderna ha
sido definida como el lugar de la razón (E. Kant, Le Conflict des
Facultés en trois
Sections, Paris, Vrin, 1793), si la razón ha sido su elemento
diferencial, aquel que
provee a la vez su fundamento y que da sentido a la institución, hoy ese
sentido ha
cedido dando lugar a un conflicto entre diferentes racionalidades. Dicho
conflicto se
expresa al menos en dos registros: uno se relaciona con la misión, los
fines y la vida
institucional de la Universidad en el marco de su relación con la
sociedad y el Estado. El
otro se relaciona con la diferenciación de los saberes universitarios y
el correspondiente
debate epistemológico.”3
Entender este conflicto de racionalidades es fundamental para enfocar el
debate sobre la
reforma de la estructura académico - administrativa en el Alma Mater.
Sin embargo, ha de
tenerse en cuenta que pocas instituciones son tan conservadoras y
presentan tanta
resistencia al cambio como la Universidad, que se niega de manera
persistente a cuestionar
sus estructuras administrativas y académicas. No hay que asustarse, pues
“desde sus
comienzos, la historia de la Universidad fue la historia de sus
reformas. Tan estrecha es esta
vinculación que el término reforma, reformatio, ya aparece en los
primeros estatutos de la
Universidad de Paris” (1215)4.
Reformas originadas en conflictos
El Estatuto General de la Universidad en su Título IV concibe la
estructura académico -
administrativa desde las Facultades organizadas en Divisiones
(actualmente conocidas
como Áreas), Escuelas e Institutos, estos dos últimos por su relación
con la investigación
aplicada o básica. Algunas Escuelas e Institutos tienen presencia en el
Consejo Académico
en calidad de invitados, pero no ocurre lo mismo con otras Escuelas e
Institutos, antiguas o recién creadas en las Facultades, lo que presenta
una gran confusión para entender su
funcionamiento. Las Corporaciones han entrado en una crisis de
subsistencia cuya discusión
sobre la validez o no de su razón de ser y de sus objetivos, deberán
abordar el Consejo
Académico y el Consejo Superior.
El caso más reciente de cambios estructurales es la propuesta de la
Facultad de Medicina
sobre la creación del Instituto de Investigaciones Médicas, como
resultado de la fusión del
Centro de Investigaciones Médicas y de la Escuela de Investigaciones
Médicas. Caso similar
ocurre con otras instancias como las anteriormente mencionadas,
corporaciones
académicas. Continúa la proliferación de instancias administrativas a la
luz de conflictos
personales o ineficiencias administrativas lo que no debe ser criterio
para creación o
supresión de dependencias, sin mediar estudios serios a la luz de las
necesidades de la
Universidad y de su plan de desarrollo.
En sus estudios sobre este tema, la profesora Mónica Jaramillo R.,
docente de la Escuela de
Filosofía de la Universidad Industrial de Santander - UIS, afirma:
“(…) Cultura académica es, en primer término, democracia cultural y del
conocimiento
(no ha de confundirse la profesionalización de las disciplinas con el
conocimiento
críptico, cerrazón dogmática y autismo académico); cultivo del espíritu
multidisciplinar y
de civilidad. Quisiera hacer énfasis en esto, porque al fundamentalismo
académico e
insularidad del conocimiento que impera en muchas de las unidades
académicas de la
UIS, al “Conflicto de Facultades” (para parafrasear el titulo del
excelente opúsculo de
Kant sobre el carácter filosófico de la universidad) se suma, además,
una tendencia
3 “Filosofías de la Universidad y Conflicto de Racionalidades” F.
Naishat, A.M. García Raggio y S. Villavicencio,
Ediciones Colihue, Buenos Aires, Argentina.
4 Cf.P. Classen, Studium und Gesellschaft im Mittelalter, Stuttgart, A.
Hiersemann,1983, pp.172-173.
cada vez más creciente a la fragmentación de las instancias académicas y
administrativas, que fomenta actitudes de incomprensión, desconocimiento
del otro y -
mutua desconfianza. No hay un real conocimiento, por parte de la
comunidad
universitaria, de las funciones propias a las diferentes instancias
administrativas.” 5
Un aporte a la disminución de esos conflictos, puede ser la
consolidación de protocolos
éticos, a partir de acuerdos que definan un alcance universal de la
comunidad universitaria.
El documento “Manifiesto para que la Universidad viva”, firmado por el
Consejo
Académico y la Asamblea de Estudiantes, puede ser la base para la
construcción de ese
gran acuerdo ético, si los docentes, el sindicato de trabajadores y los
empleados
administrativos lo acogen también como propio. Desde la Oficina de
Control Interno se
venía propiciando un acercamiento con personas interesadas en la
discusión y análisis
referente al tema de los protocolos éticos para la Universidad de
Antioquia; así mismo la
publicación de la columna Phronesis en el periódico Alma Mater, ha
realizado aportes a
esta discusión de primer orden en la Universidad.
Aspectos Financieros
“El carácter público que se asigna a una universidad, como a cualquier
otra institución, no deviene
exclusivamente de su dependencia del Estado en lo que respecta, por
ejemplo, al origen principal de
los fondos que la sostienen, sino al sentido de su actividad,…” 6
La tendencia de los gobiernos a disminuir sus aportes para las
universidades públicas, en el
ámbito mundial, las ha forzado a buscar nuevas fuentes de financiamiento
y a lanzarse al
mercado, donde compiten con el sector empresarial (Venta de bienes y
servicios, entre ellos
la comercialización de tecnología e innovaciones científicas) y con las
universidades
privadas en la oferta de un número importante de programas de posgrado.
Otra fuente de recursos, esta concebida en la Extensión, mediante la
prestación de
servicios de asesorías y consultorías, papel que es cuestionado
fuertemente por algunos
egresados que los consideran una competencia desleal o en condiciones
más favorables
para la Universidad, especialmente desde el punto de vista fiscal. La
Investigación es, a su
vez, fuente de financiación para sus propios proyectos así como lo son
las ayudas
internacionales y, más recientemente, la generación de empresas
universitarias y el
desarrollo de proyectos empresariales, como el realizado a través de la
“Unión Temporal
(UT) Universidad de Antioquia-OSP(México)” para comercializar el
desarrollo SIPLEX del
Grupo de Microelectrónica de la Facultad de Ingeniería y la “UT
Universidad Nacional,
Politécnico Jaime Isaza Cadavid, Universidad de Antioquia-Metro de
Medellín”, para proveer
los cargos de conducción del Metro de Medellín.
Respecto al uso de los recursos financieros, la investigación en la
Universidad de Antioquia
aumentó su demanda en el año 2005, igualmente presentó un aumentó en el
número de
investigadores pero disminuyó en el número de proyectos, con lo cual la
tendencia que venía
mostrando el sistema de investigaciones se desvirtúo.
5 Elementos conceptuales y propuesta metodológica para la elaboración
del protocolo ético de la UIS.
6 Alicia R.W. de Camilloni. La Universidad Pública Hoy. Filosofías de la
Universidad y Conflicto de racionalidades.
Ediciones Colihue.
Una gran amenaza para la sostenibilidad de los ingresos, y en general,
de las finanzas de la Universidad se presenta con la posibilidad de
gravar con el impuesto a las ventas – IVA las asesorías y consultorías
que se realizan desde las universidades públicas.
En este sentido, el periódico El Colombiano, con fecha 17 de octubre de
2006, publicó un
artículo denominado”Reforma Tributaria golpea la Investigación
Científica”, en cuyos apartes se lee:
“(...) Para colmo de males, la próxima reforma tributaria reduciría la
participación estatal
en investigación al suprimir el tratamiento especial para los proyectos
correspondientes y
gravar con IVA el material investigativo.
Se eliminarían, además, los aportes que hacen las empresas para
investigación en las
universidades, dando al traste con iniciativas como las mencionadas al
principio.
A pesar del discurso del Gobierno sobre el mayor interés en la
investigación, la reforma
tributaria hace exactamente lo contrario...”
Aunque este aspecto no pasó en la reforma tributaria, es importante
tenerlo en cuenta para el futuro. Las directrices y planteamientos del
Estado y de los organismos multilaterales estarán encaminados a lograr
el desmonte de esta prerrogativa para la Universidad Pública.
El Consejo Académico, con el ánimo de estudiar el asunto de las
contribuciones
económicas que deben realizar las dependencias a la administración
central por los
proyectos de extensión, creó la llamada “Comisión Académica de Costos”
(El caso más
típico de ineficiencia de una comisión), la cual, por más de tres años,
ha venido discutiendo el asunto sin dar una propuesta concreta sobre el
mismo. Tal vez algunas cosas han quedado claras como es el hecho de que
la Universidad no sabe costear, no sabe negociar y en vez de vender, le
compran. Algunos de los proyectos que ofrece la Universidad por concepto
de actividades de extensión dan como resultados pérdidas significativas,
por la falta de una correcta presupuestación y costeo. Otras veces se
ejecutan sin siquiera analizarlos desde el punto de vista financiero
porque corresponden a compromisos políticos que deben cumplir la
administración central o las administraciones de las unidades
académicas.
En ocasiones, y dependiendo de los intereses,“la Universidad” se asimila
a la
Administración Central o a los fondos generales, y las unidades
académicas son las
facultades, escuelas, institutos o corporaciones, dejando ver una
aparente separación entre
estas últimas y el concepto de Universidad.
Respecto a la información generada por el área financiera, debe anotarse
que pocas
personas tienen acceso a los Estados Contables de la Universidad de
Antioquia, bien por el
desconocimiento técnico para acceder a estos o por que se hacen
inaccesibles. Este es un
asunto que produce rechazo, no sólo en la comunidad universitaria (que
parece no
interesarse por estos temas, a condición de que el cheque llegue
cumplidamente o su
estabilidad y libre determinación no sufran menoscabo) sino también en
la Dirección de la
Universidad. De allí que su análisis y comprensión se limiten a esas
pocas personas que
recomiendan, opinan y pontifican sobre lo que los otros ni siquiera
discuten. Esta situación
se torna más peligrosa cuando ese reducido número de personas interviene
en el
saneamiento contable, en las comisiones financieras del Consejo
Superior, en el Comité
Coordinador de Control Interno, los presupuestos y el área financiera,
además de las
relaciones de lobby con los entes de control, cerrando así cualquier
posibilidad de dejar
cabos sueltos o de no realizar el adecuado “blindaje” en el área
financiera y de manejo de
recursos de la Institución.
La información contable es de baja calidad y por lo tanto poco
confiable, no sirve para tomar
decisiones en tiempo real; Los procesos del área financiera siguen sin
integrarse, generando
así una gran cantidad de errores, reprocesos y altos costos. Finalmente,
el recurso humano
que participa en este proceso manifiesta una altísima resistencia al
cambio y no tiene las
adecuadas competencias para responder a las exigencias que se presentan
hoy en día a
una administración moderna y comprometida
De otro lado, si bien es cierto que la Universidad debe tener mucha
prudencia con su
endeudamiento, y continuamente se queja de la falta de recursos para el
logro de sus
objetivos misionales (en parte es cierto), una lectura de los Estados
Financieros de los
últimos años muestra que el nivel de endeudamiento ha venido bajando
(situándose en el
2005 en el mismo nivel de 2001). Las inversiones financieras
representadas en un
importante portafolio de bolsa de valores, cercano a los $50.000
millones en promedio en
los últimos 6 años, se suman a unos excedentes significativos de
tesorería.
ALGUNAS CIFRAS DE LOS ESTADOS CONTABLES
La lectura desprevenida de los estados financieros no contempla las
restricciones que tiene la Universidad en materia de la administración
de sus fondos Generales, Especiales, de Seguridad Social y de Bienestar
Universitario. Tradicionalmente se han formulado cuatro (4)
presupuestos, uno por cada categoría de fondo mencionado, violando el
principio de
universalidad que debe ser observado al momento de preparar los
presupuestos de toda
entidad estatal en Colombia. Lo anterior genera confusión al leer los
estados financieros
preparados por la contabilidad, los cuales sí tienen en cuenta el
principio de universalidad,
pues no hay cuatro contabilidades sino una sola. ¿Como se explica
entonces que los
presupuestos vayan por un lado y la contabilidad por otro? Una simple
suma de los cuatro
presupuestos ayudaría a minimizar la confusión.
De otro lado, los Fondos Especiales, administrados autónomamente (La
autonomía genera
también responsabilidad) desde las unidades académicas, vienen
presentando aumentos
significativos, pues el resultado de las gestiones en los últimos años
es altamente positivo.
Los Fondos Especiales han pasado de $24.758 millones en el año 2000 a
$66.180 millones
en agosto de 2006, lo que significa un incremento de 267%.7
Esto no es malo, por el contrario, muestra un gran dinamismo de las
unidades académicas en materia de extensión universitaria, sin embargo,
puede caerse en la tentación de atesorar y acumular de manera indefinida
estos recursos (algunos como el de la Vicerrectoría de
Docencia superan los $10.000 millones a octubre de 2006). A los recursos
de los fondos
especiales debe darse una adecuada y racional utilización, debe
emprenderse con ellos
acciones que beneficien las actividades académicas en el corto y mediano
plazo, y no
tenerlos expuestos a riesgos en inversiones que puedan impactarlos
negativamente como
sucedió en el año 2006 por la caída de la bolsa de valores.
Los Fondos Especiales deben igualmente ser objeto de un exhaustivo
análisis por parte del
Consejo Superior, pues allí existen recursos importantes que no tienen
un adecuado control,
en parte, debido a la autonomía de las unidades administrativas y
académicas para
manejarlos. El caso más reciente es el de la Facultad Nacional de Salud
Pública que en solo
dos años pasó de un importante superávit a déficit presupuestal.
Mención especial merece la Facultad de Ciencias Agrarias cuyo déficit
continúa por encima
de los $10.000 millones, producto de un crédito que se compensaría con
la venta de la
hacienda El Progreso. Afortunadamente, para la Universidad esta hacienda
no se ha
vendido, a pesar de las constantes ofertas de diferente clase; pronto su
precio se verá
incrementado de manera importante en el momento de terminar la doble
calzada Bello-
Hatillo y otras importantes obras de infraestructura que impactaran
positivamente la
movilidad hacia ese lugar, pero sobre la Facultad seguirá pesando el
déficit antes
mencionado.
No es el momento de entrar a analizar la eficiencia en la utilización de
los recursos de las
haciendas, o si el tamaño de sus negocios obedece a fines meramente
académicos y si los
negocios allí concebidos son rentables o no. Esa discusión la conoce de
sobra la Facultad y
tiene sus orígenes, de una parte en el incumplimiento de compromisos
adquiridos por la
Administración Central con la Facultad, y de otro en la obstinada idea
de permanecer con la
misma estructura académica y de negocios (planta de concentrados,
sobredimensionamiento del negocio de huevos y aves de corral, débiles
controles a estos
7 Análisis de los fondos especiales de la Universidad de Antioquia
1999-2006. Oficina de Control Interno.
negocios, etc.). Sobre estos y otros aspectos relacionados, se deben
tomar medidas de
fondo como la planteada en la creación de la Corporación de servicios
agrarios -
CORAGRO-que administre estos proyectos por fuera de la administración de
la Universidad.
Como se ha planteado, la Universidad debe adaptar urgentemente su
estructura académico -
administrativa a las exigencias que le plantean sus objetivos
misionales. Es muy probable
que la Institución encuentre el mayor obstáculo para su desarrollo en la
imposibilidad de
cerrar la brecha entre las necesidades de la Academia y las soluciones
que brindan sus
procesos administrativos, y la agilidad con que dicha estructura
responde ante aquéllas. De
hecho, la autonomía que se le ha dado a la Sede de Investigación
Universitaria - SIU es la
respuesta, en parte, a la ineficiencia y a la falta de soluciones
oportunas y eficaces que debe
brindar la Administración Central a los procesos de Investigación que se
vienen adelantando
en la Institución.
A pesar de llevar a cabo los más importantes proyectos y albergar los
grupos, centros e
investigadores de mayor prestigio, la SIU no tiene los suficientes
controles por parte de la
Oficina de Control Interno y por la Contraloría General de Antioquia,
deseables por la
importancia de los recursos que allí se manejan. La primera no cuenta
con la suficiente
independencia para poder llevar a cabo el proceso auditor sobre tal sede
y la segunda no lo tiene en sus planes de trabajo.
Ahora bien, otra amenaza que se plantea a nivel financiero para la
Universidad, es la
creciente demanda de recursos por parte de los grupos de investigación.
En el año 2005 la Universidad fue relegada del primer lugar en
investigación. Las cifras relacionadas con el sistema de investigación
de la Institución muestran como el número de grupos aumentó y, por
supuesto, los recursos demandados aumentaron. Como se dijo
anteriormente, estos aumentos deben estar relacionados en indicadores de
cantidad y/o calidad con respecto a
los resultados arrojados por las investigaciones, pues una excesiva
autonomía, aislada de
cualquier tipo de evaluación independiente es también altamente nociva a
los objetivos
institucionales. No faltará el discurso académico de que la
investigación no se puede medir
por el número de proyectos, o que es una aventura en la cual no se sabe
a dónde se llegará,
pero el análisis se debe hacer por lo que muestran las tendencias.
La reforma a la Ley 80 ¿Golpe mortal o puesta en cintura?
"La inmunidad se la debo, ante todo, a los míos que careciendo de casi
todo,
no envidiaban casi nada".
Albert Camus
La reforma a la Ley 80 de 1993, representa en el actual esquema
financiero, la más seria de
las amenazas a los ingresos por actividades de extensión de las
universidades públicas, al
eliminar los convenios ínteradministrativos que le permiten a estas
instituciones obviar gran
parte del proceso de contratación, por no tener que participar en estas
como un proveedor
cualquiera.
Este punto, que ha ocupado gran parte de las discusiones en la
Universidad en los últimos
años y ha precisado de innumerables estudios y comisiones, debe
analizarse con la mayor
profundidad por la forma como se ha manejado.
En Julio 18 de 2006, después de más de un año de discusiones, se
clausuraron las mesas de trabajo realizadas por las Universidades
Públicas (a través del SUE) con la Contraloría
General de la República para la implementación de un control fiscal
especial a los entes
autónomos universitarios. La coordinación de estas mesas fue llevada a
cabo por el Comité
Interinstitucional de Control Interno de las Universidades Públicas -
CIUP, presidido por el
autor de este documento, en ese entonces, Director de la Oficina de
Control Interno de la
Universidad de Antioquia,
En las mesas de trabajo, se realiza una especial atención al tema de la
contratación en las
instituciones de educación superior, haciendo énfasis en la necesidad de
reconocer los
mandatos constitucionales para ambas instancias: de un lado para las
universidades
públicas como entes autónomos y del otro para el organismo de control
estatal.
Como es conocido, la Ley 30 de 1992 confiere autonomía a las
universidades en desarrollo
del mandato constitucional y la Ley 42 del mismo año reglamenta, por su
parte, lo
relacionado con el control fiscal.
En materia de contratación, la autonomía universitaria no ha sido tenida
en cuenta por los
entes de control fiscal, en parte debido al desconocimiento de los
auditores sobre la Ley 30 de 1992 y a las condiciones especiales de los
entes autónomos universitarios. Pero de otro lado, gran parte de las
universidades públicas no han hecho uso de esa autonomía, pues no
desarrollan estatutos propios de contratación. La Universidad de
Antioquia adoptó mediante el Acuerdo Superior 095 de 1996 su propio
estatuto de contratación, el cual contempla los límites y las instancias
a las cuales se debe acudir para el caso de contratación.
Aunque desde la Oficina de Control Interno de la Universidad de
Antioquia se realizaron en varias oportunidades recomendaciones para
modificar el Estatuto General de Contratación, éstas no fueron tomadas
en serio por la Administración y ni siquiera se les proporcionó un
debate a fondo.
Una de las que presenta mayores riesgos y por su desacato se pueden
realizar
desviaciones importantes en la ejecución presupuestal, es la relacionada
con las adiciones
en los contratos de obra civil.
La Ley 80 de 1993 (no vinculante para la Universidad) contempla un
máximo de adiciones
por valor equivalente al 50% del valor inicial del Contrato. El Acuerdo
Superior 095 no pone
limites a las adiciones de contratos de obra en la Universidad, con lo
cual se han presentado
adiciones en porcentaje superiores al 200% y 300% y en valores por más
de $3.000
millones, como es el caso de la Sede de Caucasia, o por más de $5.000
millones como el
caso del Bloque de Ingeniería. El núcleo de comidas “sólo” se adicionó
en cerca de $400
millones, es decir, una adición equivalente al 100% del presupuesto
inicial. Estos mínimos
ejemplos muestran claramente como se ha utilizado la autonomía,
invocándola para
justificar la falta de planeación y la improvisación en este tipo de
contratos. La norma es
perversa en este aspecto, por decir lo menos y las observaciones
realizadas por la oficina de
Control Interno en este sentido, crearon un profundo malestar en la
administración de la
Universidad.
Existen otros eventos, que guardan cierta similitud a lo presentado en
la Universidad de
Antioquia, como el de universidades que sin tener facultad de
ingeniería, llevaron a cabo
importantes contratos ínteradministrativos, asignados directamente para
la realización de
obras de infraestructura. Otras vendieron software que no cumplen con
los parámetros
inicialmente ofrecidos y mediante argumentos respaldados en
presentaciones engañosas,
que no tienen el suficiente soporte técnico y científico, colocan a sus
“clientes” en situaciones
difíciles ante los entes de control fiscal, pues el detrimento
patrimonial originado en una mala negociación debe ser explicado ante
los citados organismos.
La finalización de cada vigencia presupuestal es particularmente agitada
en las
universidades, pues a última hora participan, mediante convenios
ínteradministrativos, en
contratos que de manera transparente, no pudieron ejecutarse en la
gestión ordinaria de las entidades estatales, para de esta manera,
participar activamente en una ejecución anormal de los presupuestos
públicos.
Otro aspecto determinante y delicado en la contratación pública es el
relacionado con los
interventores. En los temas diferentes a contratos de obra, estos roles
son asignados de
manera arbitraria y en muchas ocasiones los servidores públicos
seleccionados ni siquiera saben del tema en el que están interviniendo.
La Universidad de Antioquia ha adoptado un Manual de Interventoría cuyo
incumplimiento
por parte de los responsables es notorio. Por el lado de los contratos
de obra, los
interventores defienden más la gestión del contratista que los intereses
de la Universidad. El caso más reciente es el del bloque de Ingeniería
siendo el interventor quien explicaba las desviaciones en los
presupuestos, buscaba argumentos a la falta de previsiones, justificaba
las adiciones y las prórrogas, explicaba las inconsistencias de los
estudios de suelos, dejando de lado los aspectos que lesionaban
profundamente los intereses de la Universidad, objetivo fundamental de
su gestión como interventor. De paso, el contratista desarrolla
fortalezas importantes que condicionan a la Universidad a una posición
desventajosa.
Todas estas consideraciones, deben tenerse en cuenta a la hora de
cuestionar las reformas a la Ley 80 de 1993 y plantear si lo que
realmente pretenden estas reformas es darle un
golpe mortal a las universidades o ponerlas en cintura ante el desgreño
que se ha
apoderado de ellas en materia de contratación.
Estructura Académico – Administrativa: una Propuesta
La estructura organizacional debe responder a la estrategia
institucional. Como reza el
Estatuto General de la Universidad, la administración debe estar al
servicio de la academia y
no al contrario. La relación de la estructura académico-administrativa
con los procesos
(misionales, estratégicos y de apoyo), consiste en que aquélla se define
a partir de estos y
considera otros elementos como la planta de personal, los manuales de
operación y las
competencias y responsabilidades de los servidores. En otras palabras,
la estructura que se
proponga para la Universidad debe responder a su Plan de Desarrollo con
el objetivo básico
de alcanzar las metas definidas en este.
No sobra decir que la estructura debe ser dinámica y permitir
adaptaciones rápidas conforme
a los cambios que se den en el entorno, sean estos culturales,
políticos, económicos o
sociales.
En la Universidad de Antioquia, la estructura académico-administrativa
debe responder de
manera prioritaria a las necesidades de la academia en general y de
manera particular a la
investigación, la cual se ha definido como su fortaleza y objetivo
primordial.
Componente Tecnológico.
La estructura académico-administrativa de la Universidad debe estar
soportada por un
fuerte componente tecnológico; en una tecnología robusta (tipo SAP, G.D
Edwards u
Oracle), que permita una integración de los sistemas de información y
proporcione
herramientas que permitan monitorear en “tiempo real” el estado de la
gestión.
Existen ejemplos exitosos en el uso de este tipo de tecnologías como el
de la Universidad de
Montevideo bajo el lema “La Excelencia Tecnológica en la Gestión
Académica”. Mediante la
adopción de este tipo de tecnologías, se minimizan las duplicaciones de
las operaciones y se
facilita la toma de decisiones en tiempo real. Se hace más eficiente y
eficaz la Gestión
Institucional.
Al respecto, el Sr. Diego Moreira, Jefe del Departamento de Sistemas de
la Universidad de
Montevideo señala:
“Como toda organización en sus primeros años, se utilizaron sistemas
particulares para
cada departamento, con la consiguiente duplicación de procesos y de
datos, que
aumentaba el margen de error y dificultaba la toma de decisiones".8
La Temporalidad
(Antes de avanzar, me permito resaltar la solicitud del profesor
Mauricio Alviar Ramírez, de
mantener un espíritu académico, desterritorializar y despersonalizar la
discusión y
desprevenir el debate, realizada en el documento señalado anteriormente,
para que el
punto de partida de esta discusión sea el acuerdo sobre estos cuatro
requisitos, pues lo que
se está discutiendo es la Universidad de Antioquia del futuro).
Precisamente estos cuatro aspectos se hacen presentes de manera
cotidiana en la
percepción que tiene los servidores universitarios desde su temporalidad
en la Institución.
Algunos apartes de las matrices de análisis producidas en los talleres
de Diseño Estratégico
de la Comunicación, realizados en el 2003 para 21 entidades públicas9
nos dan una idea de
esta situación:
«TEMPORALIDAD
(…) La manera como los servidores públicos se ubican frente a las
administraciones,
según el horizonte que se desprende de su relación con ellas en el
tiempo, es importante
como factor de cohesión o de desarticulación en la búsqueda de elementos
comunes
que hagan posible la construcción de sentido compartido:
8 http://www2.um.edu.uy/sap/SAPPerspectiva.pdf#search=%22sap%20%22montevideo%22%22
9
Programa para el “Fortalecimiento de la Transparencia y la Rendición de
Cuentas en Colombia”, implementado
por el Centro Colombiano de Responsabilidad Empresarial (CCRE).
Los directivos:
Su horizonte temporal se caracteriza por una memoria de corto plazo.
Están
particularmente centrados en el presente, en el ahora (lo que se está
haciendo y lo que
hay que hacer) y en el futuro inmediato.
Suelen tener en cuenta administraciones anteriores para distinguirse de
ellas o para
darles continuidad en aspectos muy específicos.
Su tiempo es finito y está caracterizado por la inmediatez.
Los servidores de la carrera administrativa:
Su horizonte de memoria es de largo plazo, está anclado en el pasado.
"Todo tiempo
pasado fue mejor" o “peor”.
Sienten que por haber permanecido más tiempo en la entidad, son
“residentes”; y ven a
los directivos como “visitantes” cuya permanencia siempre será
transitoria.
Piensan que durante su “visita” cada directivo “inventa” o impone
criterios y procesos que
es inteligente cumplir y acatar, pero dejar pasar: “Llegarán otros con
nuevas normas
que, a su vez, serán reemplazadas”.
Los asesores (contratistas, administrativos y operativos):
Desarrollan exclusivamente las labores para las cuales fueron
contratados, dentro de
períodos establecidos, generalmente de corto plazo.
En algunos casos sus actividades se realizan en forma desarticulada y
sin llevar registros
apropiados de su gestión, lo cual afecta la continuidad de los
proyectos.
Por lo general, son mejor remunerados y reconocidos que el personal de
carrera
administrativa, lo que hace que su comunicación con ellos no sea la
mejor (…)»
La Propuesta
Asistimos, como se decía al principio, a un “conflicto de
racionalidades”; una Académica y
otra Administrativa, que bien pueden manifestarse también en dos
estructuras paralelas. No
se debe caer, sin embargo, en la trampa de separar la Academia de la
Administración;
deben considerarse como dos sub-estructuras integrantes de una gran
estructura que
realmente existe, aunque sus fronteras sean cada vez más difíciles de
identificar.
Estas dos sub-estructuras tienen elementos propios que las diferencian
pero a la vez tienen
puntos comunes que las asimilan, al punto de no saber en determinados
momentos si los
procesos son administrativos o académicos. La una está íntimamente
afectada por la otra.
Esta es la razón por la cual debe hablarse de una estructura
académico-administrativa
conformada por dos sub-estructuras y no por separado.
Se ha planteado de tiempo atrás la posibilidad de separar las funciones
y responsabilidades
de Representación Legal y Rectoría en la Universidad. La figura del
Rector se desgasta
ante las demandas de la representación legal que bien podrían ser
asumidas por una
Gerencia que reemplazaría la actual Vicerrectoría General.
Podría pensarse en que el Rector se ocupe prioritariamente de los temas
académicos, de su
relación con pares, organizaciones y gobiernos internacionales, de su
relación con la clase
política y el Gobierno regional y central, y en general, se ocupe de
proyectar la Universidad
en el mediano y largo plazos. Su relación directa sería con las
Facultades y con las tres
Vicerrectorías encargadas de orientar los procesos misionales, a saber,
Investigación,
docencia y Extensión. Debe evaluarse igualmente la posibilidad de que
los decanos (como
se hace con los directores de Escuelas e Institutos) sean nombrados
directamente por el
Rector, ya que son sus representantes ante las unidades académicas según
el Estatuto
General (Artículo 51). Los decanos en la actualidad rechazan, a veces de
manera abierta,
las directrices del Rector, por no decir que desconocen su línea de
mando, con el argumento
de que no son nombrados por él.
La Gerencia, por su parte, sería una instancia dinámica que se ocuparía
más de los asuntos
propiamente Administrativos (Laborales, Bienestar, Sostenimiento,
Vigilancia), Financieros,
Jurídicos, Comerciales, Informáticos, Planeación y Control Interno.
Llevaría a cabo la
Representación Legal y reemplazaría a la actual instancia de la
Vicerrectoría General.
Las dos sub-estructuras deben alejarse del concepto piramidal y adoptar
un modelo circular,
en el que cualquiera de los elementos que las integran puedan llegar al
centro (Rectoría y
Gerencia), y viceversa, mediante el uso de mecanismos tecnológicos que
no riñan con la
estructura jerárquica, es decir, llegar a un nivel de información que en
tiempo real actualice
los niveles intermedios sin crear conflicto de poderes. Esto requeriría
de sistemas de
información integrados, dinámicos y con procesamientos y reportes en
tiempo real.
El centro de la sub-estructura Académica sería la Rectoría y a su
alrededor estarían las
Vicerrectorías, las dependencias académicas (Facultades y Escuelas como
lo propone el
documento del doctor Alviar Ramírez) y la Dirección de Relaciones
Internacionales. En esta
última se hace necesario su fortalecimiento a la luz del Plan de
Desarrollo y de la inmersión
de la Universidad en el contexto internacional.
El centro de la sub-estructura Administrativa sería la Gerencia y a su
alrededor estarían las
Direcciones y Oficinas. Es conveniente hacer la diferenciación entre
estas dos instancias,
pues las Direcciones participan en los procesos administrativos por su
carácter propiamente
de Gestión y las Oficinas son instancias de carácter eminentemente
Asesor como lo define la
ley y el Estatuto General.
Dentro de las Direcciones estarían: la Dirección de Bienestar
Universitario, la Dirección
Financiera y la Dirección Administrativa, las dos últimas resultantes de
la escisión de la
actual Vicerrectoría Administrativa.
Las Oficinas, asesoras serían: la Oficina de Asesoría Jurídica, la
Oficina de Planeación y la
Oficina de Control Interno. Las tres oficinas asesoras deben convertirse
en verdaderos
canales de comunicación entre las sub-estructuras Académica y
Administrativa, propiciando
una mayor fluidez en la solución de las necesidades de la primera y
convirtiéndose en
instancias reales de apoyo a la misma. Para lograrlo se requiere de un
amplio apoyo de la
Rectoría
15
Tomando algunos elementos considerados en el documento del profesor
Alviar Ramirez, los
procesos de Regionalización podrían ser asumidos por la Vicerrectoría de
Docencia pero no
así los de Posgrado, que podrían estar inmersos en la Vicerrectoría de
Investigación (como
antes lo estaban), por su fuerte relación con esta tarea misional.
De otro lado, la Institución debe buscar mecanismos adecuados para hacer
cumplir el
Acuerdo Superior 124 del 29 de septiembre de 1997, por el cual se
establece el Estatuto
Básico de Extensión, pues en la actualidad no se está observando esta
norma o no la están
cumpliendo en su totalidad, las diferentes instancias universitarias, lo
que propicia la evasión
y la elusión de las contribuciones a la Administración Central. La
actual comisión del
Consejo Académico encargada de evaluar este tema debe concretar la
propuesta de manera
clara y precisa, que contenga la forma de costear y ofrecer los
servicios de extensión, al
igual que avance en el estudio y creación del Centro de Contratación,
adscrito a la
Vicerrectoría de Extensión, que avale la presentación de todos los
proyectos de extensión a
la Sociedad y canalice los esfuerzos que muchas veces se dispersan por
la presentación de
varias propuestas, desde diferentes unidades académicas a un mismo
contratante.
La Gestión Tecnológica y la Innovación serán pilares fundamentales del
desarrollo
universitario, las cuales deben reorientarse mediante la creación de
estructuras de
mercadeo y ventas que faciliten la oferta de productos y servicios a
través del Centro de
Contratación. Tales procesos dependerían de la Vicerrectoría de
Extensión.
Se ha señalado repetidamente en diferentes instancias universitarias
que, en nuestra
Institución, no vendemos sino que nos compran. Los cambios del mercado
nos llevarán
GERENTE
DIRECCIONES OFICINAS
FACULTADES VICERRECTORIAS
RECTOR
ESTRUCTURA ACADEMICO- ADMINISTRATIVA
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
irremediablemente a pensar en este tipo de estructuras y a adoptar esta
terminología, hasta
ahora proscrita en la Universidad Pública.
La actual Vicerrectoría Administrativa padece de una gran concentración
de procesos, al
reunir los aspectos “administrativos” propiamente dichos y los
financieros. Los procesos de
compras y mantenimiento son altamente ineficientes y los financieros
siguen anclados en
modelos concebidos hace siglos que no responden de manera adecuada y con
oportunidad
a las necesidades de información de la Universidad, del entorno y de los
organismos de
control tanto internos como externos. Se hace urgente la adopción de
herramientas como el
Cuadro de Mando Integral, la Matriz de Administración de Riesgos y el
Costeo Basado en
Actividades (Sistema de Costos ABC).
Dicha Vicerrectoría podría reemplazarse por dos Direcciones que dependan
de la Gerencia:
una Dirección Administrativa que reúna los procesos de Relaciones
Laborales,
Mantenimiento, Vigilancia y Seguridad Social; y una Dirección Financiera
que tenga a su
cargo los procesos Financieros (Contabilidad, Cartera, Conciliación
Bancaria y Tesorería),
Comerciales (Compras y Contratación, Inventarios y Seguros) y de
Informática y Tecnología
(Sistemas y Cómputo), separándolos de la Oficina de Planeación.
Una ubicación equivocada e improcedente es la que tiene la sección de
presupuesto, pues
actualmente la misma dependencia (Jefatura Financiera) elabora y ejecuta
el presupuesto,
violando la más elemental de las normas de Control: La sección de
presupuesto debe
pertenecer a la dirección de Planeación.
Otra razón fundamental para desligar el proceso de presupuesto del área
financiera es la
necesidad de separar las funciones de planeación y ejecución de esta
herramienta,
buscando una mayor eficiencia en la gestión del presupuesto para que su
ejecución atienda
prioritariamente a los planes de mediano y largo alcance.
Por otro lado, en la actualidad se ha venido trabajando la idea de crear
la figura del Defensor
del Estudiante como una puesta en marcha de la propuesta de
administración del Rector
actual cuando presento su programa de gobierno. En la mayoría de
universidades más
importantes del mundo, se concibe la figura del OMBUDSMAN o Defensor
Universitario, la cual daría una mayor representación con respecto a la
idea original, al extenderse su
accionar a toda la comunidad universitaria. Los avances en esta materia
deben consultar de manera prioritaria el perfil y la idoneidad de la
persona que vaya a ocupar ese cargo.
El proyecto SUGI tiene conformado un grupo que visitará universidades de
distintos países, integrado principalmente por ex-decanos de las
diferentes facultades. Esta visión será muy importante para definir la
subestructura académica de nuestra Alma Mater.
La idea de disminuir el número de integrantes del Consejo Académico me
parece importante pues le daría a esta Corporación una mayor agilidad en
las decisiones, máxime si los directivos de las unidades académicas
previamente se han reunido por divisiones o áreas
del conocimiento. Lo anterior, sin contar con los importantes efectos
que sobre el
presupuesto tiene un adelgazamiento sobre la nómina administrativa.
17
EL CONTROL INTERNO
Tanto los administradores como los académicos han mirado la función del
Control Interno
con recelo y antipatía. Para empezar debemos decir que esta actividad no
se ha entendido
en la forma como fue proyectada por quienes hicieron parte de la
Asamblea Nacional
Constituyente de 1991, pues las consideraciones realizadas alrededor de
la figura del
Control Interno, no han sido tenidas como base para una relación de
confianza y credibilidad.
La relación entre los gerentes públicos y los jefes de control interno
sigue siendo de
desconfianza por parte de aquéllos que miran a este servidor como su
fiscal, como su
investigador. (Es evidente que la probidad no nace del cargo). En varias
oportunidades se ha
tratado de aclarar que las funciones asignadas al jefe de control
interno, tanto en la ley como
en las normas internas son de acompañamiento y de asesoría al Gerente y,
por su
delegación, a otros administradores de la Entidad. Pero esto nunca se ha
entendido así.
Para los Gerentes, este servidor ha sido “un contralor más”, y se
lamentan de las
actuaciones derivadas del ejercicio del Control Interno, optando por
mantenerlo alejado de
las decisiones y los aspectos relativos a la administración.
Es importante resaltar que la responsabilidad del sistema de Control
Interno, (aunque está
en el imaginario colectivo, como una función únicamente de la
dependencia que lleva este
nombre) es del Gerente, es de su tenor y de su liderazgo. Se concibe
como una actividad
complementaria a la función administrativa, conjuntamente con la
Planeacion y la Gestión.
Decía el Dr. Carlos Gaviria Díaz en el teatro Camilo Torres de la
Universidad de Antioquia,en el año 2006, a propósito de su charla con
motivo de los quince años de la Constitución de
1991, que “a los políticos no les gusta el control”. En esta breve frase
queda incluída
toda la oposición que desde los cargos públicos hacen los políticos al
control, tanto interno como fiscal o político.
Los obstáculos a las funciones ejercidas por las oficinas de control
interno son
generalizados. El problema para el ejercicio del Control Interno es a
nivel nacional. No sólo
en las Universidades públicas sino en muchas instituciones del Estado,
la actividad del
Control Interno ha sido relegada a su mínima expresión. Estos cargos son
asignados como
premios de consolación a los partidos políticos, pues dicha dependencia
no maneja
recursos, sus conceptos no son vinculantes y sus posibilidades de
actuación quedan
relegadas a las decisiones de los Gerentes o (lo que es peor) del los
mandos medios.
El ejercicio del Control Interno ha evidenciado que los informes de
evaluación que, de
manera independiente, hacen estas dependencias, son mirados con recelo y
en la mayoría
de casos no se llevan a la práctica las recomendaciones realizadas. Sus
conceptos no son
recibidos como una propuesta enfocada al mejoramiento de la entidad sino
como una
investigación o persecución contra los mandos medios o el Gerente. Los
informes son
motivo de “grandes disgustos” por parte de los gerentes, pues sienten
que se esta atacando
su gestión o se están poniendo en evidencia situaciones que no es
conveniente dar a
conocer. Por lo tanto, los jefes de estas oficinas, ante el recelo
frente a su gestión, ven
desaparecer toda posibilidad de lograr uno de sus principales objetivos,
el cual es
mantener los recursos públicos a buen recaudo y adoptar una postura
ética ante la
administración de lo público.
Para la Administración de la Universidad de Antioquia, la Oficina de
Control Interno – OCI se
convirtió en los últimos años en una instancia incomoda. Sus actuaciones
fueron vistas como
policivas y sus lineamientos se satanizaron al punto de mirarlos como
informes equiparables
a los de la Contraloría.
Las observaciones realizadas por la OCI10 en aspectos académicos (planes
de trabajo, año
sabático, concursos públicos de méritos, comisiones de estudio, centros
y grupos de
investigación, etc.), en reportes financieros (Portafolio de inversiones
financieras,
contabilidad, tesorería, compras, presupuesto), en aspectos de
conciliación (Deudas con el
ICBF), en contratos como en los casos señalados de la sede de Caucasia,
Edificio de la
Facultad de Ingeniería y “modulo de comidas” (Junta Asesora en
Contratos), en
evaluaciones a los proyectos estratégicos como la IPS universitaria,
generaron un
sinnúmero de molestias en los responsables de los procesos. Las
recomendaciones
realizadas por la OCI, con algunas excepciones, no fueron tenidas en
cuenta por la
Administración central de la Universidad.
Todo lo anterior llevó a la administración (noviembre y diciembre de
2006) a tomar la
decisión de reestructurar de manera total la Oficina de Control Interno
de la Universidad de
Antioquia, para lo cual se inició con un estudio sobre el clima laboral
y organizacional de la
Oficina del cual no se conocieron con certeza sus conclusiones y sobre
el cual se
fundamentaron las posteriores actuaciones. (Extrañamente se tomaron
medidas drásticas y
particulares en el Alma Mater, fundamentadas en dicho estudio y quizás
con una intención
ejemplarizante para aquellos que se atrevan a ir en contravía de las
directrices de la
administración actual). Pero bien es conocido por los directivos y
empleados académicos y
administrativos, que tan arbitraria decisión, obedeció a aspectos de
fondo relacionados con
las observaciones de la OCI con respecto a la gestión y actuaciones de
la Administración
Central.
Al declarar insubsistentes al Director y a tres (3) Analistas (80% del
personal de la OCI), sin
motivación razonable alguna, sin mediar una evaluación del desempeño y
sin una razón
justificada, se deja a la Universidad sin el conocimiento y el soporte
de las actuaciones sobre
las cuales se realizaron importantes observaciones y recomendaciones.
Con dicha decisión
se acaba con la crítica relacionada con los desafueros y los actos
contrarios a la moral y a la
ética universitaria, se emplea la política de “tierra arrasada” para
intentar desdibujar la
gestión realizada durante los últimos seis años.
Sería conveniente generar la discusión sobre la figura del Control
Interno en el país. ¿Sirve o
no sirve para los fines que fue concebida por la Constitución? ¿Qué
aportes le ha hecho al
país? ¿Es solamente una instancia burocrática para asignar puestos, como
premios de
consolación a los perdedores en los comicios? ¿Cómo la han utilizado los
políticos? ¿Cómo
la ha utilizado el país para combatir la corrupción y darle elementos
adicionales de calidad a
la gestión pública? ¿Vale la pena continuar con una figura que no tiene
respaldo, ni es
mirada con buenos ojos por quienes deben utilizarla, en este caso los
gerentes
públicos?¿Se ocupa el máximo responsable del Control Interno en el país,
es decir, el
Presidente de la República, por impulsar su correcto funcionamiento y su
efectiva
participación en la gestión pública?
10 Balance Social de la Oficina de Control Interno Universidad de
Antioquia años 2004, 2005 y 2006. Archivos de la OCI.
Una gran discusión en este sentido debería ser liderada por el
Departamento Administrativo
de la Función Pública – DAFP, a fin de tener claridad sobre la
pertinencia o no de esta figura
constitucional, pues para aportar con algo al debate, podría pensarse en
que esta actividad
dependiera del máximo organismo colegiado en cada entidad, que los jefes
fueran
nombrados por este organismo con independencia de los Gerentes,
rindieran informes a
estos cuerpos colegiados y no al DAFP (quien los archiva) y se
convirtiera al Control Interno
en una figura adicional de control político al servicio de los
organismos colegiados. Definir los
nombramientos por períodos y exigir unos perfiles profesionales para
quienes aspiren a
estos cargos.
En este aspecto concreto, debe resaltarse la inoperancia del
Departamento Administrativo
de la Función Publica, ente rector del Control Interno en Colombia, el
cual no ha
implementado una política de comunicación con los distintos comités
interinstitucionales de
control Interno (CICI) del país, a pesar de los esfuerzos de las
Oficinas de Control Interno
por consolidar el Sistema Nacional. En este esfuerzo, además del CICI
nacional, se han
fundado, entre otros, los siguientes Comités de Control Interno en el
país: CICIA (Antioquia),
CIUP (Universidades Públicas), CICIR (Rizaralda), CICIS (Santander),
CICIC (Caldas),
CICIV (Valle del Cauca), CICIT (Tolima).
El DAFP, es también el encargado de coordinar el Consejo Asesor del
Gobierno Nacional en
Materia de Control Interno, instancia asesora directamente del
Presidente de la República y
en el cual tienen asiento, entre otros, la Contraloría General de la
República, la Auditoria
General de la Nación, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría
General de la
Nación, la Oficina de la Lucha Contra la Corrupción, la Contaduría
General de la Nación y 4 representantes de las Oficinas de Control
Interno del país, nombrados en la reunión anual del CICI Nacional. El
DAFP no ha reunido ni una sola vez en los últimos dos años al
Consejo Asesor y al CICI Nacional.
LA ÉTICA
"Cínico es el que conoce el precio de todas las cosas, y el valor de
ninguna."
Oscar Wilde
El tema de la ética también es rechazado en una gran mayoría de los
diseños curriculares.
Los programas académicos que se han ocupado del tema pueden contarse en
los dedos de la mano: Filosofía, Medicina, Derecho, Contaduría. Vale la
pena preguntarse si no es allí donde se origina un desconocimiento del
tema y un rechazo a tocarlo cuando la misma Universidad no se ocupa de
tenerlo en sus programas.
Sobre la ética universitaria, la Universidad Industrial de Santander –
UIS, ha realizado un importante aporte al plantear cual debe ser el
papel que represente la filosofía y la
Universidad en la sociedad respecto al tema (a propósito del nuevo
Modelo Estándar de Control Interno - MECI y de la responsabilidad
universitaria con el documento11 preparado por la doctora Mónica
Jaramillo de la Escuela de Filosofía de esta Universidad).
11 Elementos conceptuales y propuesta metodológica para la elaboración
del protocolo ético de la UIS.
Aunque las posiciones éticas al interior de la Universidad pueden ser
tema para otro
documento, su inobservancia se manifiesta de variadas y sutiles formas.
Baste empezar por el análisis de los planes de trabajo de los docentes,
continuar con el desconocimiento de cualquier norma por parte de los
investigadores, algunos de los cuales afirman que “(…) nuestro único
reglamento es no tener reglamento.”, la forma como se maneja la
propiedad intelectual y los resultados de la investigación, el tiempo
dedicado, dentro de la jornada de trabajo en atender aspectos
profesionales particulares, labores académicas en otras universidades,
las jornadas especiales en las áreas de la salud, los docentes de tiempo
completo que sólo trabajan medio tiempo o un cuarto de tiempo, la
relación con los estudiantes de maestría y doctorado en quienes se
descargan gran parte de las obligaciones de los
profesores-investigadores, los beneficios obtenidos de los proyectos de
extensión y la manera como se manejan los recursos financieros, tanto de
fondos generales como de los especiales, sin que exista la rendición de
cuentas adecuada y necesaria.
En la Universidad debería iniciarse una gran campaña de moralización
mediante la cual se destierren de una vez por todas las prácticas
empleadas para beneficio personal. Tienen allí cabida personas que bajo
diferentes calidades se han constituido en verdaderos mercenarios de la
academia y de los recursos públicos a los cuales acceden sin mayores
inconvenientes para ser usados y administrados atendiendo a su interés
particular, sus actuaciones son soterradas y sutiles, convirtiéndose en
los “dueños” de la Universidad, pues llegan inclusive a adoptar un
lenguaje de propiedad privada sobre lo público. En algunos casos, sus
nexos con el sector político constituyen otra variante en la intrincada
red de influencias y prebendas que utilizan. Podría afirmarse con mucha
desesperanza que las prácticas indebidas de algunas esferas del Estado
han penetrado a la Universidad, reafirmando la teoría de que “la sal
también se corrompe”.
A estas prácticas, conocidas por la mayoría de quienes conforman la
comunidad
universitaria, no se las cuestiona. Solo cuando el bienestar personal es
tocado, surgen
voces de protesta. La comodidad y el beneficio otorgado por aquellas, se
encuentran
introyectados en la cultura universitaria a manera de pactos cotidianos
pero no por esto menos perversos.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
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