Beneficios que se desprenden de la participación del sector privado:
Cabría anotar algunos resultados deseables que surgirían de la
participación de inversionistas privados en la financiación,
construcción y/o operación de la infraestructura de servicios (salud,
educación, vivienda, vías, puertos, aeropuertos, generación, transporte
y distribución de energía, telecomunicaciones, parques recreacionales,
etc.).
• La posibilidad de contar con una infraestructura básica para el
desarrollo con participación de recursos financieros, técnicos,
organizativos provenientes del sector privado que aliviaría las cargas
del sector público, cuyos recursos liberados se orientarían con mayor
eficacia a los servicios de seguridad, justicia, defensa y otras
necesidades meritorias que no puede delegar en otros agentes
particulares o que no despiertan su interés al no contener rendimientos
financieros.
• La oportunidad de generar empleo a través de estos proyectos y mejorar
la calificación de los trabajadores.
• Construcciones de obras adicionales de servicio público como centros
de salud, escuelas, alcantarillados, acueductos, vivienda, estaciones de
bomberos y otros que se pueden desencadenar a propósito de la
construcción y operación de un proyecto de alguna magnitud.
• El establecimiento o expansión de una base industrial que provee de
materiales e insumos a las necesidades del proyecto en su etapa de
ejecución y durante la operación.
• El incremento de los recursos tributarios generados por renta,
valorización, nuevo uso de la tierra, industria y comercio, etc.
• El efecto multiplicador en la industria, el comercio y el empleo que
se manifiesta siempre como dinamizador de la economía por efecto de la
realización de grandes obras de infraestructura.
La capacidad de la empresa privada de generar y mostrar índices de
gestión de alta eficiencia y competitividad, que no se da con frecuencia
en el sector público.
Autofinanciación de proyectos (project finance)
La autofinanciación (project finance) se concibe cuando una organización se establece empresarialmente para construir, poseer y operar un proyecto en forma rentable como unidad económica independiente. La compañía creada financia su construcción basada en la noción de proyecto, lo que implica la emisión de acciones y/o valores de deuda diseñados como autoliquidables exclusivamente con los ingresos derivados de la operación del proyecto. En efecto, el autofinanciamiento de proyectos es un mecanismo de obtención de fondos para atender un proyecto de inversión en la que el flujo de fondos de efectivo se considera como el origen de los recursos para el servicio de la deuda y el rendimiento del capital invertido en el proyecto. Con esta modalidad se pueden financiar oleoductos, refinerías, plantas generadoras de electricidad, proyectos hidroeléctricos, construcciones portuarias, de exploración y explotación minera, y en general toda clase de obras de infraestructura que requiera gran cantidad de recursos financieros.
Algunos autores señalan que el primer proyecto financiado con esta modalidad data del siglo 13, cuando la corona británica obtuvo un préstamo por parte de banqueros florentinos para desarrollar un proyecto minero en Devon. La condición establecida entonces fue que dicha deuda se amortizaría solamente con los fondos provenientes de la venta de la producción de la mina durante un periodo determinado. Este mecanismo de financiación de grandes obras ha venido evolucionando al mismo tiempo que se descubren y ponen en práctica nuevas técnicas de ingeniería financiera, aplicada principalmente a proyectos con las siguientes características: largo plazo (periodo prolongado de ejecución, tiempo suficiente de operación para generar los recursos necesarios para atender el servicio de la deuda y demás acreencias); requerimientos significativos de recursos e incidencia de riesgos de tipo comercial, técnico y político.
La magnitud de estos proyectos supone la presencia de un paquete de financiación bastante heterogéneo: capital de riesgo, fondos generados por el proyecto y deuda provista por agencias y organismos multilaterales, bancos comerciales, compañías de seguros y fondos de pensiones, y en general, el mercado de capitales. Dada la magnitud de estos proyectos supone la disposición de ingentes recursos de largo plazo que no maneja la banca comercial convencional y los gobiernos no están en capacidad de atender pues deben comprometer buena parte de sus presupuestos en obras de desarrollo social.
La estructura de esta modalidad supone:
La elaboración de rigurosos estudios de preinversión que permitan
con un grado alto de confiabilidad proyectar los flujos de fondos para
todo el horizonte del proyecto.
PROJECT FINANCE JUAN JOSE MIRANDA M
La elaboración de complejos contratos que establecen los
compromisos y derechos de orden financiero, técnico y legal entre los
diferentes agentes involucrados.
La complejidad de esta modalidad de financiamiento involucra un número
heterogéneo de agentes independientes, estos son:
Proyecto-empresa: es la compañía que se constituye y se hace
responsable de la ejecución y operación del proyecto, por lo tanto se
erige como deudora de la financiación y receptora de los recursos
derivados de la operación y venta de los productos. El riesgo financiero
de los promotores queda reducido a sus aportes de capital, lo que
significa que la única responsabilidad de la deuda será respaldada por
los activos de la “empresa proyecto” y sus flujos de caja. La forma
jurídica más adecuada para la empresa proyecto suele ser de sociedad
anónima (que limita la responsabilidad de los socios al monto de sus
acciones o aportes).
Promotores o gestores: asumen la tarea de diseñar y establecer una
nueva empresa o vehículo organizacional a través de algún mecanismo
adecuado (consorcio, asociación, joint venture, fideicomiso, etc.)
formada con los activos del proyecto.
Agentes de deuda: los bancos comerciales, las agencias promotoras de
exportaciones, los organismos multilaterales de desarrollo, los fondos
de pensiones, las compañías de seguros y en general el mercado de
capitales son los proveedores de recursos. Generalmente los bancos
comerciales suscriben la deuda a corto y mediano plazo para la
construcción y luego sindican a otras instituciones para una vez
terminada la construcción las transformen en acreencias a largo plazo.
Las agencias internacionales como el BID, Banco Mundial, la CAF proveen
financiación resguardadas de riesgos políticos y que además suelen
aportar confianza a otros inversionistas.
Ejecutor o constructor: otro agente estratégico es la firma
especializada que pueda garantizar la construcción y puesta en marcha
del proyecto. Generalmente se suscribe con la firma experta un contrato
llave en mano a precio fijo que premia la eficiencia y castiga el
incumplimiento. Este contratista a su vez adelanta diversas clases de
subcontratos con empresas especializadas.
Proveedores: para garantizar la operación de cierta clase de
proyectos se suscriben con proveedores contratos de compra a largo plazo
de algún insumo necesario.
Compradores: para afianzar la seguridad de los flujos de ingresos
también se suscriben contratos de largo plazo con potenciales
compradores del producto o usuarios de los servicios respectivamente.
Operador: para la operación adecuada y el mantenimiento se contratan
firmas especializadas nacionales o extranjeras.
Asesores: dada las complejidades financieras, técnicas y jurídicas
cada uno de los agentes involucrados vinculan toda suerte de asesores
(banqueros, financistas, abogados, técnicos, ingenieros financieros,
aseguradores, corredores de bolsa, etc.) para que los orienten en la
toma de decisiones.
Estado: dada la necesidad de liberar recursos para proyectos de
contenido social el Estado tiene especial interés en promover esta
modalidad para ejecutar proyectos de infraestructura necesarios para el
desarrollo. En el caso de la construcción de infraestructura el Estado
transfiere riesgos hacia el sector privado y al mismo tiempo vigila que
el proyecto opere adecuadamente en beneficio de interés general, además,
permite la entrada de capitales frescos que vigorizan la economía,
promueve la transferencia de tecnología, la calificación de la mano de
obra mejorando la competitividad del país.
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La figura adjunta nos presenta un esquema de autofinanciamiento sobre la base del proyecto que se ubica como centro de toda actividad. La materia prima y los contratos de suministro de dirigen hacia el centro, en tanto que de allí sale la producción y se consolidan los contratos de venta, generalmente a largo plazo, que permitirán garantizar los flujos de ingresos necesarios para atender el servicio de la deuda. Por otro lado, de abajo hacia arriba aparecen los créditos y en forma recíproca la amortización de la deuda con intereses que se cubren con los ingresos derivados de la operación del proyecto. De abajo hacia el centro, fluyen los fondos de los inversionistas de capital y reciben en compensación los rendimientos, también atendidos por las ventas de la producción. Algunos accionistas pasivos (que no participan ni en administración ni en el riesgo) aportan recursos adicionales en busca, desde luego, de rendimientos satisfactorios.
Tal como se viene anotando, el proyecto-empresa corresponde a un conjunto de activos (reservas mineras o petroleras, equipo y maquinaria, construcciones, extensión de tierra, conocimientos e información, etc.) capaz de funcionar como una unidad económica independiente. Las operaciones respaldadas por diversos acuerdos contractuales, se organizan de tal forma que el proyecto posea la capacidad de generar un flujo de efectivo suficiente para amortizar las deudas y producir rendimientos satisfactorios para los diferentes agentes comprometidos.
El “autofinanciamiento de proyectos” se diferencia del financiamiento convencional en:
• En el financiamiento convencional los acreedores consideran el
patrimonio total de la firma promotora como garantía suficiente para
respaldar el servicio de la deuda. En cambio, dado que el proyecto es
una entidad jurídica diferente a la empresa que lo patrocina o promueve,
el flujo de efectivo del proyecto se encuentra segregado y es
completamente independiente de la entidad patrocinadora, está fuera de
su balance.
• En la forma convencional, es claro que el control permite a los
propietarios destinar
los beneficios del proyecto en otras actividades seleccionadas
discrecionalmente. En tanto que los ingresos del proyecto quedan atados
a las acreencias y a la remuneración de los aportes de los distintos
agentes.
• El financiamiento de proyectos está diseñado para distribuir los
rendimientos y los riesgos de manera más eficiente que la estructura
tradicional.
El financiamiento basado en proyectos resulta altamente recomendable:
• Cuando la producción prevista experimenta una demanda tan fuerte
que los compradores manifiestan el deseo de negociar contratos de largo
plazo.
• Cuando los contratos tienen cláusulas suficientemente firmes,
confiables y llamativas para que los bancos y agencias financieras se
interesen en financiar la ejecución del proyecto.
Muchos proyectos con reservas comprobadas de explotación minera o
petrolera, grandes obras de infraestructura, plantas industriales,
desarrollos turísticos, proyectos de telecomunicaciones, etc. en algunos
países emergentes resultan llamativos para diferentes agentes que
estarían dispuestos a participar en su estructuración financiera:
inversionistas extranjeros que aportarían capital y tecnología de
explotación y administrativa; compradores que se verían beneficiados por
contratos a largo plazo ventajosos en cantidad, calidad y precio;
algunos eventuales fabricantes o arrendadores de equipos; y desde luego,
el gobierno, estimulado por el crecimiento de la infraestructura y por
la generación de empleo, podría conceder ciertas exenciones tributarias
temporales con el incentivo del recaudo de significativos impuestos en
el mediano y largo plazo. Por otro lado, también suelen aparecer
“inversionistas pasivos”, o sea, aquellos que colocan su capital en
busca de rendimientos seguros pero que no asumen riesgos.
Importante es observar, la variedad de agentes involucrados en el proceso, que asumen mayores o menores riesgos dependiendo del su nivel de participación y de los rendimientos esperados. El desafío está en diseñar un modelo de “ingeniería financiera” lo suficientemente estructurado, claro y explícito, respaldado por contratos que determinan el nivel de recursos necesarios, los aportes e incentivos de cada fuente y, desde luego, la diversificación del riesgo entre los diferentes protagonistas. Se trata de buscar en el modelo un equilibrio entre rendimiento y riesgo compartido por los diferentes agentes involucrados.
Dado que el proyecto se constituye en una empresa independiente no tiene antecedentes que los respalden, por lo tanto los únicos argumentos válidos ante eventuales inversionistas son los estudios serios y confiables de preinversión, que avalen un nivel satisfactorio de rentabilidad que sea llamativo para el apoyo crediticio o participación provista por terceros mediante claros y explícitos arreglos contractuales.
La obtención de recursos necesarios para financiar la construcción o ejecución de un proyecto requiere convencer a los eventuales prestamistas de largo plazo de la viabilidad técnica, la factibilidad y conveniencia económica y la solvencia intrínseca de sus finanzas. A los inversionistas les preocupa todos los riesgos que un proyecto implica, les interesa saber quien y en qué forma los enfrentará, y si los rendimientos serán suficientes para compensar los riesgos que correrán. Es claro que los patrocinadores lo mismo que los inversionistas y sus asesores, deben conocer a fondo los aspectos técnicos y jurídicos del proyecto y los riesgos que arrastra, y deben tener la capacidad de evaluar en forma independiente los aspectos financieros y su capacidad de generar un flujo de caja suficiente para atender el servicio de la deuda y el cubrimiento de los costos de operación.
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Viabilidad tecnológica: los estudios de preinversión (factibilidad) deben contener un riguroso análisis de ingeniería de detalle que permita validar los procesos tecnológicos, el tamaño de la planta y su capacidad de expansión, su ubicación, la cronología de las actividades y los costos propios de la construcción. Los potenciales acreedores deberán estar lo suficientemente convencidos de la pertinencia y disponibilidad de los procesos tecnológicos que se emplearán a la escala comercial estipulada. Esto significa, que exigirán garantías de que el proyecto podrá operar a su capacidad de diseño, y buscarán el concurso de consultores independientes y expertos que avalen estas suposiciones técnicas y confirmen que existe un programa de construcción confiable en el cual se estipula:
• Tiempo que se considera necesario para obtener las aprobaciones y
permisos reglamentarios y licencias ambientales para la construcción.
• Tiempo de entrega de los equipos adquiridos o disponibilidad de los
tomados en arriendo.
• El tiempo necesario para las actividades previas a la ejecución:
diseños, colocación de pedidos de equipos y materiales de construcción,
preparación del sitio y contratación de la mano de obra. Se debe conocer
la ruta crítica del programa de construcción y el análisis de las causas
que potencialmente afecten la entrega oportuna del proyecto y por ende
los flujos de ingresos.
• Que los presupuestos asignados sean suficientes para terminar la
ejecución teniendo en cuenta eventuales contingencias. El trabajo de
diseño e ingeniería de detalle da las pautas para estimar los costos de
construcción de todas las instalaciones necesarias para la operación del
proyecto como una entidad económica y administrativa independiente. Las
estimaciones de costos de construcción deben incluir un factor de
contingencia apropiado para absorber los posibles errores de diseño o
factores imprevistos. La magnitud de ese factor depende del nivel de
incertidumbre en que se desarrolle la construcción, pero se puede
estimar en general en un nivel del 8% al 10% del presupuesto de
construcción. Es obvio que las estimaciones de recursos financieros para
el periodo de ejecución deben incluir las necesidades de capital de
trabajo así como el monto de los intereses causados durante la
instalación del proyecto.
• Si al término de la ejecución las instalaciones podrán operar a la
capacidad planeada.
Resulta obvio que el asesor financiero debe estar al tanto de las
posibles incertidumbres tecnológicas y de su impacto potencial en las
necesidades de financiamiento, las características operativas y de
gestión y, desde luego, la rentabilidad del proyecto. Esto no suele
implicar mayores problemas cuando se trata de tecnologías conocidas y
apropiadas, pero cuando estas no están lo suficientemente comprobadas
los riesgos asumidos son mayores lo mismo que las dificultades para
negociar la participación con inversionistas, quienes exigirán mayores
garantías y rendimientos en la medida que los riesgos tecnológicos se
incrementen.
Financiera y económicamente conveniente: que el valor presente neto esperado de los flujos de efectivo futuro (ingresos) exceda el valor presente esperado de los egresos (inversiones y costos de operación). De todos modos la viabilidad del proyecto depende de la demanda comercial de la producción o prestación del servicio en términos de precio, volumen y calidad. Para ponderar el mercado del producto los analistas estudian las condiciones de demanda y oferta proyectadas durante la vida útil del proyecto. El estudio de comercialización se diseña para ratificar que conforme a una serie de suposiciones económicas razonables, la demanda será suficiente para absorber la producción planeada a precios adecuados que cubra el costo de producción, que permita al proyecto atender el servicio de la deuda y que genere para los inversionistas una tasa de rentabilidad aceptable.
Operador calificado: por otro lado, se deberá garantizar a los
agentes participantes que se contará con una administración calificada a
través de un operador altamente experimentado. El sistema de
financiación por proyectos se presta muy bien para el sistema de
incentivos hacia el operador, en el cual la remuneración hacia este está
directamente vinculada al desempeño del proyecto. Cuando los
administradores tienen una participación directa en el proyecto se ven
estimulados a tomar medidas proclives al mejoramiento de la
rentabilidad.
Sofisticación de la ingeniería financiera: los acreedores podrán
especial atención a la “solidez crediticia” que demuestre el proyecto a
través de:
• Valor inherente de los activos involucrados en el proyecto
(reservas comprobadas, terrenos, equipos, conocimientos e información,
etc.).
• La rentabilidad esperada.
• La cantidad de capital que los patrocinadores están arriesgando en el
proyecto.
• El compromiso que terceras partes adquieren con el proyecto.
• Tecnología apropiada y mercado seguro para el producto.
Una de las ventajas del autofinanciamiento de proyectos es que permite
la distribución de los riesgos operativos y financieros entre las
diferentes partes involucradas. No suele ser nada práctico y un poco
inapropiado que un solo agente asuma los diferentes riesgos de orden
financiero, económico, técnico, ambiental o político. La estructura que
facilita la propiedad múltiple y distribuye los riesgos es la más
adecuada para el financiamiento de proyectos. La capacidad de
apalancamiento que un proyecto pueda alcanzar depende de su
rentabilidad, de la naturaleza y magnitud de los riesgos, de la seriedad
de los contratos de compra de insumos y venta de productos y de la
firmeza de los arreglos de deuda y crédito.
De lo anterior se puede desprender que los arreglos de financiamiento de
proyectos siempre implican relaciones contractuales entre varias partes
interesadas, lo que determina que se debe establecer una genuina
concurrencia de intereses entre los participantes, lo que se manifiesta
a través de un acuerdo de obtención de beneficios y asunción de riesgos
conforme a una estructura acordada de financiamiento. Es por esto, que
la ingeniería financiera deber diseñar una estructura que colme las
aspiraciones de los agentes participantes, que necesariamente y en forma
inequívoca aparecerá en los correspondientes contratos.
Algunas características propias de esta modalidad de financiación:
• Esta forma de financiamiento no siempre representa el menor costo.
• Dado que la única herramienta para la gestión de recursos es el “plan
de negocio” respaldado por rigurosos estudios de preinversión
(factibilidad), se precisa seriedad y alta calificación de los
consultores encargados, y asignar el tiempo y los recursos necesarios
para ofrecer un documento lo suficientemente sólido y confiable que
permita informar y persuadir a los eventuales agentes participantes.
• Suelen ser costosos de negociar. El financiamiento se estructura con
base a una serie de contratos que deben ser negociados por todas las
partes que intervienen en el proyecto, suelen ser complejos y requieren
más tiempo en el proceso de negociación y acuerdo. Estos costos de
transacción mayores se reflejan en las
tareas de diseño de la estructura legal, financiera y tributaria, en la
negociación de contratos de propiedad y crédito.
• El apoyo de crédito para el financiamiento de un proyecto se establece
a través de compromisos contractuales y no mediante promesa directa de
pagar.
• Evaluación y ponderación de riesgos: los prestamistas no se
comprometen a invertir en un proyecto hasta que no estén lo
suficientemente seguros de su viabilidad técnica y su conveniencia
financiera y económica, y por lo tanto exigen protección contra ciertos
riesgos básicos a través de garantías suficientes para compensar y
mitigar en parte tales contingencias. En efecto, los inversionistas
exigirán “arreglos de seguridad” diseñados para transferir a terceras
partes financieramente solventes. Los riesgos que se suelen cubrir a
través de estos mecanismos de seguridad son: los relacionados con la
terminación de la construcción y ejecución del proyecto, los riesgos
tecnológicos de incapacidad u obsolescencia prematura, riesgos que
involucran el suministro de materia prima, riesgos de tipo económico,
financiero, monetario, inflacionario, cambiario, político, ambiental o
de fuerza mayor.
• Un aspecto crítico de la ingeniería financiera de un proyecto implica
la identificación de todos los riesgos relevantes para luego diseñar
arreglos contractuales para repartirlos entre las partes interesadas.
Nuevos productos financieros como futuros, swaps, techos de tipo de
interés, han puesto al alcance de los gestores de proyectos nuevos
esquemas para manejar ciertos tipos de riesgos.
• Estructuración jurídica: La estructuración jurídica es uno de los
desafíos que deben enfrentar los expertos a nombre de los
patrocinadores, pues esta depende de varios factores de orden contable,
tributario y de regulación, y que se debe ceñir a las normas
correspondientes de los países de origen de los diferentes agentes
participantes. Es tal la complejidad del proceso, tanto desde el punto
de vista jurídico como técnico–financiero, lo que determina que el
equipo asesor debe ponderar objetivamente las ventajas y desventajas de
cada modelo de organización jurídica, para cada uno de los agentes
interesados.
La definición jurídica del nuevo ente debe tener en cuenta:
o El número de participantes y el objetivo del negocio de cada uno.
o El costo de capital estimado para el proyecto y su índice de
rentabilidad.
o Los requisitos impuestos por las autoridades de regulación.
o Los instrumentos de deuda disponibles.
o La situación tributaria de los participantes.
o La jurisdicción política en la que el proyecto operará.
Formulación del plan financiero: tal como lo anotamos anteriormente el
reto de los gestores de proyectos es atender armónicamente el beneficio
de los diferentes agentes que participan. Los prestamistas reclamarán
mayor seguridad, menos riesgo y el pago oportuno de las acreencias y en
las mejores condiciones de tasa de interés y de garantías. Los
promotores perseguirán los créditos más baratos, en condiciones más
flexibles y la asunción mayor de riesgos por parte de los acreedores. Se
trata pues de encontrar un punto de equilibrio en el cual las partes se
manifiesten satisfechas. Dada la magnitud de los proyectos, se precisa
la concurrencia necesaria de una serie de agentes que aporten dinero,
asuman riesgos y se beneficien de los resultados, por lo tanto la
estructuración jurídica y la formulación financiera del proyecto, deberá
ser de tal transparencia que los participantes potenciales puedan
ponderar adecuadamente los costos y beneficios que se derivan hacia
ellos, y especialmente corroborar la capacidad autónoma del proyecto
durante la operación, para generar los recursos que permitan atender los
compromisos tributarios, los del servicio de la deuda y, desde luego,
aquellos valores que a manera de utilidades satisfagan las expectativas
de los agentes involucrados. El diseño del plan para la financiación del
proyecto incluye la consecución de recursos tanto para la ejecución como
para garantizar la sostenibilidad; por lo tanto, requiere de la
identificación y análisis de las fuentes potenciales de fondos y su
disponibilidad periodo por periodo y, obviamente, la programación de la
producción y las ventas para la estimación de los ingresos en cada
período de operación del proyecto. Por lo tanto el plan financiero debe
responder en forma precisa cada uno de los siguientes planteamientos:
Nivel de endeudamiento externo requerido (apalancamiento): el
estudio de factibilidad ofrece toda la información pertinente para
dimensionar las necesidades de capital para la financiación del proyecto
tanto en el periodo de ejecución como durante la operación. El nivel de
endeudamiento externo apropiado se determina a partir de la razón
deuda/capital, y en mayor o menor grado depende de: el costo de las
instalaciones necesarias para la ejecución; costos financieros que hay
que asumir por la financiación de la construcción y los demás propios de
la administración del crédito; el monto de las necesidades del capital
de trabajo que proscriba cualquier conato de parálisis por falta de
recursos; la rentabilidad esperada y los riesgos de operación del
proyecto; la capacidad de los patrocinadores o promotores de aportar
capital; la participación como inversionistas de los potenciales
compradores del producto o servicio, o la intención de participación por
parte de proveedores de insumos; solvencia de las partes interesadas en
la compra del producto o servicio manifiesta en la suscripción de
sólidos contratos de compra de mediano y largo plazo; y finalmente un
margen de seguridad que permita cubrir eventuales situaciones no
previstas. Por otro lado, si las circunstancias de orden técnico lo
permiten en algunos proyectos se puede programar el inicio de
operaciones antes de la terminación total del proyecto (en forma
modular), lo que origina la disponibilidad temprana de ciertos ingresos
que alivien el monto de los créditos.
Compromisos previos para garantizar los recursos financieros: es
obvio que los compromisos de los prestamistas e inversionistas de
capital deben coordinarse con las necesidades manifiestas de los
contratistas responsables de la construcción y los proveedores de
equipos. La construcción no comienza hasta que los patrocinadores hayan
asegurado los compromisos para cubrir las erogaciones necesarias para
atender la totalidad de la instalación y puesta en marcha del proyecto
(cierre financiero). En el evento que se opte por una oferta pública
para financiar la construcción, esta debe ser respaldada por compromisos
sólidos de compañías financieras confiables a través de créditos
contingentes o puente (stand by) que obliguen a tales entes financieros
solventar el problema de recursos en caso que la oferta pública no tenga
respuestas suficientes.
Adecuado sincronización de los desembolsos propios de la ejecución
con los flujos originados en los proveedores de recursos.: el programa
de ejecución está condicionado a la llegada de recursos de las
diferentes fuentes comprometidas.
Estimación del flujo de caja periodo por periodo: desde luego, que un
plan financiero técnicamente concebido debe compaginar armónicamente el
servicio de los compromisos con los ingresos generados por el proyecto.
En principio la información financiera derivada de los estudios de
factibilidad suele presentarse en períodos anuales, sin embargo, los
asesores de las partes tendrán que corroborar en escala mensual el
comportamiento de los flujos de caja. La mejor forma es consolidar
contratos de compra de largo plazo que
aseguren ingresos en determinadas fechas futuras para atender las
erogaciones programadas.
Selección de monedas para financiar el proyecto: cuando se acuerda
recibir dinero por concepto de aporte o crédito o derivado de las
ventas, y también se acuerda el pago de acreencias en diferentes monedas
se puede incurrir en un riesgo de tipo de cambio que es preciso mitigar,
a través de la negociación en varias monedas que disminuye el riesgo de
cambio, al ponderar sus necesidades según el origen o destino de los
recursos financieros.
Estimación del horizonte del proyecto o su vida útil: es claro que el
vencimiento de la deuda de un proyecto no debe exceder su vida útil.
Algunos proyectos de extracción de minerales o petróleo, según la tasa
de producción y agotamiento pueden determinar con precisión su vida
útil.
Financiación para la construcción o ejecución:
Préstamo bancario: la financiación para la construcción puede
originarse en una compañía o en una empresa financiera especial que
emita pagarés o consiga fondos de corto plazo en las entidades bancarias
comerciales. Al utilizar una empresa financiera especial, la compañía
del proyecto pedirá prestado el dinero reunido por la compañía
financiera en condiciones similares a las que lo consiguió. En tanto que
se utiliza la financiación para la construcción se comienzan a adelantar
las pesquisas para el crédito de largo plazo, para lo cual los
prestamistas se mostrarán más proclives para su reemplazo, es decir,
buscar entidades financieras para cambiar los créditos de corto plazo
por créditos de largo plazo.
Préstamos directos de los patrocinadores a la compañía del proyecto:
una segunda forma es que cada uno de los patrocinadores pida prestado
según su participación un monto a corto plazo a las entidades bancarias
comerciales y luego se los preste al proyecto. Al terminar la ejecución,
la compañía del proyecto negocia financiamiento a largo plazo respaldado
por los flujos de ingresos derivados de la producción o la prestación
del servicio. Al mismo tiempo la compañía del proyecto amortiza los
dineros que pidió prestado a los patrocinadores con los recursos
recibidos con la financiación a largo plazo.
Financiamiento a largo plazo: no resulta nada fácil convencer a los
inversionistas a aceptar compromisos de financiación permanente con más
de dos años de anticipación, especialmente cuando el proyecto
corresponde a una gran obra de ingeniería cuya ejecución puede
prolongarse por varios años y cuya tecnología no ha sido comprobada
suficientemente, por lo tanto, suelen exigir garantías de que todos los
compromisos de financiación necesarios han sido consolidados. El
aseguramiento de tales compromisos de financiación requiere como mínimo,
que los patrocinadores del proyecto suscriban un convenio de
terminación.
1 Tomado contextualmente de libro “Gestión de Proyectos” (quinta edición) de Juan José Miranda Miranda.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Lic. Gretchen Guillermo Hernández
Economista, experto en Proyectos de Desarrollo; Exconsultor Planeación Nacional de Colombia – BID en la Red Nacional de Bancos de Programas y Proyectos, Conferencista OEA; exconsultor asociado Nueva Colombia Industrial; exconsultor Consultores Regionales Asociados (CRA), consultor asociado (CID -Universidad Nacional de Colombia); exconsultor CIDER (Universidad de los Andes); profesor y conferencista (Universidad Nacional, Andes, Rosario, Javeriana, Antioquia, Industrial de Santander, Esap, Incolda, Findeter, Directores, Secretaría de Salud, Ministerio del Medio Ambiente, la CAR, Invías, Empresa de Energía, BP, Comisión Nacional de Regalías, Colciencias, DNP de Colombia; Conferencista y Consultor Asociado del Grupo Sinergia de Costa Rica; entre otras; Creador y Moderador de la red temática “Gestión de Proyectos” de Colciencias; Asesor Delicias Andinas (empresa radicada en la ciudad de Nueva York); Profesor Titular del Programa de Formación Virtual de Posgrado de TOP-Universidad Nacional del Litoral, Argentina; publica artículos para GestióPolis, es miembro de PM4Lat (Red de Gerencia de Proyectos para Latinoamérica); autor de los libros “Los proyectos la unidad operativa del desarrollo” (dos ediciones), “Proyectos Factibles”; “Gestión de Proyectos” (cinco ediciones); “El Desafío de la Gerencia de Proyectos”.
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